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Lunes, 16 de abril de 2012
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Juan Campodónico acaba de publicar Campo, coproducido con Gustavo Santaolalla

“La música nueva viene de América”

El músico y productor uruguayo, que es parte del colectivo Bajofondo, define a su flamante trabajo como “una mirada sonora del mundo visto desde el Río de la Plata”. Lo presentará el próximo domingo en Samsung Studio, con todos los invitados presentes.

Por Cristian Vitale
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“Quise hacer un disco muy sencillo de canciones”, confiesa Juan Campodónico.

Una miríada de mosquitos invade el lugar. Es un día templado de otoño y Juan Campodónico aprovecha sus dedos largos para asestarles severos cachetazos. “Me están matando”, se queja. Recién llegó de Montevideo y está en el jardín florido de un hotel de Palermo. Lo rodean fotógrafos, periodistas, productores y encargados de prensa, todos aunados para que el músico y productor oriental exponga las bases de su flamante disco Campo y anuncie su presentación en Buenos Aires, el próximo domingo, en Samsung (Pasaje 5 de Julio 444). “Vamos a estar todos”, se entusiasma. El todos del planeta Campodónico incluye al elenco estable de Bajofondo y a ciertos artistas que han participado “por fuera”: Ellen Arkbro, una cantante de jazz nórdica que le puso voz a una cumbia rioplatense (“La marcha tropical”), Martín Rivero –también cantante– y su compatriota Jorge Drexler, entre ellos. “Porque Campo le pertenece a un artista abierto, colectivo, con participaciones en todos los niveles de producción. Es cierto que aparece mi pretensión como director escénico, pero todos sienten que es su disco también”, esboza.

La aproximación formal al disco, bajo la producción del mismo Campodónico y Gustavo Santaolalla, implica un mosaico de géneros (indie pop, neo tango, neo cumbia, pop sofisticado, rock y retro latino) pasados a formato canción pop, por duración y entre estético. Ellos han definido el collage como “música subtropical” y Campodónico centra su eje en la pretensión de unir sonidos que vienen de lugares muy lejanos. “Que aparezcan cumbia villera, sonidos de westerns o jazz no implica que el disco suene como un pegote. Es collagero, sí, pero no suena como capas pegadas. Más bien diría que es una mirada sonora del mundo vista desde acá. Tiene mucha identidad rioplatense, mucha atmósfera tanguera, pero expresada en un lenguaje cosmopolita. No sé, es como subirse a un taxi en Buenos Aires: el tachero puede estar escuchando Michael Jackson, tango y cumbia al mismo tiempo, una mezcla de estilos que no se parece para nada a lo que escucha un tachero londinense. La de Campo, de última, es una intención política”, arriesga.

–¿Política en qué sentido?

–Bueno, yo no quiero tocar rock, blues o jazz. Quiero tocar una música de hoy. Y siento que las nuevas músicas son todas americanas, en el sentido cabal de la palabra. Este un continente en el que se mezcló todo y aparecieron las corrientes nuevas como parte de la mezcla de culturas brutal que se dio. Por eso, la música nueva del mundo viene de América y desde ahí se dispersa, hasta terminar en un coreano haciendo hip hop o un japonés tocando tango (risas). Insisto: no hay música nueva que venga de Japón y tampoco de Inglaterra, que hicieron música nueva para el mundo, pero tomando música americana. El problema es continental, porque en América baja todo del norte y no sube nada. Por eso hablo de una intención política.

Campodónico tiene 40 años y una mochila que delata un vaivén estético inquieto. Fue creador de Peyote Asesino. Llegó a Santaolalla vía Terraja –segundo disco de la banda–, se tornó especialista en “computación casera” aplicada a la música, produjo bajo tales coordenadas el disco Frontera de Jorge Drexler, reincidió en la tarea para trabajos de El Cuarteto de Nos, La Vela Puerca y No Te Va Gustar, entre otros, y fue parte de la tríada fundacional de Bajofondo –junto a Santaolalla y Luciano Supervielle–, que recorrió el mundo aplicando una vuelta de tuerca a la música rioplatense. “Bajofondo es instrumental y tiene más que ver con la tradición tanguera y sus derivados. En el caso de Campo, quise hacer un disco muy sencillo de canciones, que abrevan en la pretensión de mostrar una identidad de acá, y al mismo tiempo ser cosmopolita y moderno. Es como ver el mundo desde acá, y no comprar el ticket de algo ya elaborado. En este sentido sí hay una relación con Bajofondo. Con Gustavo estamos haciendo un disco cuya música es desafiante”.

–Todo desafío implica un riesgo. Se han levantado voces jóvenes contra el uso de la tecnología aplicada al tango. ¿Las conoce?

–Sí, pero nuestra postura, en el caso de Bajofondo, es que no consideramos que hacemos tango. Sí nos inspiramos en él, pero lo que hacemos es una música contemporánea del Río de la Plata. Es un estilo en sí mismo que no es ni tango tecno, ni electro tango: es estilo Bajofondo y su música no puede encasillarse. O sea, si los tangueros se ofenden, les decimos que no hacemos tango y ya está. Además, el tango es una música abierta, libre y en evolución; representa bien nuestra idiosincracia y es parte de su naturaleza generar especímenes como el electrotango (risas). A bancársela: si te gusta el tango de los ’40, tenés cientos de discos para escuchar que están buenísimos.

–¿Cuál es la frontera entre el productor y el músico?

–Depende: hay productores que meten la firma y punto (risas), otros que fabrican hits y traen un niño bonito que lo cante; en fin, a mí me gusta trabajar con artistas y, cuando laburo con alguno bueno, me considero un artista más en ese diálogo. No soy de los que está pensando en cómo hacemos de esto un negocio, sino en cómo hacemos que esto se comunique, sea interesante o profundo. Diría, como conclusión, que no me interesa un único estilo, una única forma, sino expandir las posibilidades de generar nuevas músicas al máximo. Y eso se puede hacer como productor y también como músico.

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