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Miércoles, 24 de octubre de 2012
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El quinteto británico brilló en un show que sirvió como cierre del Pepsi Music

Suede y la noche más londinense del año

Con el cantante y líder Brett Anderson como presencia magnética sobre el escenario, la banda enfervorizó al público que llenó el Teatro Vorterix. Fueron ochenta minutos y diecinueve canciones de un brit rock estilizado y elegante.

Por Facundo Enrique Soler
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Brett Anderson, líder de Suede, es un frontman con un carisma incomparable.

El clima se complotó para que el lunes pasado fuera un poco más londinense que de costumbre. La horrenda dupla conformada por lluvia y humedad azotaba la puerta del Teatro Vorterix en una noche tan fría como cálida (otro de esos fenómenos primaverales). Bajo esas circunstancias dignas de una postal de la capital inglesa se presentó Suede, ante un recinto lleno que hizo sentir al quinteto como si estuviera en casa. La banda liderada por Brett Anderson, imán absoluto de la velada, desplegó un show compacto, demoledor, hitero, melancólico y provocador para cerrar a todo trapo el Pepsi Music 2012. El regreso de los tapados del brit rock noventero (movimiento en auge) tuvo su parada en la Argentina y eso significó, hasta la fecha, uno de los mejores recitales de 2012.

Las 1500 personas gritaron hasta que salieron al escenario de a uno los cinco integrantes de Suede, con Anderson al final. Agarró el micrófono y entonó una introducción cuasi teatral entre luces verdes y azules. Desde el momento que el show comenzó, el frontman arrancó su propia presentación aparte: pasos dignos de Mick Jagger, expresiones faciales marcadas a lo Morrissey y un carisma difícil de comparar con otro de sus pares. Las primeras notas de “She”, uno de los hits de su tercer disco Coming Up (1996), fueron excusa suficiente para que el público estableciera desde el principio una comunión directa con estos ingleses vestidos de negro, con la misión única de transportar a Buenos Aires a esas épocas en que el grunge invadía las radios desde Estados Unidos y la respuesta europea eran los sonidos pop rockeros de monstruos como Oasis, Blur, Pulp, The Stone Roses y, los invitados de esta ocasión, Suede.

El tercer tema fue “Trash” y para ese entonces Anderson ya había pedido palmas segundos antes de tirarse contra el público para estrechar manos, hacer gestos de alegría y levantarse con la excusa de seguir bailando como un loco entre revoleo de micrófono y vueltita a lo Dirty Dancing. El show a esa altura era una serie de hit tras otro, con especial aprobación a “We Are The Pigs”, la intensa pieza del álbum Dog Man Star (1994) y la parodia de frivolidad mental “Filmstar”, muy acompañada en coros desde la audiencia. El séptimo tema fue un punto de inflexión entre tanto movimiento, para ese momento Neil Codling, tecladista y guitarrista, se colgó una acústica y dio pie a “Pantomime Horse”, una trágica balada del disco debut de la banda, titulado en forma epónima y lanzado en 1993.

La diferencia emblemática se estableció en medio del set entre el pogo light que se armó ante “Metal Mickey”, uno de los primeros singles de la banda, y “The Wild Ones”, otro hit de Dog Man Star, de los escasos tramos calmos en la velada. Por más repetitivo que suene, la actuación de Anderson como frontman fue impecable de principio a fin, tanto señalando con el dedo a la platea, paseando el trípode del micrófono por el sector general y revoleando sus caderas por doquier. El impecable atuendo de camisa y pantalón quedó empapado en sudor ante el exigente movimiento del cantante de 45 años.

El típico cántico de cancha argentino a la hora de gritar los coros –aunque en este caso fue ¡la línea de teclado!– se hizo presente en “Everything Will Flow” y eso motivó al bajista Mat Osman a esbozar una sonrisa tan alegre como confusa, logrando que automáticamente buscara con la mirada al guitarrista Richard Oakes para compartir tamaña sorpresa. El momento más emotivo de la noche, como era de esperar, sucedió cuando Anderson dijo: “Esta canción es para todos ustedes, hermosos” y dejó en obviedad el comienzo de “Beautiful Ones”, la canción más exitosa de Suede, una excusa perfecta para que todos los presentes tararearan a los gritos el coro de un tema de eterna exposición radial (incluso después de que la pieza terminó y la banda se fue al backstage).

El final de un show corto pero eficiente se dividió en dos: por un lado “My Dark Star”, otro tramo un tanto melancólico y calmo, pero con una frase que menciona a la Argentina. “Gracias de verdad, han sido verdaderamente sorprendentes. De hecho creo que fueron el mejor público que tuvimos”, fueron de las pocas palabras que Anderson dijo antes de entonar la despedida oficial: “Saturday Night”, una efervescente declaración frenética de juerga posdía rutinario, la última canción de la lista. Anderson decidió cantar a la altura del público, recorriendo toda la circunsferencia delantera del escenario por el pasillo de los fotógrafos, entre manos de fans que se estiraban para tocarlo. La hora y minutos de intensidad, con diecinueve himnos del brit rock más estilizado, llegó a su fin. Y esos cinco ingleses vestidos de negro se despidieron entre sonrisas y gestos de agradecimiento. Afuera, las calles de Colegiales prometían una lluvia inacabable, digna postal para cerrar la noche más londinense del año.

9-SUEDE

Músicos: Brett Anderson (voz), Richard Oakes (guitarra eléctrica), Mat Osman (bajo), Neil Codling (teclados, guitarra eléctrica y acústica), Simon Gilbert (batería).

Público: 1500 personas

Duración: 80 minutos

Lugar: Teatro Vorterix, lunes 22 de octubre

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