En el Prefacio a su Libro Octavo de madrigales, hablando de la primera funci贸n de Il combatimento di Tancredi e Clorinda, Claudio Monteverdi dice: 鈥淔ue en tiempos del Carnaval, para pasar la velada, en la presencia de toda la nobleza veneciana, que se conmovi贸 profundamente, y se llen贸 tanto de compasi贸n que lleg贸 a las mismas l谩grimas鈥. M谩s de cuatrocientos a帽os despu茅s, el director de escena Marcelo Lombardero se mueve entre las mesas del bar Hasta Trilce, la bella sala de Maza 177, en el barrio de Almagro. En el ensayo da indicaciones, ubica a los int茅rpretes, recorre cada palabra del texto. Cantan los dos tenores y el bajo. Hablan de la ninfa, de c贸mo 鈥渟obre su p谩lido rostro afloraba el dolor鈥. Y cuando ella, cantando, tal como pide la partitura, 鈥渟iguiendo el tiempo del sentimiento, y no siguiendo el comp谩s鈥, empieza su lamento, el tiempo se suspende. El sonido llega desde el otro extremo del lugar y los cuatro siglos transcurridos desde que Monteverdi escribi贸 la obra desaparecen. Una de las piezas m谩s poderosamente dram谩ticas jam谩s compuestas vuelve a obrar su sortilegio, igual que en aquella corte de Venecia donde la nobleza lloraba.
La idea es sencilla y, al mismo tiempo, sorprendente. Lombardero reuni贸 a un grupo de j贸venes cantantes notables, a cinco instrumentistas a cargo de 贸rgano y clave, viol铆n, archila煤d y guitarra barroca, flautas y viola da gamba, y coloc贸 a esas canciones extraordinarias y casi desconocidas para el p煤blico no especializado en una situaci贸n inusual. La de canciones de amor, sin m谩s, y la de una cercan铆a f铆sica tan novedosa como conmovedora. Los cantantes est谩n en la barra del bar, o sentados a una mesa, o parados a un costado, y devuelven a esos madrigales, a esas bromas (scherzi) y lamentos, una comunicatividad impactante. Y, adem谩s, se da un peque帽o gusto personal. El ex director del Col贸n y del Argentino de La Plata, entre una puesta en Riga, otra en Praga y alguna m谩s en Santiago, Chile, o en M茅xico, como esas viejas bandas de rock que sue帽an con regresar al pub para tocar de inc贸gnito, vuelve a las fuentes. Trabaja codo a codo con los int茅rpretes y produce un espect谩culo independiente, casi casero, por una raz贸n imperiosa: 鈥淭en铆a ganas 鈥揹ice鈥. El proyecto surgi贸 de una conversaci贸n con Miguel Galper铆n (que es quien programa la sala): formar un grupo de teatro musical, moderno, sin ninguna pretensi贸n, m谩s que la de la calidad de lo que hici茅ramos. El grupito se llam贸 Teatro Musical Contempor谩neo y me pareci贸 que si de eso se trataba, un buen comienzo era empezar por m煤sica que no fuera contempor谩nea pero que pudiera ser tra铆da hacia nuestra sensibilidad鈥, cuenta a P谩gina/12.
Bromas y lamentos, que se estrenar谩 ma帽ana a las 20, subir谩 a escena adem谩s 鈥搊, m谩s bien, transcurrir谩, como una suerte de impensado cabaret renacentista, entre las mesas鈥 los s谩bados 20聽y聽27 de julio, el 3 de agosto聽y聽el viernes 9 de ese mes. Los protagonistas son los cantantes Oriana Favaro, Cecilia Pastawski, Santiago Burgi, Pablo Travaglino聽y聽Mariano Fern谩ndez Bustinza y junto a ellos est谩 el ensamble de instrumentos hist贸ricos conformado por Joelle Perdaens en viol铆n, Eugenia Montalto en flautas, Pablo Angiletta en viola da gamba聽y聽Miguel de Olaso, archila煤d聽y聽guitarra barroca, con direcci贸n del clavecinista y organista Jorge Lavista. Con ambientaci贸n esc茅nica de Noelia Gonz谩lez Sbovoda,聽iluminaci贸n de Horacio Efron,聽asistencia art铆stica de Ignacio Llobera聽y聽producci贸n ejecutiva de Galper铆n, el espect谩culo se plantea como el primero de una serie que pondr谩 especial atenci贸n en la creaci贸n actual.
鈥淣o buscamos escenificar esta m煤sica o contar una historia con ella, sino ponerla en una circunstancia m谩s bien cotidiana 鈥揷uenta Lombardero鈥. As铆 naci贸 esta idea: una especie de Cabaret Monteverdi que se fue transformando a lo largo de los ensayos. Y que pudiera darle la posibilidad al p煤blico de escuchar esta m煤sica que se escucha poco. Y de hacerlo desde un lugar distendido.鈥 Para 茅l, 鈥渓a modernidad de esta m煤sica, lo que hoy nos resuena tan cercano, tiene que ver con cierta inmediatez. Con la verdad. Con el sonido unido a una palabra y a una situaci贸n dram谩tica鈥. En su puesta, la espacialidad, la posibilidad de que los cantantes se desplacen y de que el sonido llegue desde distintos lugares, cobra un valor dram谩tico notable. Monteverdi mismo se planteaba posibilidades similares, por ejemplo con sus 鈥渆cos鈥 en la escena infernal de L鈥橭rfeo. 鈥淓n sus 贸peras, pero tambi茅n en estas peque帽as piezas, en canciones de amor que, a veces, de manera muy concentrada, son tambi茅n oper铆sticas, est谩 presente esa b煤squeda del afecto, con el sentido que le daban a esa palabra en el barroco temprano, entendido como una clase particular de expresi贸n, pero, tambi茅n, del efecto. Monteverdi consigue hacer que el propio sonido, que la armon铆a o el juego r铆tmico entre una voz muy libre y otras que marcan el tiempo, casi como un instrumento solista y un bajo en el jazz, tengan una eficacia 煤nica. Y todas esas cosas en un espacio peque帽o, cerrado, sumado a cantantes extraordinarios, que hablan de pasiones, del deseo, del placer, de la soledad, resultan cautivantes.鈥
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