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Martes, 4 de marzo de 2008
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Estela Magnone, exquisita cantante y compositora uruguaya

“Aprendí con todos mis colegas”

En su primera incursión como solista en Buenos Aires, repasa su trayectoria y reivindica a los músicos con los que tocó y grabó: Eduardo Mateo, Eduardo Darnauchans, Fernando Cabrera, Leo Maslíah y Jaime Roos.

Por Karina Micheletto
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Magnone presentará su último CD, Bruma de abril, hoy y mañana en Clásica y Moderna.

“El secreto mejor guardado de Uruguay”, la anuncian con bombo y platillo desde este lado. Algo así como una intérprete exquisita a la que sólo tienen acceso unos pocos conocedores de la música del Uruguay. Estela Magnone se ríe de tamaña presentación, pero admite que tratándose de sus primeros recitales solistas en la Argentina debe ser, nomás, un secreto para muchos. Su carrera como cantante y compositora incluye trabajos conjuntos con gente como Eduardo Mateo, Eduardo Darnauchans, Fernando Cabrera, Leo Maslíah o Jaime Roos, productor de todos sus discos, además de su ex marido. Ahora tiene un nuevo trabajo para mostrar, Bruma de abril, que hoy y mañana a las 21 presentará en Clásica y Moderna (Callao 892), con Sandra Mihanovich como invitada.

Bruma de abril es un disco hecho de canciones suaves o inquietantes, sutiles, muy bellas, de esas que vale la pena detenerse a escuchar. La mayoría de los temas tienen autoría de Magnone y hay un par donde se cuela su amigo Eduardo Mateo. Magnone cuenta que éste fue un disco “accidentado”, que llevó tres años de trabajo, interrupciones mediante. Parte de estas interrupciones se debieron a la demanda de trabajo del productor artístico de la placa, Jaime Roos, para quien la cantante y compositora no tiene más que elogios. “Es el mejor productor artístico que hay en Uruguay”, asegura. “Se involucra mucho en el trabajo, como una real creación. Un productor puede llegar a embellecer una canción más o menos o puede estropear un tema con un arreglo. Yo siempre grabé con él y mis canciones siempre resultaron embellecidas”, señala.

–Grabó dos temas de Mateo, uno de ellos dedicado a él. ¿Quiso hacer una suerte de pequeño homenaje dentro del disco?

–Simplemente, me encantan sus canciones y me gusta que su música siga viva. En el disco anterior grabé un tema de él y pienso seguir haciéndolo. Ahora incluí una canción enteramente de Mateo y otra de las varias que tengo en coautoría con él. Trabajé mucho artísticamente con Mateo, tocando con él en espectáculos, iba a sus grabaciones, y también era de caer a comer, por ejemplo, había rachas en que nos veíamos mucho. Por supuesto, es uno de mis referentes, me inspiró mucho para componer y para hacer letras. Esa cosa que te pasa que escuchás muchas veces una canción y, de repente, te sale otra que en realidad no tiene nada que ver, pero que fue disparada por lo que escuchaste.

–¿Cómo lo recuerda?

–Como alguien que me enseñó mucho. Desde detalles técnicos, por ejemplo, me enseñó algunas cosas en la guitarra, formas de tocar para producir determinadas armonías. Hice una canción entera con algo que me enseñó, pisando sólo dos cuerdas, poniendo sólo dos dedos en distintas posiciones del mástil, salen armonías increíbles. Y también me enseñó a ser muy rigurosa con mi carrera. Es cierto que él era bastante desprolijo y no supo cómo llevar adelante su propia carrera, pero por otro lado nunca trabajó de otra cosa que no fuera la música; vivió muy mal durante mucho tiempo, porque no lo contrataban, pero no hacía otra cosa. Era muy estricto en el mismo sentido que hoy lo es Jaime: trabajar en el detalle, ser prolijo hasta la última nota, exigirte al máximo para dar lo mejor de vos. El por un lado tenía esa imagen de hippie, pero por otra parte era muy riguroso, hasta enojarse si llegabas dos minutos tarde al ensayo. Más de una vez tuvo que vender su guitarra para poder comer, pero a la música se la tomaba muy en serio.

–Usted viene de una formación clásica y de una herencia familiar de músicos clásicos, pero siguió un camino más ligado a la música popular. ¿Esto se dio en forma natural o más bien como un quiebre?

–Un quiebre total... ¡Las nuevas generaciones nos desviamos! (Risas.) Eso nos decían en mi casa, pero ahora no dicen más nada, están chochos. En mí hubo una rebelión de adolescencia que me hizo abandonar la música por completo. Yo venía haciendo música académica y, cuando volví, volví por el lado de la música popular. Mi hermano (Alberto Magnone) ya estaba en este camino. En mi casa la música era un lenguaje; mi mama me decía: qué lástima que dejás de tocar el piano clásico, nena... Es un desperdicio... ¡Y ahora le encanta lo que hago!

–Tocó y compuso con muchos colegas uruguayos, ¿con cuáles aprendió más, además de Mateo y Jaime Roos?

–Aprendí con todos, porque tocar con otra gente y escuchar la música que hacen otros es la mejor escuela. Con Jaime y Mateo aprendí más, simplemente porque son con los que más trabajé. Luego, con Darnauchans teníamos una forma de componer muy particular: me mandaba por correo cartas con letras y a mí siempre se me ocurrían músicas cuando las leía. De todos mis colegas aprendí cosas distintas. ¡A todos los aproveché!

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