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Viernes, 16 de septiembre de 2011
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Splice-Experimento mortal, de Vincenzo Natali

El viejo truco del traspié genético

Por Diego Brodersen
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Dren, ADN manipulado.

Splice podrá ser muchas cosas, pero ciertamente no es original. Lo cual, en principio, no representa problema alguno; al fin y al cabo, ¿de cuántas películas puede afirmarse que en la originalidad descansa una de sus más evidentes virtudes? Más difícil aún es encontrar genuina singularidad en el terreno del cine fantástico, afecto desde tiempos inmemoriales a la reutilización de tópicos, climas y situaciones. En la ciencia ficción y el horror, como ocurre con ciertos géneros musicales, el quid no radica tanto en la novedad sino en la pericia y el arte para lograr que las notas terminen componiendo una melodía familiar, pero no por ello menos emocionante. En parte como consecuencia de una deliberada indecisión a la hora de jugarse por una sola estrategia genérica –o por el miedo a abandonarla por completo–, esta historia de experimentos genéticos que se van al diablo lo logra solo a medias.

Dirigida por el canadiense Vincenzo Natali, el mismo realizador de aquel pequeño éxito de culto llamado Cube, la película cuenta con la participación en los roles centrales de Adrien Brody y Sarah Polley, tal vez los activos más importantes del film: son ellos quienes aportan profesionalismo y entereza dramática incluso en escenas y diálogos que se hunden en el cliché o el tono hiperbólico. El relato presenta a Clive y Elsa (nombres que refieren indudablemente a Colin Clive y Elsa Lanchester, intérpretes del clásico de James Whale La novia de Frankenstein), una pareja de ingenieros genéticos, en el umbral de un descubrimiento que puede torcer el curso de la humanidad. Pero como le ocurriera al famoso barón creado por Mary Shelley casi dos siglos atrás, la invención de vida artificial sin tener en cuenta ciertos límites éticos –no hay aquí referencias religiosas del tipo “jugar a ser Dios”– le deparará a la dupla más de una inesperada y desagradable sorpresa. Dren, el ser nonato concebido a base de un menjunje de ADN, se parece poco y nada al feo monstruo de cabeza cuadrada creado por los estudios Universal. Más bien se asemeja a lo que de hecho es: una bella modelo rapada y retocada con un maquillaje ligeramente aberrante, alienígeno.

Es casi una obviedad fantasear acerca de los resultados de un posible choque de este material y el impulso creativo de un compatriota de Natali, David Cronenberg, idea que se impone luego de advertir ciertas similitudes del film con Cromosoma 5. Splice es más interesante precisamente en aquellos momentos en que abandona sus coqueteos con el “terror científico” tradicional para sumergirse en aguas más inquietantes, con Dren transformada en el hijo putativo que la pareja no quiso o no pudo tener y, más aún, cuando esa relación comienza a tener características incestuosas (si tal cosa es posible con un bicho creado genéticamente). Pero esas arenas movedizas son abandonadas para volver a pisar en terreno más firme. De esa forma, haciendo honor a su título (el verbo “splice” se traduce como “unir”, “empalmar”), la película alterna y mezcla escenas absolutamente ridículas –como la pelea entre gusanos genéticamente adulterados– con otros momentos donde puede respirarse un clima más enrarecido y perturbador.’

6-SPLICE-EXPERIMENTO MORTAL

(Splice, Canadá/Francia/Estados Unidos, 2009)

Dirección: Vincenzo Natali.

Guión: Vincenzo Natali, Antoinette Terry Bryant y Doug Taylor.

Fotografía: Tetsuo Nagata.

Montaje: Michele Conroy.

Dirección de arte: Joshu de Cartier.

Música: Cyrille Aufort.

Con Adrien Brody, Sarah Polley, Delphine Chanéac, Brandon McGibbon, Simona Maicanescu, David Hewlett.

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