Es probable que el lector ya esté al tanto de las diversas situaciones cocinadas al calor de los dÃas previos al estreno de El Hobbit: Un viaje inesperado. A modo de somero repaso, basta recordar que un artÃculo de Cinesargentinos.com informó acerca de las dificultades de la distribuidora Warner para lanzar el film de Peter Jackson en las condiciones técnicas ideales debido a la demora del visto bueno de la SecretarÃa de Comercio para el ingreso al paÃs de una veintena de proyectores aptos para la reproducción en HFR 3D (imagen de alta frecuencia 3D, por sus siglas en inglés). Los diarios ClarÃn y La Nación malinterpretaron la información, alertando sobre el peligro del estreno o, en el mejor de los casos, una salida en 25 salas, cifra Ãnfima para una pelÃcula-evento de esta envergadura. Más allá de las connotaciones polÃticas de la metida de pata, la noticia es sintomática del producto que la generó. Al fin y al cabo, Jackson armó todo un dispositivo en derredor del poderÃo audiovisual del flamante formato, concibiéndolo como un chiché visual de grandilocuencia abrumadora cuya preocupación nodal no es el siempre complejo pasaje del texto, en este caso de Tolkien, a la pantalla, sino su trasposición tecnificada.
Ambientada en la misma Tierra Media de El señor de los anillos, aunque seis décadas antes del periplo de Frodo y compañÃa, la historia comienza en la ciudad subterránea de Erebor, epicentro de un reino rico en oro y demás metales preciosos. La tranquilidad de sus diminutos habitantes se interrumpe cuando el dragón Smung se apodera del lugar, sometiéndolos a una larga batalla y a un posterior destierro. Un tiempo después, y ante el dato de que el animalito lanzafuegos está inmerso en un profundo letargo, el mago Gandalf (Ian McKellen) y un grupo de enanos guerreros (¿?), encabezados por el prÃncipe Thorin, nieto del Rey Thror (no confundir con su casi homónimo de la factorÃa Marvel) reclutarán al hobbit Bilbo Baggins (Martin Freeman) para encabezar la contraofensiva. Contraofensiva de la que aquà se sabrá poco y nada, ya que es sabido que Un viaje inesperado es la primera parte de una trilogÃa que culminará en un par de años. Habrá, entonces, un flashback introductorio, la dialéctica sarmientina inicial entre la civilidad british del recientemente incorporado y el barbarismo del resto de la troupe, manifestada sobre todo en los modismos gastronómicos, algunos entuertos con unos trolls y orcos, la inhospitalidad de la geografÃa y un grand finale desvaÃdo que al menos aquà no se adelantará.
Un mÃnimo conocimiento de los mecanismos de Hollywood, en conjunto con los redituables antecedentes del cineasta neocelandés, invita a pensar que la división de un libro en tres pelÃculas de casi tres horas cada una –esta dura 169 minutos– encuentra sus fundamentos en razones comerciales antes que cinematográficas. Lo que no es necesariamente negativo, siempre y cuando esto no resienta las costuras de lo artÃstico. En ese sentido, quizá la consecuencia principal de la partición sea la sensación de estiramiento generada por la poca fluidez del relato. AsÃ, esta primera entrega avanza como auto en la Panamericana durante la hora pico: con lentitud e irregularidad, dosis de vértigo espasmódicas, nunca más allá de segunda marcha y, epÃtome del tedio, largos minutos con la caja en punto muerto. Es que Jackson por momentos olvida cualquier atisbo de sÃntesis, perdiéndose en un laberinto de escenas innecesariamente extensas (el encuentro entre Bilbo y sus futuros compañeros) o de nula trascendencia. La pregunta pendiente es si queda material para el DVD, ya que todos los extras parecen integrados al corte final.
En medio de ese contexto poco alentador, hay que reconocerle a Un viaje inesperado el mérito de la coherencia interna. Tiene lógica que el personaje más interesante de una pelÃcula ideada por un tecnófilo y fascinada con la visualización computarizada de la acción antes que con la acción en sà misma sea digital. Creado nuevamente por Andy Serkis –aquà también director de la Segunda Unidad– mediante la técnica de Motion capture, la misma aplicada en El señor de los anillos, Las aventuras de TintÃn y la notable El planeta de los simios: (R)evolución, Gollum necesita apenas diez minutos para mostrarse pleno de matices, partes iguales de esquizofrenia, perversidad, autoflagelación y humor retorcido, convirtiéndose asà en el único atisbo de vida en universo 2.0 que, al menos hasta ahora, es más de lo mismo. O menos.
5-El Hobbit: un viaje inesperado
The Hobbit: An Unexpected Journey
EE.UU./Nueva Zelanda, 2012
Dirección: Peter Jackson.
Guión: Fran Walsh, Philippa Boyens, Peter Jackson y Guillermo del Toro, sobre el texto de J. R. R. Tolkien.
Dirección de arte: Simon Bright, Andy McLaren, Ben Milsom.
Intérpretes: Ian McKellen, Martin Freeman, Richard Armitage, Andy Serkis.
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