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Sábado, 20 de febrero de 2010
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El insulto, del israelí Tzahi Grad

Escalada hacia la locura

Reflejo ambiguo de conflictos mayores, la película funciona como una provocativa tomadura de pelo a la violencia cotidiana en Israel, que se manifiesta en relación con el machismo y con la ancestral Ley del Talión.

Por Horacio Bernades
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El relato de Grad no se agota en la mera alegoría política.

A la hora de insultar al prójimo, en Israel el dedo del medio admite dos usos. Levantado, tiene el mismo sentido que en Estados Unidos y el resto del mundo. Pero también se lo puede dejar colgando, blando, en alusión a la dudosa masculinidad del insultado. Ese es el gesto que en el film israelí El insulto (Tnuah Meguna, en hebreo; Foul Gesture, en inglés) desata, entre un padre de familia y un “pesado” con mucho poder, una guerra sin cuartel para ver quién la tiene más grande. Dirigida por el nativo de Jerusalén Tzahi Grad, un par de años atrás esta provocativa tomadura de pelo a la violencia cotidiana en su país (y su relación con la ancestral Ley del Talión y con el machismo) pasó por los festivales de San Sebastián y Río de Janeiro. En momentos en que el cine de ese origen aumenta su presencia en la cartelera local (recordar las recientes El árbol de lima y Medusas), el sello Impacto DVD la lanza en ese formato.

“No permitas que abusen de vos en la escuela”, recomienda Michael Klienhouse a su hijo, cuando éste llega a casa con un moretón en el ojo. La misma política del ojo por ojo y diente por diente aplicará Michael, tal como aconseja la Biblia, cuando –consecuencia de un intercambio de agresiones– lo que parecía una circunstancia de tránsito más bien nimia deje a su auto con una puerta menos, producto de la intemperancia del dueño de una 4 x 4. Para que el seguro pague, Michael hace las averiguaciones del caso, pero en la policía le aconsejan que mejor lo deje pasar. Sucede que su agresor, empresario de la noche, es un ex héroe nacional, a quien su participación en la guerra dejó con una pierna renga. Pacífico ex técnico en sistemas de riego (toda una especialidad israelí), a Michael no se le ocurre nada mejor que rayarle la 4 x 4 al tipo, que parece escapado de una versión local de Buenos muchachos. Es el comienzo de una batalla que terminará de la manera en que los conflictos suelen resolverse en la región: con un misilazo.

No es ésa la única referencia a conflagraciones mayores: toda la peripecia tiene lugar en la semana que va del Día de la Conmemoración del Holocausto al Día de la Independencia, pasando por el de Homenaje a los Caídos en las Guerras. Sin embargo, Tzahi Grad logra construir un relato autónomo, que no se agota en la mera alegoría y mantiene la ambigüedad suficiente como para que nunca se sepa, a ciencia cierta, si la película le da o no la razón al héroe. Esa ambigüedad trae el recuerdo de Taxi Driver, cuya escalada progresiva hacia la locura El insulto también replica. Más evidente es la denuncia de la impunidad cotidiana y el peso del machismo en el Israel actual. Particularmente provocativo es el abordaje de la cuestión machista, ya que no queda circunscripta precisamente a los hombres. Es la esposa de Michael, toda una señora doctora, la que recurre al famoso gestito, además de acusar al marido de ser “poco hombre” y ponerse chocha de contenta cuando aquél le cuenta que acaba de rayarle el auto al macho cabrío con el que ha entrado en disputa.

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