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Sábado, 10 de diciembre de 2011
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La tempestad, dirigida por la realizadora neoyorquina Julie Taymor

Shakespeare con cambio de sexo

En esta versión del clásico, Próspero es Próspera, papel interpretado por Helen Mirren, al frente de un elenco de grandes nombres. Uno de los méritos de Taymor es haberle dado a la obra de Shakespeare el carácter de gran espectáculo visual que se espera de ella.

Por Horacio Bernades
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La tempestad fue filmada en una Hawai seca y pedregosa, lejos de la postal.

Teniendo en cuenta que su debut cinematográfico fue con Titus (1999), adaptación de Titus Andronicus, y que ya antes había hecho lo propio en teatro, versionar a Shakespeare puede considerarse una especialidad de la teatrista, régisseur y realizadora neoyorquina Julie Taymor, como previamente lo fue de Orson Welles, Akira Kurosawa, Laurence Olivier, Peter Greenaway y Kenneth Branagh. No es raro, entonces, que después de Frida (2002) y A través del universo (2007, lanzada aquí en DVD), lo más nuevo de Mrs. Taymor sea La tempestad, versión de la obra final de sir William, que la semana próxima Disney Argentina lanzará en DVD, luego de su estreno en el festival de Venecia, en septiembre pasado. Que Próspero sea Próspera, y que la interprete Helen Mirren –al frente de un elenco no carente de nombres– es, seguramente, lo más original de esta nueva versión de una obra largamente llevada al cine.

Filmada en una Hawai seca y pedregosa, bien lejana de la postal turística, la versión Taymor de La tempestad, escrita por ella misma, presenta a la ex Queen Elizabeth en el papel de duquesa de Milán, traicionada por su inescrupuloso hermano Antonio (Chris Cooper) y reinando en una isla remota, en compañía de su hija Miranda (Felicity Jones), su deforme esclavo Calibán (Djimon Hounsou) y Ariel, espíritu aéreo a quien también gobierna. Formada en las artes de la magia, al advertir que Antonio navega, junto al rey Alonso de Nápoles (David Strathairn) y el resto de su tripulación, en las proximidades de la isla, Próspera desata una tormenta con intención de atraerlos hacia ella, en vistas de consumar una venganza largamente anhelada. Irreconocible, el venerable anciano que hace de Gonzalo, asesor del rey Alonso, no es otro que el actor británico Tom Conti, aquel que en Furyo intercedía entre David Bowie y Ryuchi Sakamoto. También aparecen por allí Alan Cumming (el villano de Spy Kids) como Sebastián, Alfred Molina como Stephano y el comediante en alza Russel Brand en el papel de Trínculo.

Más allá del cambio de sexo del/la protagonista, las mayores apuestas de Taymor consisten en reproducir los diálogos originales de modo literal, recurrir a la digitalización como instrumento de las magias de Próspera (tormentas que se desatan o disipan a golpes de báculo, círculos de fuego que se encienden y apagan, apariciones y desapariciones de Ariel), salpimentar el romance de Miranda y Ferdinando con alguna que otra canción pop y darle a la obra de Shakespeare el carácter de gran espectáculo visual que se espera de ella (además de varias óperas, su consagración fue gracias a una puesta a todo despliegue de El Rey León). La rendición que Taymor hace de La tempestad es bastante menos atrevida que varias de las que la precedieron. A comienzos de los ’80, Paul Mazursky hacía navegar la obra de Shakespeare entre Nueva York y las islas griegas, con John Cassavetes como ejecutivo en crisis, así como poco antes Derek Jarman la había llevado al colmo de la abstracción y más tarde Peter Greenaway haría de ella una pariente del videoarte, en Prospero’s Books (1992). La versión más curiosa de todas sigue siendo, sin embargo, la lejana e impensable El planeta sangriento (Forbidden Planet, 1956), donde Shakespeare era transportado a un reino de ciencia ficción bien de los ’50, con pistolas de rayos, robots de lata y naves de cartón.

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