
De Alexander Payne.
Con Bruce Dern, Will Forte y June Squibb.
2013, 115 min.
Sony Video.
Una de esas pelÃculas que en nueve de cada diez casos serÃan de fórmula, Nebraska es el caso 10. La fórmula consistirÃa en usar el viaje como pretexto para reunir a un padre e hijo largamente distanciados, y el regreso a la ciudad natal como forma de reencuentro consigo mismo. No es que ambas cosas no sucedan en la pelÃcula más reciente de Alexander Payne, sino que, tal como en las previas Las confesiones de Mr. Schmidt, Entre copas y Los descendientes, Payne se relaciona con sus personajes como gente que vive y respira. Woody Grant (Bruce Dern) es algo más que un viejo gruñón, su esposa un personajón, su familia directa, una colección de white trashes siniestros y memorables. Y el camino, un personaje más, el más melancólico de todos.

De N. Holofcener.
Con J. Gandolfini, J. Louis-Dreyfuss y C. Keener.
Otra pelÃcula habitada por gente y no por pernos ajustables. En este caso, básicamente dos personajes: Eva, masajista a domicilio, y Albert, que dirige un museo de la televisión. Se conocen en una fiesta y encuentran una primera coincidencia: ningún tipo o mina de los que están allà les interesan. Bah, a ella sà le interesó una mina, una poetisa que le cayó bárbaro y de la que va a hacerse amiga. Asà como, para sorpresa de ambos, Eva y Albert van a hacerse amantes. Hasta que surja una de esas coincidencias que sólo en las pelÃculas sucede, y se vean obligados a separarse. Pero lo que importa no es eso, sino hasta qué punto Eva y Albert están vivos. Eva es Julia Louis-Dreyfus. Albert, James Gandolfini, en uno de sus últimos papeles. Cartón lleno.
EN LA CASA

De François Ozon
Con Fabrice Luchini, V. Schmitt y K. Scott-Thomas.
2012, 105 min.
Transeuropa.
Como buena parte de la obra de François Ozon, En la casa es un mecanismo lúdico. Basada en una obra de teatro, narra una serie de relaciones tan refinadamente perversas como en un vodevil. La monótona vida de un profesor de literatura de colegio secundario (Fabrice Luchini, gran comediante) y la directora de una galerÃa de arte (Kristin Scott-Thomas, nunca tan buena comediante como aquÃ) se ve reanimada por una presencia literaria: la de un alumno de él, que no sólo escribe muy bien sino que tiene el descaro de narrar su interesada, maquiavélica intrusión en la casa de un compañero. De allà en más es un ajedrez de seducción y complicidades, en el que eventualmente alguien puede salir lastimado. Disfrutable, inteligente y calculada.
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