En los últimos años, hacer cine de autor con un estándar técnico profesional alto y presupuestos al menos medianos se ha vuelto muy difÃcil de sostener económicamente en la Argentina. Sobre todo cuando uno quiere defender cierta lÃnea estética personal no estandarizada, cuando el casting no responde a requerimientos industriales sino a lo que la pelÃcula pide, cuando se pretende dar buenas condiciones de trabajo a los técnicos para que puedan aportar lo mejor de ellos. Veo con tristeza que esto suceda. Cada vez son menos las pelÃculas argentinas que pueden llevar entre 20.000 y 80.000 espectadores a las salas.
Aunque ese monto podrÃa considerarse un fracaso para una pelÃcula con aspiraciones de masividad, para una pelÃcula de autor con un lanzamiento acotado esas cifras serÃan un éxito. Creo que por más que no se alcancen esas cifras, este tipo de pelÃculas se va a seguir haciendo. Veo que hoy hay una cantidad importante de directores, de distintas generaciones, en condiciones de hacer un cine de autor de calidad. Además estoy convencida de la necesidad de defender la diversidad en el cine. No todas las pelÃculas tienen que ser vistas por millones de espectadores. La mayorÃa de ellas tienen un público potencial. La de que hay un único público posible es una idea falsa.
Hay que poder generar los espacios para que cada público especÃfico se encuentre con las pelÃculas que le están destinadas. Espacios y tiempo de exhibición: creo que ahà hay una clave. Habrá que encontrar maneras distintas de distribuir y exhibir nuestras pelÃculas. Las posibilidades que abre la era digital son insospechadas y debemos saber aprovecharlas. Considero imperioso que, desde los diferentes sectores de la industria, nos ocupemos de pensar y planificar este tema. Otra de las ventajas comparativas que tenemos en la Argentina –sobre todo en nuestra generación y aun con el aumento de los presupuestos en los últimos años– es que sabemos crear estructuras de producción que nos permiten filmar bajando costos. Somos conscientes de que la plata invertida tiene que notarse en la pantalla y sabemos ahorrar en cosas que no entran en cuadro.Â
Por otra parte, pienso que no está bueno hablar de fracaso cuando una pelÃcula es buena y abre nuevas posibilidades para el cine de un paÃs. Aun cuando el público no haya respondido de la mejor manera. Por suerte, el tiempo pone las cosas en su lugar. Más allá de la tendencia –peligrosa, a mi criterio– de creer que el destino de una pelÃcula se juega en un fin de semana, la historia del cine está llena de pelÃculas a las que sólo se valoró mucho tiempo después del estreno. Miremos entonces un poco más allá de ese primer fin de semana.
Directora de Ana y los otros y Una semana solos. En 2009 fue discÃpula de Martin Scorsese, en el marco de la Iniciativa ArtÃstica Rolex para Mentores y Protegidos.
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