Yo estaba a cargo de la operación.
HacÃa dos dÃas que tenÃamos al Capitán de NavÃo
en un departamento seguro del centro.
No habÃa negociación posible con el enemigo,
el Capitán habÃa sido condenado a muerte
por un tribunal popular.
Unicamente faltaba la directiva final de la conducción.
Llegó a la mañana.
Como dije antes, yo estaba a cargo de la operación
entonces tenÃa que ejecutar la orden personalmente.
Primero cantamos el Himno y la Marcha.
Como último deseo el detenido pidió
verse la cara en el espejo.
Un solo tiro en la nuca y estaba muerto.
Pero al darlo vuelta me di cuenta
que no era el Capitán de NavÃo
sino uno de estos jóvenes narradores actuales
con uniforme de la Marina.
Lo reconocÃ
porque todavÃa tenÃa la misma sonrisa fija que aparece
en la solapa de una de sus más recientes nouvelles.
Aterrado, miré a mis compañeros buscando una
explicación. En vez de un oficial
de las fuerzas armadas
habÃamos matado a un joven narrador.
Ellos se dieron cuenta del error
pero igual festejaban con los fusiles en alto,
por Julio Troxler, gritaban presente
por Paco Urondo presente
por Felipe Vallese presente
por la 7 de Mayo Gamboa,
basta, este es un amanecer patético en Concordia,
Entre RÃos, 1991.
* En Punctum (Mansalva/Vox).
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