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Viernes, 29 de enero de 2016
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Obrera del arte

Kati Horna 1912 ‚Äď 2000

Por Marisa Avigliano
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Blanco y negro para un pelo corto y unos ojos de nena que miran a la muerte. Blanco y negro para retratar el lugar del crimen en la historia. Blanco y negro para la Espa√Īa sombr√≠a que Kati eterniza. Todas son im√°genes de una guerra urbana en la que lxs chicxs tienen la sonrisa zurcida y la sospecha en la mirada. Aquella guerra atrapada por la lente de Kati fue la guerra civil espa√Īola, la misma guerra que hizo c√©lebre a la controvertible foto ‚ÄúMuerte de un soldado republicano‚ÄĚ de su amigo amante Robert Capa, y la que mat√≥ (muri√≥ aplastada por un tanque) a Gerda Taro, otro amor de Capa. Dos fot√≥grafxs en el viento helado de la batalla mostraban el desamparo enloquecedor de los fusilamientos, Robert para la glamorosa Life, Kati para Umbral, un semanario anarquista espa√Īol. Famas diferentes para dos corresponsales h√ļngarxs (ambxs hab√≠an nacido en Budapest, ella era de clase media y √©l de las orillas) que vivieron su largo romance, un legado de adolescencia, en secreto. Las fotos espa√Īolas de Kati muestran el efecto de la guerra en las caras y en los cuerpos de los que escuchan las detonaciones y nunca disparan. Ancianxs, mujeres y ni√Īxs contemplan y dibujan en el temblor fantasma el destino de las v√≠ctimas. Son de Espa√Īa pero pueden ser las escenas de guerra de cualquier parte del mundo. El amor soliviantado sin una muestra de saliva de salud recorre las siluetas de la orfandad sin frontera. Despu√©s del silencio, una hija convierte el decoro de su madre en revelaci√≥n p√≥stuma. Secretos y retrospectivas (en el museo Jeu de Paume de Par√≠s, en M√©xico y de modo itinerante en Salamanca y otras ciudades espa√Īolas) abren los ojos a los ojos de Kati. Esa hija se llama Norah, y es hija de Kati y del escultor Jos√© Horna (el nombre de Kati era Katalin Deutsch). Ten√≠a 19 a√Īos cuando se fue sola a Berl√≠n y form√≥ parte de las protestas callejeras junto a Brecht y menos de treinta cuando dej√≥ la Europa que invad√≠an los nazis y lleg√≥ a M√©xico, su patria elegida y donde muri√≥ el 19 de octubre de 2000. La alquimia mexicana la uni√≥ a Leonora Carrington y a Remedios Varo, la alquimia mexicana le devolvi√≥ de la mano de Chiki, (Emerico¬†Imre Weisz, un amigo h√ļngaro de otros tiempos y marido de Leonora) los negativos de Capa ‚Äďm√°s de tres mil fotograf√≠as tomadas por varios fot√≥grafos entre 1936 y 1939 y guardadas durante d√©cadas en cajas de cart√≥n a resguardo de manos nazis y franquistas‚Äď que se cre√≠an perdidos y que ahora forman parte de documentales y muestras internacionales. La alquimia mexicana le dio a su lente el surrealismo de fetiches y mu√Īecos que sus ojos hab√≠an visto antes cuando provocaba el click para que la superposici√≥n fuera la imagen po√©tica narrada en el mercado de pulgas parisino, en la m√°scara de Durruti (h√©roe anarquista), en la mujer que amamantaba entre los escombros o en los pa√Īuelos al viento de las madres de hijxs muertxs. ‚ÄúLa c√°mara soy yo, una obrera del arte‚ÄĚ o algo parecido a esa frase filos√≥fica sol√≠a decir Kati cuando alguien supon√≠a que hab√≠a c√≥rneas intermediarias entre su iris anarquista y la lente. ‚ÄúNo pint√≥ el tiempo sino los instantes en que el tiempo reposa‚ÄĚ, escribi√≥ Octavio Paz. Lo escribi√≥ pensando en Varo y sin embargo parece que estuviera hablando de Kati.

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