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Viernes, 10 de junio de 2016
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cine

El hurac√°n Winslet

La actriz que supo exhibir su cuerpo y sus dotes como actriz con tanta versatilidad como magia vuelve a la carga en El poder de la moda.

Por Marina Yuszczuk
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Es tan estrella de Hollywood como Julia Roberts o Angelina Jolie, pero adem√°s tiene otra cosa. Es brit√°nica, m√°s bien baja y redonda para los est√°ndares huesudos imperantes, y puede ser que ninguna actriz tan famosa como ella haya cogido tanto en c√°mara ni se haya mostrado tan desnuda, lo cual es desesperante porque por alguna raz√≥n, Kate Winslet es profundamente real. Empez√≥ su carrera como una de las dos chicas fascinantes y malditas de Criaturas celestiales (1994), tan distintas de cualquier Lolita; despu√©s, casi como un clich√©, fue Marianne Dashwood en la muy brit√°nica Sensatez y sentimientos (1995), y enseguida se estaba sacando la ropa frente a los ojos de Leonardo Di Caprio y los de todxs, mientras posaba para un cuadro en una habitaci√≥n lujosa del Titanic (1997). ¬ŅQui√©n se pudo olvidar del abandono de Maja desnuda que mostr√≥ recostada en un sill√≥n, mientras a Di Caprio le temblaban las manos para dibujarla?

Kate Winslet parece una madre y una mujer deseante y una chica que coge de verdad, todo a la vez, en un c√≥ctel explosivo. Con la misma ternura con que le acarici√≥ la cabeza a Di Caprio en Titanic, desarmado de calentura como un adolescente, como si le estuviera diciendo ‚ÄúNo tengas miedo, no te vas a morir si cog√©s conmigo‚ÄĚ (pero se muri√≥), le gener√≥ tambi√©n una mezcla rara de deseo y exasperaci√≥n a un duro como Harvey Keitel en Humo sagrado (1999). Primero le pint√≥ los labios, le puso un vestido rojo, le dijo ‚ÄúEst√°s adorable‚ÄĚ y lo llev√≥ a la cama; m√°s tarde se le par√≥ enfrente y se levant√≥ la pollera para ense√Īarle c√≥mo chupar una concha: ‚ÄúNo no no, bes√°, todo alrededor, gentilmente‚ÄĚ. Con ese mismo algo de diosa de la fertilidad y mantis religiosa, le mostr√≥ el sexo a un adolescente rendido en The reader (2008) o se desquit√≥ con Patrick Wilson en Little children (2006), donde era una madre y esposa aburrida a la que la vida en el suburbio no la satisfac√≠a para nada.

Tiene mucho deseo encima, y es eso lo que trae en el equipaje -junto con una m√°quina de coser, punzante y f√°lica- cuando metida en la piel de Tilly Dunnage se baja del tren en Dungatar, el pueblito de Australia donde transcurre la extra√Īa ficci√≥n de El poder de la moda (The dressmaker, 2015), de la tambi√©n australiana Jocelyn Moorehouse. Podr√≠a ser un figur√≠n de Dior en esos trajes de la d√©cada del 50 que le envuelven el cuerpo y se lo aprietan puntualmente para hacer puro pecho, cintura, cadera sinuosa, pero es casi una exiliada a la que alguna vez forzaron a abandonar el pueblo, acusada de matar a un nene cuando era muy chica, y que ahora vuelve para que se sepa la verdad y si es preciso, vengarse.

Es atractivo el contraste que El poder de la moda propone entre el pueblo polvoriento en el que solo parecen existir distintos tonos de marrón, y los colores rabiosos de las telas que trae Tilly Dunnage, así como también entre los códigos represivos del pueblo -donde las más oprimidas son las mujeres por sus esposos y hasta el policía local oculta su preferencia por los hombres aunque se muera de ganas de cambiar el uniforme por un vestido- y la energía casi masculina de Winslet, además de una sensualidad toda visible, que desborda el escote de sus vestidos. Esa energía la va a poner, primero, en recuperar cierta relación con una madre ya ida (Judy Davis), y luego en desenterrar secretos que un vecino más poderoso quiso mantener tapados. En el medio está el galán Teddy McSwiney (Liam Hemsworth), y unas cuantas mujeres del pueblo a las que las artes de Tilly le cambiarán la vida. No tanto por los vestidos que les hace, como parece indicar el título de una película que es, hay que decirlo, muy despareja, sino porque lo que trae Kate a ese pueblito medio muerto es el sexo, el que sabe lo que quiere y se levanta para buscarlo antes que esperar lánguidamente que lo asistan. No le cuesta nada, lo lleva con ella desde el principio.

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