En el goce el 煤nico que sabe es el cuerpo. Por m谩s que quieran vendernos el placer en rampollas, tiene raz贸n Bataille. Del goce nadie sabe nada que pueda ponerse en palabras y la pasi贸n humana no tiene m谩s que un objeto. 鈥淣o, nada que ver, tiene muchos objetos. Vengan al Alto Palermo chicas鈥, parece decir la versi贸n de la pasi贸n (de mujeres) que este templo del consumo ha dado a conocer en su 煤ltima publicidad.
Mejor no concretar el goce, dice el fil贸sofo del erotismo, contenerlo como un modo de demorar el encuentro con la muerte. Esa pulsi贸n que nos lleva a comprarnos tantas cosas... No s贸lo Bataille, no s贸lo Lacan, no s贸lo Sartre y el Marqu茅s de Sade se preocuparon por la pasi贸n. La gente de Alto Palermo tambi茅n. Pasando de largo en su biblioteca a todos estos se帽ores, a la hora de hablar de la pasi贸n que caracteriza a la poblaci贸n femenina fueron directo al estereotipo de la mujer que despilfarra y se calienta comprando. As铆 es: la publicidad con car谩cter institucional de la marca Alto Palermo muestra a una multitud de mujeres eligiendo ropa como desaforadas y seg煤n lo que las malas actuaciones permiten deducir, teniendo un orgasmo ante cada prenda elegida. O fingiendo un orgasmo, para ser m谩s precisas. La pasi贸n de la mujer es comprar ropa, la pasi贸n de la mujer es fingir. El chiste es viejo, de la 茅poca en que las amas de casa despilfarraban el dinero que ganaba el marido en un tapadito de vis贸n. Pero por viejo y tonto, podr铆a ser bueno. Nadie se ofende ahora por las incorrecciones pol铆ticas si al menos te hacen re铆r. Pero el problema es que as铆 como est谩, esta pasi贸n palermitana no calienta a nadie. Y el problema es que le falta, justamente, pasi贸n.
Para empezar, la banda de sonido insiste con unos grititos molestos que en nada se parecen a lo que ya nos han vendido y muy bien desde Jane Birkin y Serge Gainsbourg en 鈥淛e t鈥檃ime, moi non plus鈥 hasta las pornos que miramos adelante, c贸mo debe sonar un orgasmo. Esos gritos se parecen m谩s a los que emiten las protagonistas de publicidades de limpiadores eficaces cuando encuentran bacterias en la tapa del inodoro o en la cuna del beb茅. Volviendo a Bataille, la gram谩tica de la pasi贸n seg煤n nuestro shopping preferido se manifiesta en dos o tres movimientos: elegir el objeto de deseo, frotarse contra 茅l como para llegar al orgasmo, con la opci贸n de pelearse con otra deseante enardecida a la que le gusta la misma prenda y salir corriendo. Todas hacemos lo mismo, todas ponemos las mismas caras. Queridos anunciantes, si es as铆, no queremos saberlo. Luego, se han ocupado, muy correctos otra vez, de poner mujeres 鈥渘ormales鈥. Hay en el probador chicas flacas, chicas no tan flacas, chicas lindas y chicas menos lindas de acuerdo a los designios a los que la publicidad nos tiene acostumbrados. Seguro que han querido retratarnos a las consumidoras comunes. Ahora, todas tienen entre 20 y 35 a帽os, como mucho. Eligen sus prendas, eligen las mismas, se pelean por una chalina y ninguna paga. Gran error. 驴No saben que a la mujer moderna le gusta sufrir, sentirse poderosa y esgrimir su propia tarjeta a la hora de ejercer su pasi贸n?
La publicidad de Alto Palermo es un chiste. Pero como se ha quedado con la versi贸n vieja y pacata del chiste de sal贸n, no da risa y, lo que es mucho peor, no da ganas.
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