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Viernes, 23 de marzo de 2012
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rescate II

La militante modelo

Marie-Anne Erize
(1952- Desaparecida desde 1976)

Por Flor Monfort
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‚ÄúQuiero esto, quiero mucho m√°s/Quiero hijos con temple, llenos de coraje/ Para romper los vestigios/De un mundo mediocre/ Que sus padres no terminaron de cambiar.‚ÄĚ El poema es de Marie-Anne Erize y fue rescatado en la investigaci√≥n que hizo el periodista Philippe Broussard para juntar las piezas de la vida de esta militante de Montoneros, desaparecida desde el 15 de octubre de 1976. Los 24 a√Īos de su historia se pueden leer en La desaparecida de San Juan (Planeta), donde Broussard desanda su camino: una chica de clase media, de origen franco argentino, que se cri√≥ al lado de la selva misionera en un paraje llamado Wanda, con su pap√°, su mam√° y sus cinco hermanos, donde no ten√≠an agua corriente ni luz el√©ctrica. Su pap√° fue mutando oficios, tuvo un almac√©n y se convirti√≥ en peque√Īo empresario, logrando mudar a su familia a Buenos Aires. Boulogne, Ciudadela y finalmente la Capital, donde los Erize se asentaron en Belgrano para que los m√°s chicos terminen la escolaridad en el Liceo Franc√©s Jean Mermoz gracias a una beca. Pero Marie-Anne hab√≠a cursado su secundario en provincia, pupila en las √≥rdenes del colegio Inmaculada Concepci√≥n, dirigido por las hermanas Azules Castres, una congregaci√≥n de origen franc√©s. Ah√≠ se recibi√≥ de maestra, empez√≥ a misionar y recorri√≥ el pa√≠s como scout (donde aprendi√≥ a ‚Äúencender el fuego, armar una carpa, pescar con una botella, hacer sopa con ra√≠ces‚ÄĚ), siempre bajo el brazo de la comunidad francesa en Argentina, que proteg√≠a a sus hijos del pa√≠s elegido pero inestable. Lo hac√≠an prohibi√©ndoles hablar en espa√Īol en la casa, rezando, ense√Ī√°ndoles geograf√≠a francesa, cuenta Broussard.

Pero la particularidad de Marie-Anne es que tuvo un pie en dos mundos aparentemente dif√≠ciles de conciliar: el de la militancia y el de las pasarelas. Fue tapa de Gente en 1972, primera princesa del concurso que la revista Siete D√≠as hizo durante tantos a√Īos (concurso del que salieron muchas modelos conocidas), Miss Punta del Este, desfil√≥ con Manuel Lamarca (cuenta √©l que Marie-Anne hablaba abiertamente de su militancia en la JP y que todas sus amigas modelos, Tet√© Coustarot incluida, lo conoc√≠an y tomaban con total naturalidad), film√≥ comerciales de Jockey, de Avianca, particip√≥ como actriz en una pel√≠cula, iba a bailar a Mau Mau y estaba en todos los desfiles de alta costura que se hac√≠an en Buenos Aires por esa √©poca.

Broussard (periodista de Le Monde hasta 2005) mezcla los testimonios y documentos que fue recogiendo con cartas a la madre de Erize, a quien conoci√≥ en 2001, cuando empez√≥ a rastrear la historia de una de las 15 desaparecidas de origen franc√©s de nuestra √ļltima dictadura. Se disculpa con ella por las intromisiones (sobre todo por tomar el testimonio de Daniel Rabanal, l√≠der de la FAR y novio de Marie-Anne hasta el final, a quien la familia culpa de haberla ‚Äúmetido‚ÄĚ en el barro de la militancia dura) y le cuenta sus hallazgos, como los poemas.

Broussard no lo escribe directamente pero pone blanco sobre negro en un tipo de historia que hoy sorprende, aunque no deber√≠a: la militancia joven no era una excepci√≥n de nicho ni se cocinaba solamente en ambientes universitarios. Las ganas y el fervor de cambiar las cosas se hab√≠an colado en todos lados, e incluso una mujer hermosa hablaba de sus ideas, hasta donde pudo. ‚ÄúEn la Argentina de esos a√Īos, esa actitud comprometida no debe sorprender. En el campo, ligas agrarias desaf√≠an a los propietarios de tierras. En C√≥rdoba, los obreros se rebelan. En las parroquias de Buenos Aires, miles de j√≥venes de las clases medias colaboran con los ‚Äėcuras del Tercer Mundo‚Äô en su acci√≥n a favor de los pobres. Por todos lados, reuniones de acci√≥n y reflexi√≥n se organizan en las villas miseria, que los poderosos desprecian‚ÄĚ le explica a Fran√ßoise Erize y con ella a todos los franceses (para quienes en definitiva est√° escrito este libro, donde nuestra historia parece expuesta como en un manual para chicos de primer grado).

En el ‚Äô73, Marie-Anne se aleja de los flashes y se vuelca de lleno al trabajo social, est√° de novia con un veterinario a quien lleva de noche y con los ojos vendados a curar a alg√ļn compa√Īero ya de Montoneros, a poner una inyecci√≥n, por los pasillos de la villa o los de la clandestinidad. Con el Padre Carlos Mugica trabaja fuerte en la Villa 31, que en ese momento ten√≠a 5000 habitantes (siempre seg√ļn Broussard) y se emplea en Austral como administrativa, hasta que en 1975 pidi√≥ ser transferida a Mendoza, adonde estuvo escondida hasta febrero de 1976, fecha en que su novio fue detenido por robar un coche. Se desliz√≥ a San Juan y el 15 de octubre se la llevaron tres tipos de civil de la puerta de una bicicleter√≠a. Pocos d√≠as despu√©s, su familia en Capital recibir√≠a la visita de quince armados que revolvieron la casa y se llevaron todo lo que ella guardaba ah√≠ todav√≠a.

Dijeron que Marie-Anne estaba condenada a muerte. Pir√ļ, como le dec√≠an en Montoneros, se hab√≠a anotado en Antropolog√≠a pero no lleg√≥ a cursar una materia, el ardor militante la entreten√≠a en el campo de batalla, en donde ella cre√≠a que ten√≠a que estar. No es de extra√Īar que otras y otros que estuvieron en las p√°ginas de Gente y Siete D√≠as compartieran esa tarea. Tal vez 36 a√Īos es suficiente para que tambi√©n esas historias salgan a la luz.

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