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Viernes, 6 de mayo de 2005
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Inutilísimo

El difícil arte de ser alta

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Contrariamente a lo que se estila sostener en esta época de estrellato de top models, no es para nada fácil ser alta. Es decir, medir más de 1,70, “siendo femenina en el modo de actuar, de hablar, de moverse”. Así lo puntualiza sagazmente la revista Femirama (junio de 1966), invirtiendo el lugar común que dice que las de elevada estatura tienen todas las ventajas (la moda se crea para ellas, se les permite algún kilito de más, pueden aspirar a ser maniquíes...). Sin negar ciertos puntos a favor, Femirama pulveriza un poco el mito al detallar “los peligros que pueden amenazar la elegancia de la mujer alta”. Por ejemplo, cualquier defecto físico (hombros huesudos) o de postura (hombros cargados) “se hace más visible y evidente cuanto más elevada es la estatura”. Por eso, las altas deben vigilar muy especialmente su aspecto, su modo de andar, sus gestos. Pero lo más importante de todo es que las que superan el metro setenta aprendan a vestirse. He aquí algunas instrucciones básicas de Femirama:

NO. A los tacones muy altos y finos, a los zapatos con mucha punta que alargan el pie, a las carteras pequeñitas que resultan desproporcionadas, a los trajes de corte demasiado rígido o masculino, a las joyas muy pequeñas e ingenuas (con forma de animalitos, hongos, muñequitos), al cabello muy batido, a las cintas en el pelo y otros detalles juveniles en la ropa (volados, bordados, encajes), a los peinados demasiado lisos o caídos.

SI. A los trajes de dos piezas y dos tonos, a los motivos que cortan la figura (cinturones, franjas de otro color), a los cuellos altos y drapeados, a los sombreros elegantes de ala ancha, a las joyas importantes de fantasía, a los collares de varias vueltas, a los vestidos en forma de túnica.

Obviamente, las altas se dividen en delgadas y corpulentas, según nos señala Femirama. En consecuencia, conviene establecer sutiles diferencias en el atuendo, a saber: las primeras pueden llevar cinturones bien anchos, pulóveres gordos, abrigos de piel de pelo largo (castor, nutria, etc.), preferentemente no enteros sino tres cuartos. En tanto que las corpulentas (o gorditas) tienen que adoptar tejidos ligeros de trama lisa, escotes en V, sacos de pelo corto y aplastado (astracán, breitchwanz, potrillo), llevar habitualmente una faja elástica. Y, por favor, renunciar a los boleros, a las chaquetas cortonas, por encima de la cintura.

Si las altas del mundo siguiesen estos preceptos, la estatura por encima de la media dejaría de ser un problema (a veces, un complejo) para convertirse en un atributo de femenina seducción. Tal el sincero deseo de esta sección.

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