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Viernes, 20 de diciembre de 2013
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Lo que sé... (de Jesús)

Por Malena Guinzburg *
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Como buena judía que soy (bah, ni siquiera me considero muy buena judía porque no hay manera de que logre ayunar el Día del Perdón –a las dos horas me empiezo a sentir mal y necesito comer algo–, no sé mucho sobre el nacimiento del niñito Jesús. Sé que es hijo de la Virgen María (aunque lo que nunca entendí es por qué estando casada seguía siendo virgen) y Dios, aunque su “padre adoptivo” era José.

También sé que nació en Belén, en medio de la noche, rodeado de burros, ovejas, pastores, y alguno más que andaba por ahí, lo cual me parece un poco innecesario tener a tanta gente y animales mirando parir a alguien. De hecho, a lo mejor no hubo tanta gente, pero es como esos hechos históricos en los que todos dicen haber estado ahí, como en el gol de Maradona a los ingleses o los que vieron a Soda Stereo en Cemento.

Sé que María estaba recostada sobre un colchón de paja (con lo que eso debía pinchar) y que en esa época no había peridural.

También sé que el arcángel Gabriel (en realidad esto no me lo acordaba bien, así que lo tuve que googlear) fue el que le contó a María que iba a tener un varoncito (podríamos decir que fue como la primera ecografía de la historia, la primera vez que se pudo saber el sexo antes del nacimiento) y además le dijo que le tenía que poner de nombre Jesús. Qué sé yo, para mí lo tendría que haber dejado participar un poco a José, no sólo no era su hijo sino que encima no podía elegir el nombre.

Sé que una estrella brilló mucho cuando nació Jesús y eso hizo que los Reyes Magos se enteraran (el primer mail). Y sé que esos reyes, después de caminar varios días, llevaron mirra, incienso y oro al recién nacido. Para mí, en ese momento, eran más útiles unos pañales, alguna que otra ropita, un cochecito, qué sé yo, ya que no creo que María hubiese tenido un baby shower en donde le regalaran esas cosas.

Además prender un incienso en un colchón de paja es un peligro.

Y sé que nosotros festejamos todos los años, que nos volvemos locas buscando regalos, que los shoppings están atestados de gente comprando hasta último momento, que no sabemos con quién lo vamos a pasar, que cada vez los arbolitos son más caros (y esto no tiene nada que ver con los que venden el dólar blue), sé que algunos tienen que llevar la ensalada rusa (qué paradoja que en una fiesta católica la ensalada sea rusa) y que otros se encargan del vitel toné. Sé que algún tío se emborracha y que hay temas de los que mejor no hablar. Sé que hay quienes prefieren el pan dulce sin frutas abrillantadas, y otros, como yo, que sí las prefieren (aunque muchos me juzguen por esto). Sé que es difícil conseguir taxi, que los fuegos artificiales les hacen mal a los animales, que las películas navideñas nunca ganaron ni ganarán un Oscar y sé que disfrazarse de Papá Noel debe dar mucho calor.

Y si es verdad que es época de milagros, pido el de no engordar con todo lo que hay para comer... porque todavía nos queda Año Nuevo, Reyes, Pascuas y, como dije al principio, ni siquiera ayuno en el Día del Perdón.

¡¡¡Feliz Navidad!!!

* Actriz y guionista, protagoniza (+) Canchero, stand up y coconduce Sarasa, en La 100.

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