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Domingo, 23 de julio de 2006
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El código Poe

La nueva novela de Matthew Pearl (autor de El club Dante) viene acompañada de la trilogía del detective Dupin de Poe, lo que no debe sorprender si se toma en cuenta que Pearl incursiona en el misterio de la muerte de Poe. El resultado, francamente, es parcial.

Por Juan Pablo Bertazza
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Para acompañar el lanzamiento de la segunda novela de Matthew Pearl –La sombra de Poe (Seix Barral)–, se publicó en simultáneo la tríada de relatos protagonizados por C. Auguste Dupin, con un interesante prólogo de Matthew Pearl, el exitoso autor de El club Dante. Dice Matthew Pearl en el prólogo de La trilogía Dupin: “Poe fue muy consciente y sagaz para construir espacios originales (aunque esa sagacidad no la extendió, por lo general, a capitalizar financieramente su originalidad). Entre los puntos fuertes de Poe como escritor se contaba su conocimiento de cómo las decisiones del narrador podría enajenar a los lectores”. Y podrían leerse estas palabras como la inversión del modelo Poe: Matthew Pearl sí sabe capitalizar financieramente su literatura (lo cual no debería ser subestimado) aunque, hay que decirlo, en detrimento de la originalidad.

Con una modalidad muy distinta, entonces, a la que el atractivo personaje de Poe fue reelaborado en la excelente obra Israfel de Abelardo Castillo o en “El gabinete de Edgar Allan Poe”, el cuento de Angela Carter, por citar sólo algunos casos, Matthew Pearl logra hacer de la vida de Poe un verdadero bestseller. Ya desde el padrinazgo de Dan Brown (“Matthew Pearl es la nueva estrella deslumbrante de la ficción literaria, un autor impetuoso, creativo e inmensamente dotado”), se entiende la filiación del joven escritor neoyorquino. Matthew Pearl mete sus narices en el libro de recetas del autor de El código Da Vinci, combinando un rigor histórico envidiable con una imaginación muy nutrida. Pese a eso (o, tal vez, por eso mismo), la novela tiene flaquezas, como la concatenación de citas explícitas y huecas a la obra de Poe que no suma nada, o una incertidumbre que a veces confunde novela histórica con investigación periodística o ensayo crítico. Por momentos, la muerte de Poe parece ser una mera excusa para contar el relato policial de Quentin Hobson Clark, un joven abogado que le juró por carta al propio Poe servirle de guardaespaldas jurídico ante cualquiera que obstaculizara el lanzamiento de su ansiada revista The Stylus y que, luego de presenciar el despojado entierro del autor, decide arriesgarlo todo para descubrir la verdad sobre su muerte. Pero por otro lado, la lectura de esta novela deja, como en una estela de virtuosidad, verdaderas correspondances entre la obra de Pearl y la de Poe, a fuerza de atmósferas y argumentos bien construidos. Así La sombra de Poe puede leerse, tal vez pese a su autor, como la reelaboración de dos grandes leit motivs de las obras de Poe, condimentados con un moderno y aggiornado suspense. En primer lugar el tema del doble, claramente planteado en “William Wilson”, pero también hábilmente delineado en “La carta robada”, se ve a lo largo de toda la novela con el complemento que construyen el desmesurado Clark y su centrado socio Meter, y las simbiosis de los supuestos inspiradores del eximio detective: el barón Claude Dupin y Auguste Duponte, cada uno exponente, a su vez, del astuto adinerado (Pearl) y del artista pobre (Poe), con lo cual exceden los límites de la novela. Por otro lado, el tópico de la muchedumbre de las grandes ciudades (con la joya de “El hombre de la multitud”) se vislumbra en La sombra de Poe, especialmente a partir del clima político parisino del tercer imperio de Luis Napoleón: y es una muchedumbre que se funde con esa multitud la que compra y lee a un autor como Matthew Pearl.

La sombra de Poe vale paradójicamente por aquellos juegos especulares con Poe que implican al mismo autor del bestseller. Aunque seguramente es un efecto colateral más que una estratagema fríamente calculada.

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