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Domingo, 30 de junio de 2002
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Buenos Aires

Memorial de Aires
Machado de Assis
trad. Danilo Alberto
Corregidor
Buenos Aires, 2002
288 p√°gs.

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Por Jonathan Rovner

Lo m√°s cercano al sentido com√ļn ser√≠a pensar que una literatura nacional en cuyos or√≠genes se encuentre un precursor de los mejores exponentes del canon del siglo XX dif√≠cilmente podr√≠a ser la de un pa√≠s perif√©rico ni, mucho menos, la de una lengua minoritaria. Hasta resultar√≠a m√°s l√≥gico pensar que, aparte de Borges, no existe un escritor sudamericano que est√© a la altura (simult√°neamente) de Kafka, Proust, Conrad, Joyce, Nabokov, Henry James o Dostoievsky. Por suerte, la historia tiene la sana costumbre de traicionar los apresuramientos del sentido com√ļn y la l√≥gica. Este escritor sudamericano ideal existi√≥ y fue uno de los fundadores de la literatura brasile√Īa: se llamaba Machado de Assis. Hoy, gracias a Corregidor, podemos acceder a la traducci√≥n de su √ļltima y m√°s enigm√°tica novela, Memorial de Aires.
Mientras en Argentina Lugones, Can√© y Rojas se afanaban por dar forma de literatura a los designios ideol√≥gicos de cierto poder pol√≠tico ‚ÄĒmilitar y eclesi√°stico, siguiendo la hip√≥tesis de David Vi√Īas‚ÄĒ, Brasil se dejaba enga√Īar por la aparente sencillez y el refinamiento arcaizante del estilo machadiano. Machado, por su parte, desde los m√°s encumbrados pedestales de la recientemente fundada literatura brasile√Īa, no hac√≠a otra cosa que burlarse de todos sus lectores, con sus pretensiones de identidad cultural y nacional en un pa√≠s todav√≠a dividido por la colonizaci√≥n en retirada y la esclavitud abolida por conveniencias econ√≥micas.
Antonio Candido, en el pr√≥logo de esta edici√≥n, cuenta c√≥mo a la cr√≠tica machadiana, desde 1890 hasta nuestros d√≠as, le tom√≥ un siglo darse cuenta de todo lo que en su objeto hab√≠a para leer y entender. Desde un primer Machado de Assis saludado como filosofante y castizo, pasando por la lectura biografista lombrosiana, la existencialista sartreana, hasta estudios cr√≠ticos como el de John Gledson, con el que se cierra la presente edici√≥n, donde se expone una fuerte hip√≥tesis de lectura aleg√≥rica. Gledson detecta un ‚Äúmodelo triangular‚ÄĚ que recorre toda la literatura de Machado, ‚Äúcon un explotador nacido en el exterior, con influencias extranjeras, un ingenuo brasile√Īo provinciano y una mujer ambigua y traicionera, aunque atrayente‚ÄĚ.
Aires, el ambiguo narrador de esta novela, es un diplom√°tico de sesenta y dos a√Īos que volvi√≥ a su Rio de Janeiro natal luego de pasarse largos a√Īos representando al Brasil en el extranjero. La novela tiene la forma del diario que entre principios de 1888 y finales de 1889 escribe Aires, mundano, esc√©ptico y desconfiado de todo cuanto es ‚Äúnovelesco‚ÄĚ. Sus observaciones pasan por agudas y perspicaces, mas nada de eso evita que caiga, muchas veces arrastrando consigo al lector incauto, en el enga√Īo que urden los dem√°s personajes. Un matrimonio, posiblemente pactado en el extranjero, ad√ļltero y por conveniencia, una donaci√≥n de la hacienda familiar a los esclavos libertos, m√°s por desentenderse de ellos que por cualquier forma de generosidad.
Memorial de Aires es una novela en la que m√°s all√° de la mirada cr√©dula y reconciliadora del narrador, todas las formas de la pureza aut√≥ctona fracasan o son est√©riles, mientras que todos los intereses for√°neos logran sus objetivos espurios. Los personajes traicionan los sentimientos de Aires, mientras que Aires, acostumbrado a las formas m√°s elaboradas de la hipocres√≠a, termina por traicionar la credulidad de los lectores. En palabras de Gledson, ‚Äúla novela se convierte en un experimento que muestra c√≥mo, a trav√©s de qu√© complicadas formas y con qu√© sofisticaci√≥n, las personas pueden convencerse a s√≠ mismas de que tienen raz√≥n, cuando est√°n equivocadas‚ÄĚ.
El error y el enga√Īo como inducci√≥n al error. La literatura de Machado reproduce el esquema que Machado quiere denunciar. Concluye Candido: ‚ÄúEs el estilo engolado y algo precioso con que trabaja, y que si por un lado puede parecer academicismo, por el otro sin dudas parece una forma sutil de enga√Īo, como si el narrador se estuviese riendo un poco del lector... sugerir las cosas m√°s tremendas de manera m√°s c√°ndida o establecer un contraste entre la normalidad social de los hechos y su anormalidad esencial, o sugerir, bajo la apariencia de lo contrario, que el acto excepcional es normal, y que el anormal ser√≠a el acto corriente. Ah√≠ reside el motivo de su modernidad, a pesar de su arca√≠smo de superficie‚ÄĚ.

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