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Jueves, 26 de diciembre de 2013
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Messi a 10 años del debut

La década ganada

Por Mariano Verrina
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Lionel Andrés Messi, 26 años, 23 títulos. Tres Champions League, seis ligas de España, dos Mundiales de Clubes, dos Supercopas de Europa, seis Supercopas de España, dos Copas del Rey. Con la Selección, el Mundial Sub 20 de 2005 y la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008. Todos los records individuales que puedan existir, Balones y Botines de Oro. Listo, ya está, basta de números. Hablemos de fútbol. Hablemos de Messi: en noviembre se cumplieron diez años del debut del pibe en el Barcelona. Justo este año, en el que por primera vez se pudo haber dado vuelta la fórmula: ahora es en España donde algún ingrato podría pedirle al argentino que repita las grandes actuaciones que realiza jugando para la Selección.

La década ganada de Leo viene de la mano de su mejor momento con la celeste y blanca. Feliz, cumple. Rodeado mejor, se luce; sin la necesidad de forzar un liderazgo carismático que no tiene (es en este punto que la comparación con Maradona se derrumba), pero con la certeza de reconocerse el mejor de todos y el hambre necesario como para demostrarlo. En el horizonte asoma nada menos que el Mundial en Brasil.

Hace 20 días que Messi está en la Argentina recuperándose de una de esas lesiones que alteran a quienes escriben los zócalos en los canales de noticias, alborotan a las redacciones deportivas pero que –saludablemente– no salpican ni confunden el camino del crack. Comió pizza en Palermo, viajó unos días a su Rosario natal y empezó a correr en el predio de la AFA en Ezeiza, como parte de su evolución de la lesión en la pierna izquierda. Sin luces, sin flashes. Con la pelota.

En estas Fiestas, su deseo será el de muchos. Mira hacia atrás y observa 23 títulos. Diez años redondos en una carrera durante la que siempre se la rebuscó para estirar cada vez más el techo. Llegó el momento de parar la pelota, recuperarse y mirar hacia adelante. El fin de año es el comienzo de “el año”. El cuento del pibe que no podía crecer y fue el más grande, el que sufría bullying porque decían que no sabía el himno, el de la mirada perdida, el introvertido, el que sólo puede gambetear a la apatía con la pelota en los pies. El que viajará a Brasil con el traje de héroe en la valija. El que le quiere poner un moño a esa década ganada que los argentinos mirábamos de reojo, ajenos, pero que empezamos a disfrutar en los últimos tiempos. Algunos siguen agazapados con la infelicidad de quienes esperan un tropiezo para volver a escena; otros (cada vez más) contemplan la belleza de las cosas simples. Estos últimos son más felices.

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