
El cine argentino necesita más pelÃculas como La última fiesta. El estilo de humor del film dirigido por Leandro Mark y Nicolás Silbert escasea en las salas locales de alta rotación: ningún rebusque argumental, un chiste cada diez segundos y poco miedo a agarrar las curvas (todo lo contrario, derrapa a cada instante). La historia es un clásico: Alan, Pedro y Dante son tres amigos interpretados por Nicolás Vazquez, BenjamÃn Amadeo y Alan Sabbagh, respetando el trÃo del ganador, el perdedor y el trastornado.
Los muchachos deciden dar rienda suelta a una fiesta descontrolada con drogas, sexo y vómitos en una casa ajena. Cuando despiertan, se encuentran envueltos en una serie de quilombos con narcos, estrellas de rock, actrices porno, otro tipo de narcotraficantes y hasta un dealer albino al que le patina la erre al hablar, interpretado magistralmente por Julián Kartún (El Kuelgue).
También se destacan en la partida Julián Lucero, como un director de cine detallista que le busca el arte a filmar porno, y el comediante Sebastián Presta, haciendo de un actor porno con poco interés en lo artÃstico. La musa inspiradora de este desastre de proporciones disparatadas es Eva De Dominici y la voz de la experiencia es la de Roberto Carnaghi, interpretando a un viejo pajero.
En sÃ, la historia poco importa porque lo que flotan son los chistes. La última fiesta junta un dream team de humoristas jóvenes y los mete a la cancha a ver qué pueden hacer con un guión al estilo The Hangover o cualquier pelÃcula en la que Seth Rogen y James Franco se prenden un porro. Y eso es bueno para un mercado audiovisual en el que faltan films asà y sobran de esos que tienen escenas de diez minutos en silencio de un tipo mirando por una ventana la Laguna de Chascomús.
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