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Domingo, 14 de septiembre de 2014
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A CARA LAVADA

MUSICA En los años ’80 fue la voz de una de las bandas que inauguraron la escena del rock indie y universitario –en compañía de R.E.M.–, los neoyorquinos 10.000, cultores de un folk otoñal y delicioso. Natalie Merchant abandonó la banda después de dos discos y empezó una notable carrera solista, con discos ya clásicos como Tigerlily. Hoy, a los 50, acaba de editar un álbum que tiene como título su nombre y enseguida queda claro por qué: son canciones sobre la madurez, el paso del tiempo y las a veces hermosas cicatrices de la vida.

Por Sergio Marchi
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Aileen Wournos fue una mujer trastornada que mató a siete hombres en el transcurso de un año. Si bien un vistazo a su biografía bastaría para encontrar explicaciones a tanta muerte, la Justicia norteamericana concluyó que la cárcel no era suficiente y que Wournos debía ser ejecutada. Ella no se resistió y tan solo puso una condición: que en su funeral se escuchara “Carnival”, un tema de Natalie Merchant de su disco debut, Tigerlily. Las cenizas de Wournos fueron esparcidas a los pies de un árbol situado en un lugar no especificado de Michigan, su tierra natal. “Carnival”, un Top 10 del año 1995, presidió la triste ceremonia del final.

Natalie Merchant no conoció la historia hasta 2003, un año después de la ejecución de Wournos, cuando le solicitaron autorización para incluir la canción en el documental que hizo el director Nick Broomfield sobre la asesina serial. “Primero me enviaron un bosquejo, que apenas pude soportar, no por el trabajo en sí, sino por la vida torturada de Aileen Wournos. Autoricé el uso de la canción cuando supe que mientras esperaba su ejecución, escuchó muchas veces Tigerlily, y que pidió que el tema sonara en su funeral. Pienso que le dio algún tipo de consuelo. Me resulta muy raro pensar los lugares a los que mi música puede llegar una vez que deja mis manos.”

Las gráciles manos de Natalie Merchant han dejado de escapar otro grupo de canciones reunidas en torno de su nombre: “Natalie Merchant fue el único título que se me ocurrió –explica la cantante–; lo único que tenían estos temas en común es que yo los había compuesto y los canté. El resto es casualidad”. Es el primer álbum con temas propios después de Motherland, editado doce años atrás. En el medio, toda una vida, lo que en el caso de Merchant incluye un casamiento, la maternidad de una niña y el posterior divorcio. Lo que hace que este nuevo disco haya caído en un momento justo.

Da la impresión de que Natalie Merchant planifica su vida al detalle; lo cierto es que se mueve en ciclos naturales que muy pocas veces se pueden prever. A los diecisiete años, en 1981, se unió a 10.000 Maniacs, un grupo de música folk oriundo de Jamestown, Nueva York, que con el correr de los años se transformó en uno de los favoritos de la escena de rock universitario que se hizo fuerte a fines de los ’80, a medida que el lustre de las grandes estrellas se convertía en polvo histórico. 10.000 Maniacs fue cogeneracional de R.E.M., con el que tenían muchas cosas en común, y también de Sonic Youth, grupo con el que no tenían absolutamente nada que ver. Pero fueron esas tres bandas las primeras en probar desde la alternatividad, las dulces aguas del éxito masivo. 10.000 tuvo su primer sorbo de popularidad con In My Tribe, su álbum de 1987, que contenía una versión de “Peace Train”, de Cat Stevens, y “Like The Weather”. Pero el golpe definitivo llegaría con Out Time In Eden, quizás el disco más extrovertido de un grupo conocido por sus climas propicios a la intimidad y la quietud.

En pleno apogeo de 10.000 Maniacs, Natalie Merchat fue particularmente honesta y declaró que en dos años dejaría al grupo para seguir una carrera como solista. “No quiero seguir haciendo arte por comité”, dijo, sorprendiendo a un mundo más acostumbrado al gentil eufemismo de “diferencias musicales”. La banda siguió sin ella y sin mucha gloria; Merchant siguió sola y más que la consagración sin banda, prefirió profundizar su estética musical. El resultado fue Tigerlily, un disco estupendo, que fue como un retrato de ese momento de liberación.

“Es lo que busco en el arte: hablame, pero algunas veces, hablá por mí”, explica Merchant, cuyo apellido original, Mercante, fue sajonizado por su abuelo italiano ante el oficial de migraciones que anotó sus datos. En ese sentido, “Giving up everything” (“Renunciando a todo”), parece ser el centro de su nuevo trabajo; más por lo que dice, que por su instrumentación de cuerdas, austera como un día de otoño. “Renunciando a todo/ mi fantasma hambriento de esperanza/ Renunciando a todo/ abrí mis ojos a esto/ Renunciando a todo/ veo la magnificencia del vacío/ Di lo que quería por lo que verdaderamente es/ por la piedra interior y por la amargura/ y por la dulzura en el núcleo de todo”, dice la letra de la canción, una verdadera declaración de principios. “Take a Look Inside” (“Mirate por dentro”), canta en el tema siguiente, “Black sheep”, como si fuera un Tom Waits femenino sin el componente tortuoso. Merchant también logra capturar algo de la magia de “Carnival”, en “It’s A-Coming”, la pieza de este rompecabezas que más se parece a la Natalie Merchant que fue un faro para la generación alternativa. En el resto de las canciones, una pregunta impera: “¿Quién soy ahora?”.

Lejos de la seducción sutil de los ’80, Natalie Merchant se revela hoy como una artista madura, que ha decidido exhibir sin tapujos el gris de su pelo, mostrando el paso del tiempo sin complejos, al menos en público: su hija le recrimina su baja autoestima, porque cuando se mira en el espejo resalta lo que no le gusta más que lo que sí le gusta de ella misma. Pero antes que una artista madura, es una artista que ha madurado, cosa completamente distinta. Si de algo habla Natalie Merchant en este disco que lleva su nombre, su apellido y su rostro sin adornos ni cosméticos, es del paso del tiempo y lo que produce en nosotros. De la pérdida y el posterior hallazgo. Del cambio de piel para seguir siendo la misma, y de las cicatrices que deja el proceso. “Quería hacer un disco que reflejara este punto en mi vida –concluye Merchant, preparada para recibir el tiro libre de sus 50 años, en octubre–. Ahora vivo cosas que no podía vislumbrar ni a los veinte, ni a los treinta, ni a los cuarenta. La naturaleza de las cosas cambia a medida que pasan los años. Algunas de ellas, conllevan sufrimiento. Y quise demostrar que aun en el sufrimiento puede haber belleza.”

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