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Domingo, 22 de abril de 2007
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Investigaciones > La vida de los chicos adentro de los countries

El rev茅s de la trama

En el 2000, Patricia Rojas public贸 Los chicos del fondo, una poderosa y sensible cr贸nica de la vida de chicos pobres, internados en instituciones o condenados a vivir de la calle. Ahora, publica Mundo privado, el reverso de aquella investigaci贸n, dedicado al otro grupo de adolescentes encerrados e institucionalizados: los que viven en los countries, barrios y ciudades cerrados. Mitos y verdades en boca de sus protagonistas.

Por Mariana Enriquez
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Foto: Xavier Martin

Patricia Rojas cuenta que nunca se va a olvidar de la entrada al country Highland, en Pilar. 鈥淭iene molinetes y es igual a un banco. En todo sentido. Me hac铆a acordar al HSBC, con ese hierro marr贸n, y el mismo sistema de tarjeta magn茅tica para poder pasar.鈥 Ella no s贸lo nunca hab铆a ido a un country antes 鈥搒alvo una breve experiencia de visita a una t铆a, en Mendoza, de chica鈥, sino que ten铆a un gran rechazo por 鈥渓a idea鈥 de los countries. Para colmo, durante lo que dur贸 la investigaci贸n se movi贸 en transporte p煤blico y no ten铆a celular. Es decir: era bastante m谩s rara que un marciano en esos espacios de opulencia y verdor. 鈥淟os guardias, cuando me ve铆an llegar a pie, desconfiaban. Sospecho que ninguno me cre铆a cuando dec铆a que era periodista.鈥

Sin embargo, Mundo privado (Planeta/Seix Barral), el libro de cr贸nicas sobre la vida de adolescentes que crecen en countries, barrios y ciudades cerrados no destila prejuicios. Rojas hab铆a publicado en 2000 Los pibes del fondo, una cr贸nica conmovedora que segu铆a a varios menores detenidos en institutos, o en situaci贸n de calle. Poco despu茅s, Rojas se fue a vivir a M茅xico y cuando volvi贸, se mud贸 a Arturo Segu铆, cerca de La Plata. 鈥淰ivo cerca de la autopista y lo que me llam贸 la atenci贸n fue la ciudad de Abril, que queda muy cerca. La estructura es extra帽a: desde la autopista, es una monta帽a que no te deja ver nada, se divisa s贸lo la primera fachada. Cuando me enter茅 que hab铆a 18 barrios detr谩s de eso que yo ve铆a, me empez贸 a interesar el tema. Y despu茅s estaba la relaci贸n con mi primer libro: sab铆a que ah铆 adentro hab铆a adolescentes de las mismas edades y que tambi茅n estaban encerrados, de otra manera. Hubo otro proceso interno, adem谩s. S铆, son dos libros sobre pibes encerrados e institucionalizados. Pero no quer铆a repetirme, a un nivel muy personal: es f谩cil vender las historias de los pobres, as铆 que me dije a m铆 misma 鈥楳etete con los ricos鈥. Suena medio cursi, pero si se puede robarle el coraz贸n a los pobres, 驴por qu茅 no hacerlo con los otros?鈥

Patricia entrevist贸 a 64 chicos en total, pero descart贸 la gran mayor铆a de las entrevistas. Averigu贸, en los dos a帽os de investigaci贸n, que de las 300.000 personas que hoy viven en barrios cerrados, la Federaci贸n Argentina de Clubes de Campo nunca hizo una investigaci贸n sobre adolescencia, y los n煤meros var铆an con la labilidad de la indiferencia: algunas estimaciones hablan de 25 mil j贸venes, pero seg煤n un c谩lculo razonable tomando como ejemplo a 18 countries, ser铆an unos 166 mil aproximadamente. Y el gran tema sobre los chicos, en los 煤ltimos a帽os, es el vandalismo. Rompen faroles, pintan de negro casas a punto de ser entregadas, toman otras que no tienen due帽o, tiran coches a piletas de nataci贸n, se aburren y se emborrachan y a veces hasta abandonan a alg煤n amigo que, de tanto beber, cae en un coma hep谩tico. Pero Patricia decidi贸 descartar el sensacionalismo: 鈥淗ay mucho bardo. Mucho de verdad. Pero fue tan dif铆cil llegar a los chicos, entre otras cosas porque yo no ten铆a contactos adentro, que decid铆 priorizar los testimonios verdaderos y sus voces. Al escribir sobre un lugar tan peque帽o y donde se conocen todos, es marcarlos, se帽alarlos. Trat茅 de privilegiar la verdad y as铆 no tener que ocultar o cambiar tantos nombres鈥.

驴Por qu茅 resultaba complicado llegar a entrevistar a los chicos?

鈥揈s curioso: pas贸 algo muy distinto pero similar a lo que me ocurri贸 cuando escrib铆a Los pibes del fondo. Me costaba llegar a ellos, siempre terminaba con la fiscal, la psic贸loga, la asistente social. En este caso, la barrera la pon铆an los padres. En varias oportunidades me dec铆an: 鈥淒ej谩 que yo te cuento, prefiero que mi hijo no hable鈥. Un libro que tuve mucho en cuenta fue Los que ganaron de la soci贸loga Maristella Svampa. Son entrevistas a adultos. Todos hablan de actos vand谩licos de los adolescentes, y yo quer铆a saber. Me encontr茅 con que es grave, hay una problem谩tica de encierro, de aburrimiento y violencia. Pero los empez谩s a entender. Hay una comuni贸n entre los adultos de mirarlos como ni帽os hermosos y puros hasta que llega la adolescencia y ah铆 empieza una lucha sin cuartel: se tienen bronca, son como una amenaza interna. Y es l贸gico, porque un adolescente en esencia causa desorden. Justamente, lo que m谩s se rechaza y se teme en un barrio cerrado.

Vivir adentro

Lo que m谩s le llam贸 la atenci贸n a Rojas durante su investigaci贸n es el impresionante desarrollo de los barrios privados, y su crecimiento imparable. 鈥淓l barrio privado 鈥揺xplica鈥 es lo que prolifera desde los 鈥90. La definici贸n es tener una seguridad, al menos dos garitas. Puede ser que tenga club house, el sal贸n de actividades comunes, donde se puede tomar algo. Algunos ni siquiera tienen eso. A medida que hay m谩s espacios comunes, aumentan las expensas. Porque, en realidad, muchos barrios son accesibles: los de clase media tienen expensas similares a un departamento de clase media en Capital, unos 100 pesos. Con expensas de una media entre los 400 y 500 pesos, ya es un country, y hay muchos m谩s espacios comunes. Aqu铆 lo deportivo es importante, la identidad; el caso de Tortugas, por ejemplo. Estos lugares, a medida que avanzan, compran terrenos cercanos; entonces por cantidad de hect谩reas y porque empiezan a tener actividades deportivas, son clubes de campo. Reci茅n son ciudades cuando tienen subsectores adentro, como Abril, donde hay 18 barrios.鈥

驴Te parece certera la mirada de algunos medios, que hablan de la decadencia de los barrios privados?

鈥揚ara m铆 es todo lo contrario. Es una Argentina que crece y se est谩 privatizando. En el 2006 hubo el doble de ventas de lugares con respecto al 2005, y much铆simas ciudades en construcci贸n. En el 2009 va a haber diez m谩s en Buenos Aires, una se llama El Principado de San Vicente. Todas van a tener escuelas. Hay gente que entra como inversi贸n. Una persona que no accede a un terreno en esta ciudad, accede a uno de los miles de planes de financiaci贸n en barrios privados, que son un fest铆n. Hay cantidad de ofertas. Con 5000 d贸lares entr谩s a cualquier ciudad; tambi茅n se ofrecen planes de 24 cuotas, pero si tard谩s menos de dos a帽os en hacer la casa, se cancela la deuda. Con los robos recientes, lo que se exarceb贸 fue la publicidad y la oferta de seguridad: infrarrojo, c谩maras ocultas, camiones, cerco perimetral. Se empieza a especializar el control.

Y en este contexto, 驴c贸mo es el contacto de los chicos con la vida afuera?

鈥揈l contacto con la realidad de los chicos es mucho m谩s grande que el de los padres. Los adultos est谩n imbuidos del discurso publicitario del country, y siempre afirman que viven ah铆 para darles una mejor vida a sus hijos. Pero los chicos intentan formas de salida, muy precarias. Algunos toman trenes. O caminan hasta la Panamericana. Los padres les dan una mensualidad, y si se la quieren gastar en otra cosa, caminan o usan el transporte p煤blico para ahorrar. Para una de las entrevistadas, ir a la galer铆a Bond Street en la calle Santa Fe era un sue帽o. Le costaba much铆simo conseguir el permiso; parece una tonter铆a, pero para ella era una aut茅ntica batalla, y un triunfo poder ir ah铆 un s谩bado. Otra colecciona todas las entradas de todos los recitales a los que fue, como medallas. Tratan de construirse: pocos dicen 鈥淰ivo en Abril鈥; prefieren decir 鈥淰ivo en Berazategui鈥. Lo que m谩s me dec铆an era: 鈥淣o s茅 si lo que tengo para contarte te va a interesar鈥. Se sienten vac铆os de historia, quiz谩 porque sus lugares de pertenencia no tienen historia.

驴Qu茅 pasa cuando cometen alguno de estos famosos 鈥渁ctos vand谩licos鈥?

鈥揢n padre me dec铆a: si mi hijo hace una pintada en Palermo Soho es arte, y ac谩 es un crimen. Ten铆a raz贸n: hubo una pintada en un ba帽o de Nordelta y fue un quilombo terrible, desproporcionado. Los chicos no tienen una figura de autoridad, y la buscan: s贸lo tienen guardias que ponen las multas. Pero un guardia me dec铆a: 鈥淎 m铆 vienen pibitos de siete a帽os que si los reto me dicen: Callate que a vos te paga mi pap谩鈥. Y tiene raz贸n el pibe. A los guardias les es muy dif铆cil enfrentar a los padres y cobrarles la multa. Y eso si encuentran al pibe, porque interiormente no hay tanta vigilancia.

驴Los chicos tienen miedo de los robos, por ejemplo?

鈥揗uchos sufrieron robos en la ciudad, y por eso la familia se mud贸 a un country. Pero la mayor铆a lo cuenta con mucha calma, est谩 naturalizado. En Tortugas, por ejemplo, roban cada dos por tres, y los chicos te dicen: 鈥淵 s铆, te puede pasar鈥. Los paranoicos son los padres. Claro, se lo transmiten.

驴Y en qu茅 se nota?

鈥揈n un chico de 14 que ayud贸 a su mam谩 a elegir el color de auto, porque le parec铆a que si era champagne iba a llamar mucho la atenci贸n. Una preocupaci贸n que no tiene nada que ver con su edad. Otros que pasan meses sin salir del country, y creen que en la ciudad los van a robar no bien la pisen. Uno de ellos, de 16 a帽os, camina de la mano de la mam谩 cuando van a comprar ropa a la Avenida Santa Fe, y le tiene un franco terror a la ciudad.

Pero muchos vienen de la ciudad...

鈥揝铆, hay chicos transplantados del conurbano, o de barrios como Almagro o Boedo. Ellos ven la diferencia, y registran la paranoia. Una chica que creci贸 en Villa Ballester me contaba que su madre le transmiti贸 un miedo atroz a su hermanita menor: la nena es la que cierra las ventanillas del auto cuando van al barrio a visitar a los abuelos.

El afuera es hostil, entonces.

鈥揝iempre y en todos los casos. Una chica de Nordelta me cont贸, con toda naturalidad, que hacen una cena anual para juntar plata para los pobres de los barrios cercanos 鈥減ara que no tengan envidia y no nos ataquen鈥. Puso en palabras algo que pocos se atreven a verbalizar. Sienten que ellos tienen algo que los otros no tienen.

El futuro ya llego

En Mundo privado, la mayor铆a de los nombres de los entrevistados est谩n cambiados; Rojas decidi贸, no obstante, no cambiar el nombre de los lugares (entre ellos Ping眉inos, Pacheco Golf, Mapuche, Carmel, Highland, Lagartos). Tuvo que hacer esa operaci贸n para proteger la privacidad de los chicos. Con los que mejor se llev贸 fue con los que llama 鈥渓a banda del Oeste鈥, un grupo de chicos que tienen una banda de rock, adoran su countries 鈥揅lub Banco Provincia, San Diego鈥 de la zona de Moreno. Tambi茅n parecen los m谩s frescos. Catu, por ejemplo, un baterista, que le dice: 鈥淢ucha gente que vive ac谩 no considera que exista otra realidad. No la puede sentir. Lamentablemente muchos de este country forman parte de ese diez por ciento que lleva adelante el pa铆s. Son los que estudian, los que se reciben, los operadores pol铆ticos. Y no se criaron mirando al resto del pa铆s. No lo conocen. No digo que todos los que est茅n ac谩 sean capaces de gobernar, pero si el d铆a de ma帽ana les toca, su aporte va a ser desde un lugar de mierda鈥.

Los chicos parecen bastante cr铆ticos.

鈥揈s que no son ellos los que eligieron crecer en este lugar, sino sus padres, con la idea de que es 鈥減or ellos鈥. Yo no los defiendo, pero tampoco los quiero criticar. Es una paradoja: cerr谩s la puerta, se van los padres, y los pibes te lanzan una cr铆tica detr谩s de la otra. Incluso los que aman vivir en el country son m谩s cr铆ticos que los adultos. Y no creo que sea s贸lo una cuesti贸n de edad. O a lo mejor s铆, pero en el mejor sentido. Hay cantidad de chicos muy valiosos.

驴C贸mo reaccionan ante el lugar com煤n de que 鈥渧iven en una burbuja鈥?

鈥揕a burbuja es una construcci贸n medi谩tica y una simplificaci贸n. Ellos saben que los de afuera piensan as铆, y no les gusta. Les molesta. Y tienen raz贸n. En vez de pensar que el pa铆s se est谩 privatizando, o comprender la problem谩tica, los desestiman. Hablar de burbuja es perezoso. Ellos tienen claro que es una suerte de incapacidad no saber tomar un colectivo. Pero son menores, y viven en un lugar que es as铆. 驴C贸mo aprender esos saberes tan cotidianos y urbanos? Sencillamente, no pueden.

驴Y cu谩les son sus proyectos de futuro?

鈥揗uchos no saben c贸mo la hizo el padre, y se sienten en la obligaci贸n no de superarlo, sino al menos de ser igual. Quieren plata ya, propia. La mayor铆a tuvo la idea de irse. Aunque fueran chicos y tuvieran la sensaci贸n de que en este pa铆s no se puede hacer nada. Frente a un hecho de inseguridad, enseguida dicen: la gente es una mierda, todo es una mierda y ac谩 no hay futuro. Ellos tienen bachilleratos internacionales, y creen que en cualquier lugar del mundo pueden hacer m谩s.

驴Y es as铆?

鈥揘o tanto. Lo que yo vi, con muchos entrevistados que ten铆an 17 y entraban a la facultad, es que por lo menos tres de ellos trabajan en call centers, el sistema de mayor explotaci贸n imaginable. S铆, tienen colegio biling眉e, en el caso de algunos triling眉e... pero su nivel no es tan bueno. La mayor铆a de los colegios que est谩n en los barrios no son exactamente el Northlands de Olivos. Son colegios que tienen profesores que no viven en countries y hacen un esfuerzo por ir a estos lugares. En algunos, la educaci贸n no tiene la misma calidad que en sus colegios madres. Cuando salen hacia la universidad, se dan cuenta de que no tienen el nivel proyectado. No est谩n formados como creen. Algunos padres lo saben, pero enviarlos a colegios fuera del country les resulta mucho m谩s caro y muy complicado desde la log铆stica, digamos.

驴Qu茅 te parece que sienten entonces?

鈥揂 algunos los sent铆 perdidos, con dudas muy profundas. Vienen de un lugar de alt铆simas expectativas. Los viejos de estos pibes esperan much铆simo de ellos. Los chicos de pronto descubren que, a lo mejor, y a pesar de todos los privilegios, no est谩n a la altura. Y tienen mucho miedo.

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