De un tiempo a esta parte, cuando hay un viaje en el cine argentino, la lĂnea del horizonte no suele aparecer adelante sino atrás: el misterio no radica ya en el destino del viaje sino en las razones que lo motivaron. Los protagonistas que, en tĂ©rminos emocionales, viajan con una mano atrás y otra adelante, cambian aventuras por tratar de elaborar recuerdos –un trauma– que, sin ser explicitado, tiñe todas las historias. Y los ámbitos rurales que sirven como circunstanciales puntos de llegada, lejos de resultar exĂłticos, pintorescos o conquistables, funcionan como un refugio algo forzado en el cual pueden albergarse de manera gradual los necesitados protagonistas.
Eso pasaba en Gallero y en El amarillo, las dos primeras pelĂculas de Sergio Mazza; y vuelve a suceder en La Tigra, Chaco, Ăłpera prima de Federico Godfrid y Juan Sasiain que se estrenĂł el viernes pasado en el Malba luego de obtener menciĂłn especial en el Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary, en RepĂşblica Checa; y el galardĂłn Fipresci del Ăşltimo Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.
Esteban (Ezequiel Tronconi) vuelve a su pueblo natal hecho un hombre y tras seis años de ausencia. El objetivo, supuestamente, es encontrarse con su padre –un camionero al que hace años que no ve– para hablar de algunos problemas de allá (entendiĂ©ndose por “allá” Buenos Aires); una visita fugaz que no parece esperar a cambio una verdadera transformaciĂłn, un regreso acotado, incompleto –un viaje sin deshacer las valijas– que, a lo sumo, dejará un espacio para que esa pequeña localidad de La Tigra ejerza su poder de influencia sin que Ă©l se oponga demasiado. AsĂ, sin planearlo, se reencuentra con Vero (Guadalupe Docampo, que obtuvo su premio a mejor actriz en el Festival de Mar del Plata), una Âżamiga? de la infancia.
Entre el intercambio de noticias –él acaba de separarse de su chica y ella sigue de novia–, los reconocimientos –él le dice que a ella le creciĂł todo menos las orejas– y los chistes que ya no hacen reĂr –“perdiste la magia”, se burla ella cuando Ă©l intenta volver a los juegos de la infancia–, su relaciĂłn se llena de un silencio erĂłtico, un silencio de roces y miradas sigilosas, tan intenso que los dos se ven obligados a traducirlo en palabras mediante el viejo dicho: “Acaba de pasar un ángel”. Tal silencio se contrapone con la verborragia de la tĂa de Esteban (quien incluso canta en checo porque los primeros habitantes eran checos, eslavos, ucranianos y bĂşlgaros). La verborragia de esa mujer, sin embargo, no acalla sino que más bien pule el silencio con el que trabaja la pelĂcula: asĂ como la ausencia repentina del padre le impide llevar a cabo la idea de su viaje, Esteban no puede decirle a Vero que le gusta, Vero no puede decirle tampoco nada a Ă©l, ni le habla a su novio del amigo que acaba de volver. Serán encuentros fugaces y espontáneos –un baile de chamamĂ©, una caĂda en bicicleta, una carcajada– los recursos con los que el pasado se irá apoderando, entre altas temperaturas y tererĂ©, del presente.
SerĂa fácil decir que La Tigra, Chaco es una pelĂcula poco ambiciosa, pero muy contundente y exitosa en su propia bĂşsqueda. Y lo es, pero algo más importante que eso serĂa aclarar que, además de su sencillez, transparencia y frescura (es notable la quĂmica entre la pareja principal) se trata de una pelĂcula tramposa en el mejor sentido de la palabra: si estamos acostumbrados a que los triángulos amorosos se resuelvan en nombre de la libertad, lo original (y tramposo) en este caso es que el novio de Vero no es más feo ni más tonto ni más maleducado que quien vuelve para arrebatársela: es trabajador (junto a su padre en la carnicerĂa del pueblo), tiene un proyecto de vida (una banda de rock para la que demuestra ser buen cantante), la quiere y no la asfixia. Es asĂ que La Tigra, Chaco tiene un anzuelo y tambiĂ©n un colmillo: tras su manto de fábula bucĂłlica se esconde un drama que muestra en una mano la ternura nostálgica de los viejos amores y esconde en la otra el tremendo riesgo que, en materia del corazĂłn, implica aferrarse al pasado.
La Tigra, Chaco se proyecta viernes y sábados a las 20 en el Malba.
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