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Domingo, 21 de noviembre de 2010
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Cine > Machete, de Robert Rodríguez

Los Rodríguez

Empezó como una broma: el trailer de una película inexistente. Los cientos de miles de visitas en YouTube lo alentaron a filmarla. Y la siniestra ley contra los inmigrantes sancionada en Arizona le dio una publicidad impensada. Con Machete, ambientada en la frontera norteamericana con México, Robert Rodríguez estrena un entretenimiento feroz y político en el que, además, les saca brillo a las tres chicas, le da cámara al mejor De Niro y le escribió su primer protagónico al gran Danny Trejo.

Por Mariano Kairuz
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Con lo mucho que le gusta a Robert Rodríguez filmar sus películas lo más rápido y lo más barato posible, este año, mientras preparaba el estreno de Machete, el Estado de Arizona le regaló algunos millones de dólares en publicidad gratis cuando aprobó su infausta ley antiinmigratoria yendo en contra de la postura del gobierno nacional.

No es que Machete, la nueva pieza mexploitation del director de Del crepúsculo al amanecer, Aulas peligrosas y Sin City haya sido inspirada por un arrebato de furia militante contra la nueva política de Arizona: Rodríguez empezó a escribirla más de 15 años atrás, aunque el proyecto recién empezó a tomar forma en 2007, cuando filmó algunas escenas exclusivamente para armar un trailer ficticio que acompañó su homenaje a las viejos dobles programas de cine (una película suya y otra de Tarantino). El doble programa, titulado Grindhouse, fue un estrepitoso fracaso de público, pero los avances de películas inexistentes que precedían a cada película se convirtieron en objetos de culto. Con más de un millón y medio de visitas en YouTube, el de Machete sencillamente tenía que hacerse realidad. Y justo cuando ocurrió, esta nueva fantasía violenta e irresponsablemente divertida que ya había convocado a legiones con el eslogan “Se metieron con el mexicano equivocado”, puso en evidencia su lisérgica pero sólida conexión con el mundo real. Entonces, a la velocidad que lo caracteriza, para el pasado 5 de mayo (día de celebración mexicana en EE.UU.) Rodríguez montó un nuevo falso trailer que empezaba con Danny Trejo (el secundario fetiche de muchos de sus films, por primera vez en un personaje protagónico) diciendo: “Este es el mensaje especial de Machete para el 5 de Mayo” y seguía con una ráfaga de imágenes de sangre, fuego cruzado y machetazos limpios. Muchos sitios de Internet –incluido el inevitable IMDb.com– se lo tomaron en serio y lo reprodujeron como si se tratara del avance oficial de Machete. “Solamente quise hacer un avance que fuera tan absurdo como lo que estaba pasando en ese momento. Re-edité el falso trailer original para que pareciera que toda la película trataba sobre eso. Pero ¿qué puedo decir?: era 5 de mayo y había tomado demasiado tequila”, explicó Rodríguez.

CINE-LIBERACION

Machete es cine político, aunque Rodríguez nunca vendería una película con esa etiqueta: sus películas tienen que ser, antes que cualquier otra cosa, divertidas. Machete es cine político como lo era casi todo el cine bueno de los ’70 al que él y su amigo Tarantino se empeñan en homenajear todo el tiempo, y empieza haciendo algo que el cine popular hizo en los ’70 y hasta principios de los ’80 y después ya casi no hizo más: pone en pantalla a una mujer gratuita, flagrantemente desnuda. El sexo en el cine es un arma y Rodríguez la dispara contra el espectador: si la gratuidad y la desvergonzada libertad con que se exhibían tetas en las películas era acusada de machismo, las películas de Rodríguez se esmeran para demostrar que las chicas lindas que él pone en pantalla no son meros objetos decorativos, sino que, además de estar buenas, sus rodriguettes son fuertes, inteligentes y cool. En esa secuencia inicial, la chica desnuda anticipa el tono libre y disparatado de la película al extraer una pistolita de entre sus piernas, demostrando que se puede hacer tanto con tan poco.

Machete también es cine político (de explotación) porque, aunque no tiene nada que ver con la ley promulgada este año en Arizona, su argumento corre más o menos por el mismo carril del de las protestas contra su promulgación. El protagonista, un ex agente federal que ha sido traicionado y abandonado por los servicios de inteligencia norteamericanos, es reclutado bajo extorsión por un empresario mafioso de Texas, Michael Booth (el muy trash Jeff Fahey), para matar al senador en campaña John McLaughlin (Robert De Niro, perfecto en un papel que rechazó Chris Cooper “por absurdo”) durante uno de sus discursos contra los inmigrantes. Entre McLaughlin y el oficial Von Jackson (un gordo, canoso, casi irreconocible Don Johnson) llevan adelante una política salvaje de vigilancia de la frontera, dándose cada tanto el gusto de tirarles ellos mismos con sus rifles a los pobres diablos que intentan un cruce nocturno a los Estados Unidos. Booth dice oponerse a McLaughlin porque el Estado necesita inmigrantes ilegales para bajar los costos laborales; pero la misión que le encomienda a Machete resulta ser una trampa. El retrato de la derecha texana es caricaturesco pero por algún motivo –probablemente la eficacia casi infalible de De Niro– se lo siente tenebrosamente cerca de sus modelos reales. Mientras que el prontuario del propio Machete proviene de algunas historias que Rodríguez escuchó por ahí: “Me dijeron que a veces, cuando el FBI o la DEA tienen una misión realmente difícil en la que no quieren matar a sus propios agentes, contratan a un agente mexicano para que les haga el trabajo por unos 25 mil dólares. Entonces pensé: ese es Machete. Un tipo capaz de hacer algo muy peligroso por lo que para él es mucho dinero pero que para el resto del mundo aquí son monedas”.

En abierto contraste con el feo de Trejo –esa cara, dice Rodríguez, que es como una piedra que se podría escalar– y de los no mucho más bellos Cheech Marin (como el padre parroquial armado hasta los dientes), Tom Savini (el asesino a sueldo con su propio 0-800) y un sobrealimentado Steven Seagal (que no aceptó hacer Los indestructibles pero sí hizo de villano en ésta, así que está disculpado), está el trío femenino de la película. Herido y en fuga, Machete encuentra refugio entre dos de las chicas, una del lado de la legalidad, la otra de la insurgencia. La primera es la oficial de inmigraciones Sartana Rivera, interpretada por Jessica Alba. La otra es She, líder de la red mexicana de resistencia, oculta bajo la fachada de un puesto de venta de tacos, y la interpreta Michelle Rodríguez. Hay una tercera chica, la hija de Booth, a la que le pone el cuerpo con voluntad autoparódica Lindsay Lohan –largos bucles platinados, vestida de monja y calzadísima–. Aunque Michelle (de Girlfight a Avatar pasando por la Ana Lucía que interpretaba en Lost) ya demostró varias veces que puede actuar, Rodríguez las filma a las tres más dúctiles, carismáticas y hermosas de lo que nunca antes estuvieron en el cine. Sus personajes pueden ir de lo sublime a lo ridículo, pero nunca les va a faltar onda.

TEX-MEX BANG-BANG

Y Machete es cine político, finalmente, porque con sus películas Rodríguez siempre lleva adelante una misma operación: la de desbaratar las peores taras de la corrección política y el “buen gusto” –atención a la escena del intestino desenrollado, al taco clavado en un ojo, al cura porrero y a la monja ardiente– con un objetivo nobilísimo inspirado por aquellas películas que tanto le gustaban y que ya casi no se hacen. “Cuando lo conocí a Danny Trejo, pensé: este tipo debería ser el Jean-Claude Van Damme o el Charles Bronson mexicano, estrenando una película al año. No hay películas de acción de gusto latino destinadas al público masivo. Recuerdo que cuando veía las películas de John Woo con Chow Yun Fat, como Hard Boiled o El Killer, me daban ganas de ser asiático”, dijo el director que se metió en Hollywood para hacer con unos cuantos cientos de miles lo que a casi todos los demás les lleva unos cuantos millones. Y agregó: “Yo quiero hacer películas que generen esa misma sensación en los espectadores: que salgan del cine queriendo ser como sus héroes latinos”.

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