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Domingo, 23 de octubre de 2005
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LA ELECCIÓN DE DIPUTADOS EN SANTA FE PROYECTARÁ SU LUZ SOBRE EL FUTURO Y CERCANO 2007

Mucho más que las bancas nacionales en juego

Cualquiera sea el resultado de hoy, pondrá en carrera o dejará afuera a
más de un candidato en la provincia. Para Binner se trata de una instancia definitiva para sus aspiraciones de volver a disputar la gobernación.

Por Pablo Feldman
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Binner, jugó el 2007 desde el principio de su campaña. Sabe que debe ganar para esa aspiración. Su figura muy reconocida a nivel nacional, se agrandaría hasta límites antes impensados.

Por primera vez en mucho tiempo, esta elección legislativa reviste tanta importancia como las que ponen en juego cargos ejecutivos. A nivel nacional la explicación se puede hallar en que se trata de la oportunidad que tiene Néstor Kirchner de plasmar en votos lo que desde hace tiempo sugieren los sondeos de opinión, y dejar atrás las especulaciones entorno al escualido 22% que obtuvo en la primera vuelta, que no se pudo transformar en mayoría por la deserción de Carlos Menem para la segunda vuelta. Además de la legitimación presidencial, los comicios en las distintas provincias, ofrecerán una lectura más compleja que el simple conteo de bancas para oficialismo y oposición. En ese contexto, la elección de Santa Fe proyectará su luz sobre el 2007, y cualquiera que sea el resultado pondrá en carrera o dejará fuera a más de un candidato. Para Hermes Binner se trata de una instancia definitiva para sus aspiraciones de volver a disputar la gobernación de Santa Fe, Para Agustín Rossi, en cambio, no parece tener el mismo sentido; tanto el origen de su candidatura como futuro político revisten menor dramatismo y la vez mayor tolerancia en torno al veredicto de las urnas. Un elemento adicional a la puja entre los candidatos a diputado nacional serán los comicios municipales, en ese sentido si se confirman la mayoría de las previsiones estaríamos en presencia de escenarios novedosos para los jefes comunales y su relación con los concejos municipales.

La bala de plata

Hermes Binner tiene tanto por ganar como por perder. Su figura --reconocida a nivel nacional como la de ningún otro candidato fuera de Capital o Provincia de Buenos Aires-- se agrandaría hasta límites impensados en el caso de obtener esta tarde un triunfo sobre el "Frente para la Victoria". Caso contrario, y aún haciendo un buena elección (colocando 4 diputados en la Cámara), si Binner no es el más votado, sus perspectivas para el 2007 se diluirían no ya frente a un electorado que por segunda vez lo postergaría, sino en el frente interno, donde como se sabe Binner no cuenta con todo el apoyo de la cúpula partidaria que tal vez preferiría lanzar a Miguel Lifschitz como aspirante a la Casa Gris, a caballo de la buena gestión que viene realizando.

Ir más allá de estas especulaciones sería ingresar en el terreno de la ciencia ficción, y para eso los PSP no cuentan. Sí se podría echar una líneas sobre cual será la conducta de Binner en el parlamento. ¿Será el aliado progresista del Frente para la Victoria, que según como salga la elección en Capital Federal y sobre todo en provincia de Buenos Aires necesitará acordar con fuerzas menores para obtener la gobernabilidad que la interna del PJ le podría negar? En ese caso, ¿entrará en discusión el 2007? ¿Qué papel jugaría Carlos Reutemann --más allá de las versiones de su nombramiento en la Cancillería o completando la fórmula K para las presidenciales--? Es probable que antes de que eso ocurra, Binner tenga que disputar la conducción de su partido, cosa que le resultaría más sencilla sentado en varios cientos de miles de votos. Para eso tendría todo el 2006, no sea cosa que sobre la hora del comicio del 2007 se le ocurra al partido que Binner debe ser candidato a Presidente --algunos ya lo imaginan encabezando un frente si Elisa Carrió pierde en Capital a manos de Mauricio Macri-- y lo manden de nuevo a la casa como en el 2003.

Como se ve Binner tiene "la bala de plata" y si no da en el blanco, difícilmente vuelva a tener otra oportunidad.

Héroe accidental

"Si fuera fácil no me hubieran llamado a mi" dijo Agustín Rossi en uno de los últimos reportajes antes de la veda. Y tiene razón. Después de haber protagonizado una campaña de gran sacrificio y excelente desarrollo, el "Chivo" tiene recompensado el esfuerzo con la banca que ocupará en el Congreso a partir del 10 de diciembre. El lo sabe, pero como todo político que se precie, quiere ganar y para eso trabajó. Su posición si bien no es cómoda --nadie se sentiría cómo en el caso de una derrota-- no registra el peso que tendría si el candidato hubiese sido alguno de los mentados al comienzo de este ciclo. María Eugenia Bielsa y Horacio Rosatti, "se borraron" para decirlo en el argot peronista inaugurado por Casildo Herrera en los '70. Si bien no fue lo mismo --la vicegobernadora mantuvo dignamente su palabra desde un primer momento, y el ex-ministro especuló con las encuestas-- a la luz de los votantes y de la Casa Rosada también, Rossi surgió por descarte. Esa situación que en principio debilitó su nominación --ya que arrancó tarde y muy atrás-- le permitió luego hacer una campaña de muy buen desarrollo al punto de ubicarse con expectativas de triunfo que fueron abonadas por nada menos que dos visitas del Presidente en la apertura y cierre de campaña. Kirchner no hizo eso en ninguna otra provincia fuera de Buenos Aires. Frente a esto se puede decir que --a diferencia de Binner-- puede darse el lujo de no ganar, o transformarse en el "héroe accidental" si aventaja al candidato socialista.

Si ocurre lo primero, su carrera no correrá riesgos, más aún el Presidente ya lo cuenta entre sus afectos políticos --que no es poco--. Si ganara, la proyección sería ilimitada: ¿quien le diría a Kirchner y a Rossi que no será él el candidato a Gobernador dentro de dos años? Sería el único dirigente del PJ que le ganó a Binner sin "Ley de lemas". Hasta Reutemann se daría cuenta que por fin hay un peronista de Rosario para ofrecerle al electorado después de dos décadas de gobernadores santafesinos.

Como se ve, Rossi no tiene mucho que perder y pero si por ganar, de allí su empeño y enjundia en una campaña que lo tuvo como protagonista.

Las otras fuerzas

Las aspiraciones del ARI de transformarse en tercera fuerza podría alcanzar inclusive para renovar la banca que el 10 de diciembre dejara el mítico dirigente de la UOM de Villa Constitución, Alberto Piccininni. En Rosario, en cambio la performance del partido de Carrió cuenta con el valor agregado de la figura de Carlos Comi que consigue lo que muy pocos dirigentes del partido pueden exhibir, que es sumar más adhesiones que lo que el arrastre del sello ARI impone. Para Comi, más que para Alicia Gutiérrez la elección de hoy tendrá proyección sobre la se dará dentro de dos años.

El PPS de Héctor Cavallero también aspira a una banca para el Tigre, pero se conformarían seguramente con que Ricardo Marengo reingrese al Concejo que alguna vez presidio.

No sería extraño que la suma de votos del PPS y del ARI bastara para colocar un diputado, pero cada uno por su lado puede verse complicado en ese cometido. En cualquier caso, para ninguna de las dos fuerzas se trata de un elección decisiva ni mucho menos.

El Partido Demócrata Progresista -en cambio- se asoma al peligro de extinción. Si Carlos Favario no ingresa al parlamento -cosa que parece difícil- por primera vez el partido que fundara el gran Lisandro De la Torre se quedará sin representante en el Congreso de la Nación desde la recuperación de la democracia, cosa que ya le ocurrió hace más de un lustro en el Concejo municipal de Rosario.

Con los números puestos

Por varias razones que se han expuesto en las líneas precedentes, la elección de hoy tiene una gravitación mayor que otras legislativas. No sólo porque el Presidente ha vuelto a revitalizar el concepto e transversalidad -en su entorno creen que habrá 60 o 65 diputados K propios y otros 10 que proceden de otras fuerzas en los papeles "opositoras"- sino porque son (a nivel provincial) las primeras sin Ley de Lemas en 15 años, y porque -según el resultado- el panorama para dentro de dos años puede ser claramente diferente. Se trataría, en ese hipotético caso, de una elección pre-histórica, que el paso del tiempo (no más de 2 años) permitirá establecer si el prefijo puede ser eliminado.

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