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Viernes, 21 de noviembre de 2008
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Sonia Scarabelli presenta mañana su libro de poemas en el Estevez

Con otra mirada sobre lo cotidiano

La poeta y crítica literaria leerá algunos textos de Flores que prefieren abrirse sobre aguas oscuras. Su propósito fue "casi pueril", creer que "las palabras todavía puedan aspirar a tocar algo del orden de las cosas", apuntó.

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Sonia Scarabelli dialogará con el público y los presentadores sobre su nueva publicación.

Lo cotidiano en su convivencia con lo natural; memoria, infancia, el amor y sus variables. Perceptibles ya desde la superficie, son ésos algunos de los temas que se desprenden de los poemas incluidos en Flores que prefieren abrirse sobre aguas oscuras, la nueva publicación de Sonia Scarabelli. Editado por Bajo la Luna, el libro tendrá su presentación mañana a las 19 en el Museo Estévez (Santa Fe 748), donde la autora leerá algunos textos y dialogará con Pablo Makovsky, Flavia Dezzuto y Yaki Setton, editor de la colección de poesía de la citada editorial.

Impulsada precisamente por Setton, Scarabelli tomó una serie de poemas para incluirlos en una de las colecciones de Bajo la Luna, "con la idea de dar un pantallazo de un proceso de escritura". Luego, la posibilidad de darle forma a un libro propio le permitió continuar con la escritura y la llevó a un proceso de selección de obras donde no influyó la temporalidad de los procesos creativos, sino más bien una línea temática que va hilando los escritos. "Creo que los libros te enseñan muchísimo sobre la escritura de poemas, porque obviamente un libro no es lo mismo que tener o juntar un grupo de poemas --admitió--. Como en cualquier práctica u oficio, lo que vas haciendo te enseña. En mi caso, venía con una preocupación con los poemas que tenía que ver con dejar aparecer en el espacio del poema algo más cotidiano, del orden de lo cercano, lo próximo, lo doméstico. Pero con esto que a veces nos pasa con las cosas que tenemos tan cerca, que de pronto otro punto de vista te hace verlas en una proyección insólita. Entonces el libro básicamente tiene mucho que ver con cuestiones de un entorno muy cercano, familiar, doméstico".

Esa búsqueda no es nueva para la autora, que explicó: "Tiene que ver con una línea que hace bastante que me viene interesando, donde siempre aparece algún elemento natural como un componente muy importante del espacio del poema. Y lo que yo diría del orden de la emoción. Había como dos propósitos en lo que venía escribiendo. Uno era poner en el centro del asunto la situación humana, esto de que somos finitos y que, en algún momento que puede ser una edad o bien una circunstancia vital, de pronto hacemos un click y pareciera que por un instante tenés una dimensión de lo que eso significa. El otro era incorporar la música, dejar crecer al poema en función de un ritmo interno. Y otra cosa, casi pueril (sobre todo después de las vanguardias), es que las palabras todavía puedan aspirar a tocar algo del orden de las cosas".

En ese sentido, Scarabelli reconoció: "No dejo de reflexionar sobre el lenguaje y lo que puede o no hacer, pero creo que en el poema siempre hay como un principio de ingenuidad, que es el que te permite creer que vas a decir algo sobre las cosas. Eso es algo que también me parece fuerte, este deseo de nombrar, de decir algo que otros puedan entender como algo dicho. Más todo lo que viene por atrás, que nunca necesariamente lo ponés vos con la escritura sino que lo pone el lector con su lectura, con su propia historia".

En tanto, la inmensa relación que Scarabelli sostiene con la lectura (no sólo como autora, sino además como crítica y lectora) no la condiciona ni le despierta el "famoso temor de las influencias". "Cuando era joven me pasaba más --admitió--. Ahora creo que ser influenciado es como algo inevitable, y lo tomo con alegría. En realidad, y lo voy a decir de una manera torpe, leo mucha poesía para estudiar. Leo por placer, porque encuentro que la poesía ofrece algo del orden de la experiencia, de lo que creo que uno no quiere privarse. Que tiene que ver con lo emocional, de la relación con el mundo, con las cosas. Creo que uno puede tener afinidades con muchos escritores, porque toda la escritura se sigue haciendo siempre en relación con algo previo. Me parece que cuando la práctica es cotidiana, o con cierta oportunidad de haber pasado por algunas cosas, hay algo que inconscientemente se asienta, entonces encontrás algo que de pronto sentís como propio, como pregunta propia. Hay un aprendizaje en lo que hacés. Y no lo digo como algo perturbador, sino como algo celebratorio".

El vínculo es aun más profundo: "La misma violencia de la vida que llevamos pareciera que te hace olvidar cosas, y a mí por ejemplo la poesía siempre me ayuda a recuperarme de esos olvidos. Hay una conexión feliz con los poetas a los que me gusta leer, o cuando conozco a poetas nuevos a través de amigos, de otros poetas o de libros que estoy leyendo, y de pronto descubro o siento una conexión emotiva o estética, eso me produce mucha felicidad. No vivo nunca la relación con la escritura como algo sufriente. Que no quiere decir que no haya un lugar de enunciación de las cosas que son dolorosas, porque eso para mí es una parte central de la escritura, esto de poder barajar las dos partes del asunto, lo doloroso y lo feliz. Pero la experiencia de escribir siempre es muy gozosa".

"Una cosa de primer orden con la poesía, con la literatura en general y con otras manifestaciones del arte, es una relación muy primaria con el asombro --agregó--. Si tuviera que decir qué me parece alucinante en que eso pase, es que éso, y ahí está el aprendizaje, se convierta en algo que proyectás sobre tu cotidiano. Entonces en la forma de mirar de un escritor, un músico, un poeta, se revela algo que podés empezar a ver en lo próximo. Que te permita proyectar otra cosa sobre lo cercano, poder ver de otra manera sobre lo cercano, poder moverte de los lugares habituales".

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