Alejado del prototipo estético de un pianista clásico, el santafesino Silas Bassa mantiene un equilibrio entre su condición de destacado intérprete y la irreverencia propia de la juventud. Porque asà como el músico combina su pantalón y corbata negros con un cinturón atestado de tachas, también traslada el cruce al terreno artÃstico, donde hace evidente su intención de intercambiar lenguajes como mecanismo para el acercamiento de públicos diversos. De paso por Rosario en el marco de la gira de conciertos que incluyó sus actuaciones en el Museo Castagnino y el Museo Fernández Blanco de Buenos Aires, el santafesino dialogó con Rosario/12, en una entrevista en la que delineó su innovadora concepción artÃstica, ésa que sostiene desde su creciente carrera en Europa.
Todo comenzó rápidamente para Bassa, quien a los cuatro años descubrió en el piano familiar un divertimento temprano: "En ese juego también estaba la búsqueda concreta de música. Ahà fue cuando mi madre se sentó y empezó a enseñarme mis primeras melodÃas, mis primeras canciones, que fui repitiendo". Con esa base, entre los 8 y los 18 años se formó en el Profesorado del Liceo Municipal de Santa Fe, tomando a la concertista y pedagoga Marta Part como guÃa. En medio de ese proceso de aprendizaje, Silas atravesó por las razonables crisis de la adolescencia y fue entonces cuando el piano aparecÃa como un medio de canalización: "Buscaba por el piano una manera de evadirme de esas crisis. Por ejemplo, en un punto llegué a decirle a mi mamá que querÃa dejar el colegio y dedicarme sólo a la música. En el peor momento de crisis adolescente justamente querÃa dejar todo y quedarme con el piano, pero no lo hice y terminé mis estudios".
A partir de allà comenzó a viajar a Buenos Aires, donde después de un año se entrevistó con el maestro Aldo Antognazzi, quien luego de ver tocar al muchacho lo tomó como alumno, lo que motivó su radicación en la Capital Federal. Eran fines de los 90, y la estadÃa del santafesino en suelo porteño no durarÃa demasiado, sólo lo que le llevó obtener su tÃtulo en el ciclo superior del Conservatorio Nacional López Buchardo y comenzar a desarrollar una vida social y de conciertos que le permitió hacerse de un nombre en el medio clásico, y de la mano de Bruno Gelber logró una beca que le permitió perfeccionarse en Europa.
"Cuando fui a Francia tenÃa un objetivo concreto: trabajar con Monique Deschaussées, una profesora que el destino me puso en el camino --narró--. Fue ella quien me motivó a radicarme, entonces decidà irme con el costo que fuera. El trabajo que hice con ella fue una sÃntesis de todo lo que habÃa hecho hasta ese momento, a hacerlo consciente. Por ahà como empecé de chico, de manera muy espontánea y natural, no lo habÃa hecho consciente, pero eso en algún momento tiene un lÃmite. Las cosas que vienen espontáneamente pueden funcionar hasta un cierto punto. En ese momento estaba ahÃ, habÃa terminado el Conservatorio, tenÃa mis tÃtulos, y sentà como un vacÃo, como si dijera `sólo sé que no sé nada`. SentÃa que habÃa un lÃmite, y esta profesora abrió todo ese mundo que yo creÃa cerrado, y entendà que en realidad el verdadero trabajo artÃstico y consciente con la música estaba por comenzar. Hice un replanteo, volvà a hacerme preguntas. Fue un perÃodo difÃcil, porque todo lo que tenÃa adquirido en Argentina como músico, como pianista reconocido que ya tenÃa un nombre, allá no existÃa. Fue encontrarme sin mi fuerza mayor, sin el piano, porque estaba en medio de un planteo nuevo. Fue duro, pero ese trabajo me permitió restablecer la conexión con el piano desde otro lugar, fue lo que hoy me hace sentir mucho más fuerte y seguro en mi relación con el instrumento".
- ¿Entre esa seguridad aparece nuevamente la espontaneidad?
- Claro, finalmente la sÃntesis termina cuando luego de todo ese trabajo consciente y analizado de lo que habÃa hecho, empecé a buscar mi esencia. Ese fue otro trabajo, el de reencontrarme con quién era antes, quién era ahora y quién podrÃa ser a partir de esa mezcla.
Mientras tanto, la mixturación también se da en la búsqueda artÃstica de Bassa, quien se confiesa adepto a las músicas populares del mundo entero. Con ese concepto, en ParÃs generó un proyecto con la cantante eslava Aldona Nowowiesjska: "Fue un intercambio entre lo que ella me aportaba a mà desde su mundo de la música popular y lo que yo aportaba desde lo clásico. Eso me interesaba mucho, me parece muy rico combinar distintos mundos".
- En la actualidad comienza a ser más aceptado el cruce de lenguajes.
- SÃ, empieza a ser más generalizado, pero de todas formas sigo sintiendo que el mundo clásico es bastante cerrado y restringido a cierta especie de elite, cosa que no va con mi forma de pensar. Pienso más bien en abrir, cuando doy un concierto pienso en darle algo al público que trascienda al hecho de que sea o no clásico. En ParÃs hice esa experiencia de hacer una primer parte tocando Chopin, porque todo tenÃa que ver con Polonia. El público que habÃa venido era más bien clásico, el que viene habitualmente a los conciertos que doy, y no el que irÃa a verla a Aldona a un boliche, un bar. Fue muy interesante ver cómo la gente reaccionaba en la segunda parte, cuando ella se incorporaba al concierto. Estaban más bien pasivos, observando, hasta que entraron en el espectáculo y después era todo una fiesta. Eso me pareció muy importante. Asimismo, estuve trabajando con una cantante de jazz, y en una parte yo tocaba unas piezas clásicas, y sentà cómo la gente escuchaba con un silencio que no es normal en un bar, apreciándolo con mucho respeto en un contexto que no es habitual.
© 2000-2022 www.pagina12.com.ar|República Argentina|Todos los Derechos Reservados
Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.