Sergio "Manchi" Milioto sigue apostando a las canciones como un espacio desde donde pensar y construir el mundo. Un mundo personal, muchas veces sombrÃo, atravesado por personajes que, sin embargo, pueden descubrir luminosidad en el amor, en las convicciones, en la historia propia, en el legado cultural de sus antepasados. Todo ello es la resultante de un abanico de influencias cada vez más amplio, que el propio cantante y guitarrista reconoce "en las estéticas urbanas surgidas del cine, del neorrealismo italiano, la música de jazz, el circo y el cabaret". Esa es, en esencia, una buena sÃntesis de lo que el músico plasmó en el flamante disco de su Sergio Ivanovich Orquesta, un material que este sábado, a las 22 y con entrada libre, tendrá su presentación oficial en Oui (Sarmiento y Mendoza).
Allà Milioto estará acompañado por Carlos Fioretti (bajo), Michele Blandò (violÃn), Sebastián Stange (baterÃa) y LucÃa Coggiola (acordeón), quienes aportan una sonoridad versátil y cuidada a la bella lista de canciones creadas por Milioto, que explica: "Hago un esfuerzo grande porque cada vez se entienda más el mensaje, está todo trabajado más con engranajes. En las canciones hay letra donde no hay tanta información armónica o melódica. Y al revés: cuando no hay letra la parte instrumental es más fuerte".
Esa determinación permite sumergirse en paisajes cuidadosamente elaborados por un compositor que llegó a este disco luego de un descubrimiento personal que marcó un nuevo camino. "Hay algo que pensaba leyendo el libro de Dostoievski, Memorias del subsuelo, mientras laburaba en la cárcel --detalla Milioto--. Yo empecé en el Irar, trabajé dos o tres años en Piñero, después en Unidad 3. Ahà comprendà otro lenguaje. Para mà la música siempre pasó por otro lado, pero reforcé la idea de que ya no habÃa lugar para frivolidad: ahà habÃa que dar un taller, poner el cuerpo y dar lo mejor. Los pibes no se comen cualquiera. Tenés que estar convencido de hacerlo y, si no lo estás, terminás convenciéndote que ese es un lugar de encierro, un lugar durÃsimo. Ahà se hizo una bisagra, sobre todo en mi voz, logré hacer una ruptura, cantar más áspero, manejar mejor los graves. Encontré una personalidad en la voz, como hace tiempo la encontré con la guitarra. Y encontré la manera de pedirle al grupo lo que quiero. Me pasó que un dÃa estaba en un salón enorme, donde habÃa quince presos esperando a ver qué era el taller de música. Y me encontré cantando sin micrófono: ahà habÃa que mostrar realmente lo que soy, lo que quiero. Eso me dio una seguridad muy grande en lo escénico, a dónde quiero llegar con esto".
Y aún cuando el cantante no se reconoce "para nada como un gran poeta", sà apuesta a una formación constante como lector, como autor: "La inquietud es que la gente piense un poco más. Que yo piense un poco más. Leer, investigar. Y apostamos a las canciones. Para mà es esa emoción, esa magia de la poética, una forma de escribir personal, porque ni siquiera le copio a los que más me gustan. Se redondea una propuesta surrealista, existencialista, con los personajes que aparecen. Hay mucha lluvia, mucho charco, mucha agua. Ciertamente hay una cuestión melancólica. No a nivel estructural, pero sà es un elemento. Si escribo algo, va a tener una partecita alegre y un correlato no tan de Hollywood".
- ¿Esa oscuridad favorece de algún modo la aparición de cierta luminosidad?
- SÃ, tal cual... Hay que tener mucha luz para ir a ese fondo y no volverte loco, no quedar ahà abajo. SÃ, creo que hay mucha luz. El tema que le hice a mi hija, Bianca, es puro amor, pura luz. Y ya hay canciones nuevas. "Navidad negra" habla de un tipo que se enamora de una puta, se enamora de verdad de una chica hermosa que trabajaba y a veces podÃa estar con él y otras no, entonces él la aceptaba asà y la iba a ver al único lugar donde podÃa. Creo que hay mucha luz porque hay amor. Como cuando uno es padre sabe que el amor es incondicional. Creo que tiene que haber mucha esperanza, mucha luz, en toda esta negrura que cuento para poder hacer temas. Y la gente empezó a entender que también hay humor, que me rÃo de mÃ. Sino hubiera terminado con todo esto hace tiempo.
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