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Miércoles, 21 de septiembre de 2016
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LITERATURA. Los Oesterheld se presenta hoy en Rosario

Los dientes del eternauta

La vida de Héctor Germán Oesterheld y su familia es abordada en un libro admirable.
Una investigación meticulosa, realizada por Fernanda Nicolini y Alicia Beltrami, que radiografía una época y permite lazos de análisis con la coyuntura.

Por Leandro Arteaga
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Una de las imágenes incluidas en el libro: Oesterheld junto a su mujer y sus cuatro hijas.

Resulta que a Héctor Germán Oesterheld le rompieron la boca. Los torturadores le destrozaron los dientes. El detalle es escabroso. No permite que el lector (este lector) se sustraiga. Porque se trata de la voz, del decir, de las palabras de alguien a quien fácilmente podría decírsele Tusitala, así como a Stevenson lo bautizaran los samoanos: un contador de historias.

Los Oesterheld (publicado por la editorial Sudamericana) es el libro definitivo, que todavía faltaba, sobre el escritor y su familia. Se presenta esta tarde, a las 19, en La Orden del Tornillo. Multiespacio Lúdico (Salta 2250), con la presencia de sus autoras, Fernanda Nicolini y Alicia Beltrami. Se trata del libro faltante porque todavía nadie había indagado con tamaña profundidad y meticulosidad, tal es la propuesta y desafío que Beltrami y Nicolini proponen.

Los Oesterheld es varios libros a la vez; por un lado, es un itinerario de época, porque traza un momento particular, de siete capítulos, durante la década de 1970. Por otro, es un libro de historias, en donde el núcleo lo detenta el afecto de una familia que se desmiembra. El análisis social, metonímicamente, aparece solo.

El terror de Estado de la dictadura cívico-militar no sólo hizo desaparecer al autor de El eternauta, sino también a sus cuatro hijas (Beatriz, Diana, Estela, Marina), tres yernos y dos de sus cuatro nietos. Todos militantes en Montoneros. La voz que articula el padecimiento aparece en Elsa Sánchez, la madre que procesa de manera interna, emocional, y que se atreve y obliga a buscar y preguntar.

Las fuentes de información de las autoras apelan, por ejemplo, a cartas personales, todo un descubrimiento sobre la vida íntima de Héctor Oesterheld y familia. Allí aparecen las voces de las niñas, de las adolescentes, los diálogos y discusiones con los padres. A la par de personajes numerosos, que ramifican demasiado, porque de lo que se trata es del retrato de una sociedad que está alterada, que es interpelada. Los lazos vinculantes son demasiados, lo que lleva a pensar en el recorte mismo que sobre ese mundo tan amplio el libro practica.

Al indagar en la subjetividad de cada una de las hijas de Oesterheld, el libro de Beltrami y Nicolini lo hace también con varias de las facetas de una generación magnífica, precozmente alumbrada por el arte y la política. De hecho, la militancia de Oesterheld será consecuencia de la de sus hijas. Aun cuando le apodaran "el Viejo", el horizonte de un porvenir diferente siempre se inscribió, de manera joven, en su mirada. Así lo señala su obra prolífica, de protagonistas de sensibilidad puesta en el otro, en la pluralidad, en las muchas voces.

Más aún, los relatos de Héctor Germán Oesterheld eran narrados por terceros, testigos que también eran llevados a la misma aventura colectiva que luego se ocupaban de narrar. Oesterheld supo, con sus historietas, tocar la fibra íntima de varias épocas, con El eternauta como la obra y personaje capaz de resemantizarse, originada entre 1957 y 1959, continuada de manera traumática en 1976.

Por todo esto, Los Oesterheld es también un libro fundamental para adentrarse en la comprensión de ese mundo de combustión creadora constante que ha sido este escritor. Hay anécdotas numerosas, entre editoriales (Columba, Récord) y testimonios de compañeros de militancia y artistas. De todo ello, y de forma casi desesperada, por ese final que el lector sabe inevitable, lo que emerge es un libro admirable, capaz de comunicar el afecto de esa familia que se quiere, que se quiebra, mientras la sensibilidad del lector queda pegada a los gestos pequeños, a las proezas de cariño, al desafío y la militancia.

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