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Miércoles, 27 de febrero de 2008
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La trampa del off side

Por Adri√°n Abonizio
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Huir de la rutina diaria para caer en otra, la del fin de semana con partidos, puede parecer para el lego en la materia una redundancia. Pero para el futbolero no es tal. Es el escape perfecto; una ciudad dentro de otra, un laberinto dentro de otro, el enigma de un resultado por la costumbre a√Īeja de repeticiones que pese a ello, son impredecibles. Un futbolero que vive prendado de ese amor esclavo y que admite conseciones a la hora de la cita imperdible, es un muerto en vida. Puede ser porque se haya vencido solito o bien que el sujeto se haya puesto bajo el dominio territorial de una dama y ella considere la salida como un pretexto para que el caballero huya del sacrosanto hogar.

Usted dir√° que es una escena antigua, pero que las hay, las hay. As√≠ muchos han tenido que camouflar su deseo: Inventar un pariente muerto justo en domingo o un donativo urgente de sangre para un amigo u horas extras o calamidades varias. Tambi√©n suele ocurrir que cuando la cola del diablo se mete produce cat√°strofes: Su cara aparecer√° en pantalla cuando filman las tribunas y alg√ļn buey corneta que nunca falta se lo habr√° de revelar a la se√Īora dama o bien puede suceder que caiga a la vista de ella, el ticket de la entrada en plena requisa por el contenido del pantal√≥n. Me han acusado de mis√≥gino y de machista, pero cr√©anme, amigos, que este universo horripilante a√ļn prevalece, velado en algunos casos, pero que est√° vivo lo est√°. Ella est√° mirando un unitario y de forma casual, tipo mi√©rcoles, le habr√° de comentar al var√≥n que el domingo se comprometi√≥ para que vayan juntos a un encuentro de matrimonios de la Fe Reencontrada, por decir algo y que los esperan con ansiedad en el grupo. O bien que es cumplea√Īos de un sobrino amoroso y que ella desempolv√≥ aquel viejo traje de payaso que √©l supo usar para animar la fiestita del primer v√°stago y ahora es hora de repetir el numerito. El sobrino es la encarnaci√≥n de Satan√°s y se detestan. Tambi√©n la dama puede emitir aquello de que la mam√° los espera a la tardecita porque encontr√≥ viejas fotos que pretende mostrarles. Al tipo se le cierra el est√≥mago. Por ello, √©l ya se ha ido previniendo y anuncia cat√°strofes, encuentros y citas un mes antes, fixture en mano. Sospechoso, surrealista, pero el tipo, inocentemente abre el paraguas ante el diluvio y los rayos, pobrecito. La historia comienza aqu√≠: El tipo ley√≥ quince d√≠as antes que jugaban tres puntos de oro frente a un rival odiado pero que ven√≠a mal: Era el momento indicado para la reivindicaci√≥n. La imagen de Barreda y su escopeta yendo a los campos, la de Fendrich con su camouflage de paseante se le apareci√≥ con la culpa que siempre lo embargaba cuando sent√≠a que estaba por cometer una fechor√≠a. Verguenza por mentir. Porque lo agarren. Por haberse dejado humillar. Por haberse dejado arrinconar as√≠. Por todo. Como sea, venci√≥ el √ļltimo prurito y tomando aire anunci√≥ que aquel domingo se ir√≠a de pesca. La mujer asinti√≥. Ya √©l se encargar√≠a de llenar el vac√≠o entre las horas anteriores y posteriores al encuentro futbolero para no levantar sospechas. Comer√≠a temprano en una parrillita y luego deambular√≠a por la ciudad esperando la noche y tal vez en alg√ļn bar 24 horas ver√≠a, si dios quisiera, la repetici√≥n de los goles de su equipo. Los truenos lo despertaron. Dud√≥ en salir de la cama. La mujer, ins√≥litamente lo alent√≥. Le ayud√≥ con el peque√Īo bolso de mano: Las tenazas, el reel desarmado, las botas. Todo aquello le pareci√≥ rid√≠culo, lo peor era la carnada consistente en tripa de pollo. Si hasta dud√≥ en claudicar y gritar su verdad; pens√≥ en quedarse en casa, oirlo por la radio pero una mirada le bast√≥: Ella estaba habl√°ndole de algo zonzo que podr√≠an hacer si llov√≠a y ello lo acicate√≥ para irse. Almorz√≥ en babia sinti√©ndose por primera vez triste por algo indefinido, como un mal p√°lpito. Al llegar a la cancha un operativo lo desvi√≥ y por la radio enter√≥se que el partido se hab√≠a suspendido. Volver√≠a a casa, razonar√≠a con ella, estaba cansado y deprimido por tanto esquive. Ya era hora. Regres√≥. Meti√≥ la llave en la cerradura. Vi√≥ salir al tipo de su cama como un fantasma. Era flaco y estaba temblando desnudo entre la silla y el perchero. Ella grit√≥ algo y logr√≥ interponerse entre su amante y el marido. Eran las 15.30; √©l deber√≠a estar en la cancha ¬ŅQu√© estaba haciendo en su casa? ¬ŅNo empezaba a esta hora?. Todo esto el tipo ley√≥ en los ojos de su se√Īora. No supo bien lo que hizo despu√©s. En el alegato criminal el abogado defensor le ley√≥ lentamente las √ļltimas palabras de la v√≠ctima, la querida se√Īora. El pata de lana no tuvo tiempo ni de gritar piedad.

﷓¬Ņ!Por qu√©, por qu√© me haces esto!? !Si yo sab√≠a, lo supe desde siempre que e escapabas a los partidos! ¬Ņ!Porque no me dejaste vivir la m√≠a!? !¬ŅPorqu√©, porque?!

Ahora, en los domingos ni siquiera oye la transmisión. Juega al ajedrez y ya es campeón imbatible en todo los pabellones. Hay veces en que parece enloquecer, le sale espuma por la boca y se desmaya. Salvo eso, la lleva sosegado, comprendiendo que cuando vea el sol cumplirá los setenta. Es otro tipo definitivamente, alejado por completo del laberinto y el amor esclavo. Le suceden los ataques solamente cuando alguno menciona la palabra cárcel, cambiándola por la palabra penal.

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