"Un tipo cualquiera", dijo. "Deseo ser un tipo cualquiera", y la estrella fugaz dejó de verse desde ese punto del planeta. Contempló por segundos el espacio sin luz que quedaba, y como era costumbre, bajó la mirada. Hasta su cuello lamentaba la constante posición de rendición, dolÃa en los músculos y tensaba los hombros cada vez que se movÃa. Al menos esa vez se habÃa animado a desear. Por única vez pronunciaba las palabras y realizaba la acción al mismo tiempo: yo deseo. "Una cuota de humanidad, el mundo pudo ver que soy", pensó, y se sintió orgulloso, al fin dejarÃa de ser el freak que no entendÃa por qué nadie lo entendÃa.
Se levantó, entró en la casa y cerró el patio con llave por primera vez, sabiendo que debÃa colaborar con el cambio, intentando temer un poco, como la gente común. Sacó el colchón del living, en donde dormÃa junto a una ventana que llegaba hasta el piso y le permitÃa ver el patio y el cielo en cualquier momento, y lo llevó al dormitorio principal. Su casa tenÃa cuatro cuartos, y por lógica el más grande y único con baño dentro tenÃa que ser el apropiado para el amo del hogar. Asà lo eligió, fue e improvisó la cama, poniendo un almohadón en la cabecera y tapándose con auténtica ropa de cama. Se acostó como debÃa ser, con la cabeza sobre la almohada, para sufrir como el resto del mundo la falta de sangre en la cabeza durante el sueño y las piernas cansadas al despertar. Con la almohada del otro lado: asà empezaba a ser normal.
En su cama meditó sobre el que habÃa sido toda su vida. Sintiéndose un hombre nuevo, pensaba en quien habÃa sido siempre como otra persona a la que recordaba con añoranza. Se acarició la cabeza creyéndose su propio hijo y logró dormirse rápidamente.
Al despertarse por la mañana enjabonó su cara y se afeitó como pudo con la gillete que usaba para sacarle las bolitas a los pulóveres. Se bañó, se peinó, y después de mucho buscar encontró el único calzoncillo que habÃa en la casa y se lo puso. Con las bolas apretadas intentando disimular la cara de incomodidad salió para el trabajo. El era un destacado economista y trabajaba para una empresa internacional que vendÃa seguros para aviones. Sacaba los valores de póliza a partir de las probabilidades de accidentes.
Cuando entró en la oficina todos percibieron el cambio al instante, él lo reconoció. "¿Estamos creciendo Gastón?", le preguntó Rolando, un compañero, y él, haciéndose el relajado y levantando la vista para mirar al otro a los ojos, sintiendo en su cuello todo el nuevo dolor de una nueva posición que tensaba más sus músculos contraÃdos, le contestó: "¿Ya era hora, no? Qué tipo loco que fui siempre, tan retraÃdo. Ya está, me saqué al antisocial de encima y soy uno más. Dormà como todos ustedes anoche, fenómeno, con la cabeza vacÃa y las piernas reventándose. Asà que hoy tengo como Lidia, Vanesa y José las várices que me explotan. Me encanta, compartir los mismos dolores. Ni hablar de las bolas, me revientan del dolor asà compactadas, es fenomenal esto de los calzones, papá".
Pensó en mencionar su cuello, pero prefirió no evocar al sumiso que habÃa sido -mejor dejarlo descansar en la memoria y empezar a perderlo-. Su compañero, emocionadÃsimo, lo felicitó por sus várices y sus bolas y le recomendó que empezara a fumar. Gritó las novedades por la oficina, que Gastón tenÃa várices y dolor de bolas, y todos se acercaron a felicitarlo. Lidia salió corriendo para la panaderÃa y volvió al minuto con una torta con velitas. Todo fue muy espontáneo, la torta se puso en un escritorio, sus compañeros lo ubicaron frente a la misma y rodeándolo en cÃrculo le pedÃan a los gritos unas palabras. Gastón, esforzándose por llorar les dijo: "Simplemente, gracias", y todos se unieron en un gran abrazo. Desde ese dÃa en adelante recibÃa invitaciones para hacer cosas todas las tardes, ir al urólogo, al proctólogo, al flebólogo, a la farmacia que tenÃa alcohol en gel de a tres litros y a los lugares de préstamo fácil sin necesidad alguna del dinero, sólo para pagar mensualmente monstruosos intereses porque sÃ, porque aparte de economista era humano, y tenÃa que hacer cosas mal para ser normal.
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