UNO
No te reconocÃ.
Yo tampoco a vos.
Es más. No me reconocà a mà misma.
Yo tampoco a mÃ.
¿Pero sos vos, no?
SÃ, sÃ, creo que sÃ. ¿Y vos sos vos?
Me parece que sÃ. ¿Vos que decÃs?
Yo digo que sÃ, que sos vos. Con sólo mirarte y escucharte me doy cuenta de que sos vos.
Pero no me habÃas reconocido.
Porque me parecÃa mentira que fueras vos.
¿Y ahora te parece que de verdad soy yo?
Irrefutable.
Si no te hubiera encontrado me habrÃa hecho falta un espejo.
Yo me reconocà al toque después de reconocerte.
Vos no podrÃas ser otra.
Pero te parecà otra cuando nos encontramos.
Te confundà conmigo.
DOS
No sé si la flor es el poema o el poema es la flor.
No sé si habÃamos aprendido el modo de escuchar el tumtum de los versos debajo de las letras. Al escribirlas, todas tenÃan cabellos, dentadura, órganos epiteliales, vasos sanguÃneos, extremidades. Algunos acentos bien pudieron ser el anuncio de un ecosistema diacrÃtico y rugiente. A veces, las consonantes adversarias se hacÃan amigas. A veces, sobrepasaban los lÃmites de la amistad y fornicaban silabeando de adelante para atrás, hasta dar a luz animales extraños. Algunos eran breves pero soberanos. Entre ellos, se distinguÃa uno oscurÃsimo, y las letras lujuriosas se unÃan para llamarlo noche. Noche, noche, lo llaman y la bestia, obediente, descendÃa como una criatura retornada.
El animal de la noche tenÃa cinco letras, y le alcanzaban para oscurecer la mitad del mundo.
TRES
No fui ni la primera ni la última, pero me di cuenta de que esto iba a llegar un dÃa, en un libro, o en un ensueño, o iba bajar de un avión, o iba a llamar a la puerta como un vendedor ambulante que ofrece un billete de loterÃa. Me di cuenta de que iba a llegar sin más, tal como al siglo XVI le llegó su barroco y al siglo XIX la razón. Cuando lo vi, la memoria se me dividió en dos mitades amarillas. Entonces empezaron a desfilar las imágenes incompletas. Yo sabÃa que tenÃa que dejarlas ir pero no era tan fácil. Pasaban, una a una por el camino de mi propia profecÃa. Y a medida que se iban, dejaban espacio a otras que eran organismos nuevos. Por alguna razón me di cuenta de todos mis sueños eran reales.
CUATRO
Vamos y venimos creyendo que somos nosotros los que vamos y venimos, y que no es el sueño el que nos empuja. Entonces empiezan las palpitaciones y una conciencia de belleza que no se dice porque no es una cosa fácil de decir, pero en cambio se hace con tanta soltura, hasta que al final siempre es la belleza la que nos nombra.
CINCO
Helena trabaja todo el dÃa. Y trabaja toda la noche. Es Helena o "Helena" según el caso. Triste o alegre según la ocasión. Callada o muda según haga falta. Pasa uniformemente de la habitación iluminada a la habitación oscura. Y el mundo sigue.
SEIS
Lo que yo guardo para mÃ, es la idea de que en cualquier momento pueda darme un dolor de cabeza, un hechizo glorioso, un desmayo de muerte, un deletreo final.
Desde el silencio al que siempre retorno, desde las sombras de las que nunca salÃ, sueño con que siempre haré una escritura como obra de mi deseo.
SIETE
Si mi lector no estuviera allÃ, yo estarÃa perdida, porque escribo cosas que no puedo leer.
cairo367@yahoo.com.ar
© 2000-2022 www.pagina12.com.ar|República Argentina|Todos los Derechos Reservados
Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.