Hoy no estoy de humor. Me levanté con pocas horas de sueño y encime tuve algunas pesadillas. Dejaba la puerta abierta, estaba con alguien adentro de mi casa, creo que mi mamá. SÃ, sin duda era mi mamá. Entraba un hombre joven a la casa que nunca habÃa visto. TenÃa cara de medio loquito. SÃ, me daba escalofrÃos. SabÃa cuáles eran sus intenciones, pero no habÃa forcejeo, todo se daba naturalmente. De alguna manera yo le seguÃa el juego para no generar conflicto. Pero sà gritaba alto, muy alto: "Mamá, llamá a la policÃa". Tan alto grito en el sueño que lo grito realmente y mi propia voz me despierta. Tan alto grité que no me pude volver a dormir. Mi mente comenzó a jugar con las mismas ideas de siempre, los mismos personajes, que nunca se sabe si son reales o inventados; claro, como si lo real existiera, ¿no? Todo al fin y al cabo es una creación nuestra. Hasta nosotros somos nuestra propia creación, algo asà como Frankentein creó su monstruo, nosotros nos transformamos en ese ser espantoso que piensa constantemente, perdiendo tiempo y energÃa en sin sentidos. Sueño mucho últimamente, justamente lo último no es la mente en estos dÃas. Está demasiado presente, más de lo que quiero y definitivamente más de lo que la necesito. Estoy con ganas de desaparecer. Me vuelve esta sensación cada tanto. Quiero acovacharme en la cama y no salir por dÃas, quedarme eternamente en un costado del futón tapada, con un libro en una mano y un té en la otra, meterme en un cine donde pasen una pelÃcula que dure mil horas, salir por la ruta con el auto sin destino y sin que nadie sepa dónde estoy. Claro que nunca termino haciendo nada de esto, no es más que una fantasÃa, una necesidad de estar más conmigo que con el mundo. Por qué siempre elijo al mundo aún no sé, creo que eso está cambiando, pero no quiero ser un avestruz y esconder la cabeza bajo la tierra. No sé qué quiero, pero eso seguro que no. Hoy no estoy de humor y no sé por qué. Hoy dije la palabra tristeza cuatro veces y me lo hicieron notar. Claro está que la pileta sucia no es triste, ni la silla destartalada con hojas arriba es triste, tampoco la relación de fulano con mengano es triste. Yo lo estoy viendo asà por algún motivo, las palabras son poderosas. Hace diez años atrás usaba de manera compulsiva la palabra horror, luego fue la palabra complicado, hoy es la palabra tristeza. Llamativamente decimos que algo nos pone felices usando el objeto indirecto de manera correcta tanto para la gramática como para nuestro espÃritu. Pero cuando algo nos pone tristes porque probablemente nosotros ya estemos tristes de antemano, impersonalizamos la frase y le echamos la culpa al objeto, hecho o evento. Lo ponemos por fuera. Hoy puede ser, sÃ, me levanté triste. Y cuando pasa eso cierro los ojos y pienso en el sol, un sol mitad amarillento mitad anaranjado, mezclado con la espuma del océano que conocà en KoSamui y en otro sol rojo enorme de horizonte en el mar que conocà en Goa. Los recuerdos de estos soles de amanecer y atardecer no son tristes ni alegres, simplemente son dos de mis momentos tesoro. Salgo del hospedaje de KoSamui cada mañana a las siete. Mi esposo aún duerme, pero lo saludo con un beso y me escapo a mi espacio de soledad en el viaje. No está lejos la playa, asà que comienzo a trotar por el caminito que me lleva a la arena. Se abre la imagen entre unos árboles y visualizo el sol comenzando a asomar como tÃmido. No puedo dejar de mirarlo aunque me enceguece. Corro por la playa algunos dÃas con zapatillas y otros descalza. Esos dÃas la sal del mar queda pegada en los pies. Y me gusta, me gusta mucho. Veo en el recorrido a varias personas que están comenzando el dÃa con los asanas del saludo al sol. No hay nadie más a la vista. Sólo las olas que no paran de ir y venir, moldeando los tiempos de mi respiración. Vuelvo al hospedaje con alegrÃa, desayunamos y miramos mapas. En Goa, salgo a correr por la playa cuando el dÃa termina. El sol es gigante, más grande incluso que un barco que se escapa hacia el fin del mundo. Voy esquivando hombres alemanes, mujeres rusas, vacas indias. De un lado cantidad de barcitos de playa, del otro el mar de escenario y una gran cortina roja de fondo. Y yo respiro y sonrÃo. Ese es mi saludo al sol. Hoy, me levanté de mal humor y triste, más que nada triste. No importa por qué. Ya no hay KoSamui, ¿será eso? Me gustarÃa tener ese amanecer todos los dÃas, pero es parte de esas creaciones mentales de las que hablaba antes. Esto no puede ser. Al menos no es. Como tampoco puedo despedirme del dÃa eternamente con un atardecer de pelÃcula hollywoodense. A veces llueve, o hay niebla o simplemente una nube se cruza en el camino. Se termina este dÃa. Me miro al espejo y me cuesta reconocerme. ¿Alguna vez hiciste la prueba? Miro cada detalle de mi rostro y los que más hablan son los ojos. Ellos me dicen que está todo bien, que realmente no pasa nada. Ellos me entienden y me susurran un arrorró. Me voy a dormir esperando no soñar, por primera vez no quiero soñar, ni dormida ni despierta. SÃ, claro, nos hablamos. Hasta el próximo amanecer, que todos valen la pena.
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