SalÃa de mi casa y me percataba de que me habÃan robado la moto...La primera vez me despertó una módica angustia que se intensificó en las veces sucesivas. Las circunstancias eran variables...unas veces, en la puerta de mi casa, otras, en lugares donde solÃa concurrir. Siempre el alivio al despertar era intenso, pero un exiguo residuo persistÃa hasta borrarse con el desayuno y la movilidad cotidiana de la existencia... La verdad es que yo iba con la motoa todos lados, digamos quese habÃa constituido en una extensión de mi cuerpo y me ayudaba a obviar el tema de mi tendinitis crónica. En ese sentido, (siempre hay un sentido en los actos), me era imprescindible,pese a que yo me conducÃa con negligencia, incluso...una cierta desidia. Por eso, muy de tanto en tanto, fundamentalmente cuando padecÃa el sobresalto de los sueños recurrente, cuestionaba mi proceder. Para ser sincero nunca me ha sobrado nada, en ningún sentido, pero más que nada en el material. Uno de mis amigos me recalcó varias veces, que pusiera más cuidado al dejar la moto en la vereda. "En cualquier momento te la roban", dijo... "Y bueno, respondÃ, seguramente será alguien que la necesita más que yo". El gesto fastidioso de Oscar reprimió una ulterior consideración: yo juzgaba que quien robaba se arriesgaba en extremo, dado que en nuestro orden social, una posesión vale más que las personas, tanto para ladrones como para personas respetables, sin mencionar las diferencias en cuanto a los que tienen poder y la inmensa mayorÃa de ofendidos y humillados... Yo sentà la perdida como una contingencia más en el decurso de mi vida... y me refugié en el hábito de emular los personajes preferidos, en este caso, tal vez sin saber bien por qué, a Lord Jim, que se arrojó del "Patna" al creer que se hundÃa, ignorando que asà inscribÃa un destino venturoso y aciago de exilio, culpa y castigo. No sé porque digo tal vez, seguramente loemulaba puesto que la voz del viejo Steiner nos repetÃa: "DesconfÃo de los hombres que no respetan el valor del dinero", sólo que yo siempre fui inepto para ganarlo. Asà que, mi actitud no ha cambiado aunque no está exenta de Ãntimas contradicciones y de una progresiva zozobra...Pero, bueno, me digo, si siento de esa manera y eso me ha hecho aceptar mi camino, debo sostenerme ya no sólo por mÃ, sino por aquellos a los cuales he involucrado en mi forma de vida. No serÃa bueno un cambio de actitud, por no ser capaz de tolerar la intemperancia de los años y la carcoma que produceen las convicciones de uno.Desgraciadamente, nuestra inteligencia y nuestra imaginación son tan reales como la realidad de nuestras convicciones y la vivencia con la que alentamos nuestro mundo. Por mi parte, me cuesta poco conformarme con lo que tengo... alguna vez supequien querÃa ser, pero rápidamente me di cuenta que no poseÃa lo suficiente para lograrlo...En algunos momentos, ese sentimiento incurrÃa en una vacilación, fundamentalmente cuando entraba en posesión de lo que era mÃo desde siempre, lo que estaba en el orden sintáctico de mi memoria y que se contrariabacon la posesión de mi moto, con su materialidad, no a lo que devenÃa de una extensión simbólica, que se interponÃa entre la moto y mi conciencia de su posesión que iba más allá de la posesión misma...algo del motor de la vida con que me habÃa sido legadala vida por mis ancestros, tal vez por la pasión de mi abuelo hacia los autos. Y algo que devenÃa en una hyle un tantotemblorosa de cierto vértigo imaginado, en el fragor incontrastable de la vida,incluso de la muerte, pero no de una muerte antes de tiempo, sino la muerte consabida, la que llega en el momento preciso en que la fuerza del cuerpo y de uno mismo deciden desertar... Creo que por eso acepté con resignación lo que un dÃa antes de la noche buena ocurrió; dejé la moto por unos minutos en la puerta de mi casa y desapareció. Salà urgido hacia la seccional y en el camino me levantó un patrullero que comenzó a dar información... Uno de los policÃas, dijo, tranquilÃcese, la plata va y viene... Yo estaba tranquilo, pensé: la vida va y viene... Es más, esa noche me dormà como de costumbre...Al dÃa siguiente, las cámaras de una casa vecina mostraban los rostros de los dos ladronzuelos...no tendrÃan más de veinte años. Asumà de inmediato que no verÃa más a la moto y de inmediato comprendà que el hecho le habÃa puesto un punto final a un sobresalto que me asaltaba en lo onÃrico y que tal vez,lo más terrible, está envuelto en la sustancia evanescente de los sueños... Al fin de cuentas me dije, la realidad es un flujo infinitamente cambiantey lo de hoy se transforma en el mañana... La vivencia colosal de la vida, su magia, su potencia, incluso su decepción, son más fuerte que cualquier partida...Dada las aflicciones de mi cuerpo que envejece más rápido que yo, a veces suelo lamentar el hecho de no tener la moto, puesto que me permitÃa ir de un lugar a otro aprovechando al máximo el tiempo, pero es sólo un momento, es más, en momentos asà me deleito pensando en todo lo que su pérdida me ha deparado, puesto que la parada del colectivo me ha vuelto a demorar en la magia de una espera que no solo consiste en el placer anticipado de leer en el trayecto o prestar atención al murmullo inquietante surgido en el continuo fluir de los transeúntes... Digamos, que por ese acontecimiento, he vuelto a sentir que soy uno más en el anonimato agradable de la muchedumbre... El tiempo que se ha perdido es ahora un tiempo recobrado, ya no es sólo en el ámbito de mi escritorio; en cualquier parte vuelvo a caminar con Dalhmann, Charles Sanders Peirce o algún personaje sin nombre de Cátulo o Katunga Contursi.
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