Mujeres
A medida que se aproxima el m铆tico Bicentenario de Mayo se multiplican las evocaciones. Pero la historia oficial, la que atesora las im谩genes de Figueroa Alcorta y la infanta Isabel de Borb贸n, omite o bien coloca en un lugar subalterno a aquellas personas que con su lucha vindicadora buscaron doblegar la violencia estatal, la explotaci贸n contra los trabajadores.
La Argentina de 1910, era la tierra de las mieses doradas que a raudales sal铆an por los puertos, pero era tambi茅n el escenario de las protestas sociales, las huelgas obreras y la deportaci贸n de hombres y mujeres de ideolog铆as revolucionarias.
La huelga de inquilinos de 1907 fue un hito en esas luchas por la dignidad humana y tuvo en las mujeres anarquistas un claro exponente de insumisi贸n y reinvindicaci贸n de g茅nero.
Nombres como de Juana Rouco Buela y Rosa Dubovsky merecen ser rescatados del olvido, estas mujeres padec铆an como casi todas la doble condici贸n de explotadas y oprimidas.
El capitalismo, sustentado en el patriarcalismo impone mandatos que son consecuencia de las relaciones sociales de producci贸n, pero adem谩s de la necesaria reproducci贸n de la fuerza de trabajo, combustible principal del sistema que requiere atenci贸n y crianza de los ni帽os, su alimentaci贸n y educaci贸n y un largo etc茅tera.
En sus memorias, Historia de un ideal vivido por una mujer, Juana Rouco, evoca los d铆as de su llegada a la argentina, el clima social y pol铆tico, la agitaci贸n proletaria y su pronta incorporaci贸n a la organizaci贸n anarcomunista, la FORA del V Congreso.
Su larga militancia implica adem谩s de la diaria labor en procura del sustento cotidiano, la redacci贸n de notas y manifiestos, la activa participaci贸n en m铆tines y asambleas.
Rosa Dubovsky, proveniente de Europa central, batall贸 junto a su compa帽ero Adolfo, primero en su lucha contra el zarismo ruso y luego en estas latitudes en m煤ltiples huelgas y revueltas obreras.
Es preciso evocar a estas mujeres valerosas que sab铆an de la ternura, de la lucha por el socialismo, la justicia y la libertad, de la vindicaci贸n de derechos para los oprimidos y que no esperaban honores ni laureles sino el d铆a en que la humanidad se decidiera a erigirse sobre bases de justicia social y fraternidad universal.
Ellas sembraron la semilla que fructificar谩 en este suelo m谩s temprano que tarde.
Carlos A. Solero
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