Aquellos d铆as
Hace solo una d茅cada, y parecen muy lejanos aquellos d铆as de diciembre de 2001, en los que el plomo de las fuerzas represivas acab贸 con la vida de luchadores sociales y vecinos desesperados con salarios erosionados por el saqueo de los de arriba o simplemente desempleados.
Aquellos d铆as, los precios estaban en escalada y estampida, los docentes universitarios sin cobrar salarios llegando a fines de diciembre y los estudiantes en las calles manifestando su protesta, junto a los trabajadores y a punto de tomar las facultades. El modelo del 1 a 1 multiplic贸 el desempleo lanz贸 al abismo a miles de mujeres y hombres.
En tanto una funcionaria, con total desparpajo socializaba las culpas y dec铆a "no sigamos echando le帽a al fuego", mientras era de las que atizaba la hoguera de la corruptela pol铆tica.
En medio del caos que generaron las pol铆ticas del neoliberalismo capitalista, el entonces Presidente dict贸 el estado de sitio, y no s贸lo Rosario fue escenario de la persecuci贸n y la muerte en las calles, tambi茅n Buenos Aires ardi贸 de furia. Multitudes repudiando el accionar estatal. Los organismos de defensa de los derechos humanos enfrentado al poder artillado como en la dictadura.
"Que se vayan todos y no quede ni uno solo", era el clamor del pueblo, los de abajo hartos de la impunidad y la expoliaci贸n de los de arriba.
Entre otras v铆ctimas de la represi贸n estatal recordamos a Pocho Lepratti y Graciela Acosta, en nuestra regi贸n y en plena Avenida de Mayo al ca铆do trabajador Gast贸n Riva. Sangre de los hijos del pueblo derramada.
Las asambleas de vecinos fueron surgiendo espont谩neas como respuesta autoorganizativa que se autoconvoc贸, deliber贸, decidi贸 y ejecut贸 una serie de iniciativas autogestivas que aun persisten, huertas comunitarias, imprentas, comedores populares.
Como se帽ala el soci贸logo Ren茅 Loureau, luego el efecto Mulman se apoder贸 de estas experiencias, los pol铆ticos profesionales lograron neutralizarlas y el inconsciente estatal se impuso anulando ese potencial transformador. Otra vez los vasallos quebraron su cerviz ante los poderosos, vuelta a la delegaci贸n de voluntades, pero no todos lo hicieron.
Por eso consideramos que a una d茅cada las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001, no deben ser evocadas como meras efem茅rides de calendario, sino como lo que fueron: dram谩ticas jornadas en las que por unos meses empu帽amos nuestro destino en nuestras propias manos.
Carlos A. Solero
ApdhRosario
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