Parece verdad lo que dijo el veterano comentarista de fútbol, que estaba como todos tratando de dilucidar y de entender la renuncia de Messi, en un programa de televisión, como corresponde a la civilización actual. Se preguntaban el por qué de esa renuncia, querÃan entre todos avanzar sobre sus motivaciones, hay que decir que tan sólo elucubraban, pero con toda la convicción de que estaban buscando la verdad, y lo hacÃan honestamente. ParecÃan sinceros, hasta el punto que parecÃa que el comentarista veterano que siempre guardó la compostura y la ecuanimidad en sus comentarios, pareció comenzar a hablar de un modo más airado que de costumbre, es decir distinto a su costumbre de hombre parsimonioso, mesurado, casi sin excesos, imparcial. Sin embargo, este suceso que conmovió al paÃs, casi sin excepción, lo sacó de su actitud mesurada y querÃa hablar tanto que se superponÃa a lo que otros querÃan decir. Como si quisiese decir algo que pugnaba por salir de su garganta pero que no lo lograba por más esfuerzos que haciera, incluso mentales. Supongo que se retiró del canal con la sensación de no haber dicho lo que querÃa decir, no se sabÃa si era porque era algo imposible de decir o porque era algo que caÃa fuera de su dimensión y alcance, que es casi lo mismo.
Ya no recuerdo qué fue lo que dijo, porque no sólo en ese programa sino en otros parecÃa que las opiniones eran circulares, es decir se volvÃa siempre a los mismos puntos para decir de nuevo lo mismo, queriendo decir algo distinto o disfrazando que estaban diciendo lo mismo, cuando se daban cuenta. No importa lo que haya dicho, porque cualquier cosa es la misma en toda la lÃnea y para todos los presentes, circulando sobre sus dichos simulando decir o querer descubrir la verdad.
Cuando Messi renuncia era visible que estaba colmado de angustia, y la única forma de sacarse esa angustia de encima era renunciando, seguramente sin ignorar lo que eso podÃa significar para toda una nación. Además, seguramente, era algo que hacÃa tiempo vendrÃa pensando, esto fue lo que dijo el avezado comentarista, que no parecÃa meramente una ocurrencia del momento sino que debÃa ser algo que venÃa pensando y que encontró la ocasión. Porque si bien podrÃamos decir que fue una irrupción inesperada, nosotros que estamos acostumbrados a sufrir, sabemos también que debÃa ser algo que venÃa masticando, a pesar de sus esfuerzos por contrarrestarlo. En esta ocasión, lo que siempre supo o pudo o que lo ayudaban a contrarrestar, esta vez fue incontenible. No habÃa nada que hacer, se largó y renunció mal que le pese a sà mismo y a todos sus admiradores.
Fue lo que se dice un acto ético, esa clase de actos que no tienen vuelta atrás, pero sobre todo porque fue, parece, pensado desde hace tiempo, fue una conclusión; aunque vuelva alguna vez, cosa posible por esa tendencia humana al goce destructivo, aún asà estará la marca de su acto para siempre, para él y para todos. Imborrable. Pero acaso no podrÃa hacernos bien a todos que alguien renuncie a un sufrimiento, no es algo que quizás este paÃs necesite, le venga bien, que queramos sufrir menos aunque eso signifique estar dispuestos a una pérdida irreparable, como es el caso de la pérdida de Messi para nosotros, asà como la pérdida de obtener eso imposible para él, está visto.
¿Podemos exigirle a alguien hasta el colmo de su angustia que nos divierta, que nos haga gozar, y luego escarnecerlo si no nos satisface? ¿No implica eso una crueldad sin lÃmites, casi una perversidad? Porque no renunciamos nosotros a ese goce, podemos pedirle a él que no lo haga, que vuelva para hacernos gozar. ¡Tanto circo necesitamos! Estamos como los antiguos romanos en su coliseo, ¡qué nos importa la vida de esos gladiadores, si nos divierten! ¡Oh los avances de la civilización! Y el que se va está condenado al exilio, al destierro, anque a la muerte.
*Psicoanalista. Coordinador de la página de PsicologÃa de Rosario/12.
© 2000-2022 www.pagina12.com.ar|República Argentina|Todos los Derechos Reservados
Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.