En una nota publicada en Rosario/12, el representante del Colegio de Arquitectos eleva sus protestas en forma vehemente ante lo que interpreta como medidas del Gobierno Municipal que impiden la continuidad y ampliaci贸n de las inversiones inmobiliarias en Rosario, y en el barrio "Pichincha" en particular.
En realidad, ser铆a muy importante que tanto el propio arquitecto Farruggia como los dem谩s involucrados en el tema, se pusieran a analizar mucho m谩s profundamente sobre el particular modo en el que se ha desarrollado la construcci贸n edilicia en nuestra ciudad, especialmente en cuanto a lo an谩rquico de su implantaci贸n, basando las inversiones en las entendibles pero peligrosas ansias de rentabilidad r谩pida y alta.
Quienes invierten en construcci贸n en cualquier pa铆s organizado del mundo, saben que tienen que atenerse a lo ordenado por las instituciones representativas del Poder Popular; en nuestro caso, la Municipalidad.
Lo ordenado y decretado, lo est谩 porque los representantes de todo el Pueblo de la Ciudad recibieron esa potestad, ese mandato, y por lo tanto, no pueden algunos intereses particulares primar por sobre los del resto de los conciudadanos.
Es verdad que la inversi贸n inmobiliaria trae aparejado un movimiento econ贸mico importante que sin dudas genera beneficios para la ciudad. Pero a la par de ello, debe comprenderse que la misma est谩 conformada por hombres y mujeres que desarrollan y producen una determinada cultura, la cual es heredera de anteriores y gestora de las por venir.
Nuestra historia cultural ha sido generadora de especiales manifestaciones arquitect贸nicas y urban铆sticas, entre las que las del Barrio de "Pichincha" se destaca no por la belleza de lujosas residencias (como en bulevar Oro帽o), sino por un particular entrelazamiento de sus construcciones, y especialmente por los usos que en ellas hubo.
Por supuesto que no puede pretenderse impedir cualquier tipo de cambios morfol贸gicos o de uso, porque como toda manifestaci贸n cultural, la arquitectura y el urbanismo conllevan consigo el sentido del cambio.
Pero la regulaci贸n y profundidad de esos posibles cambios deben estudiarse, no bas谩ndose en las necesidades de r谩pidas y ping眉es ganancias de las empresas constructoras e inversores inmobiliarios, sino en un Plan que marque claramente los objetivos que como ciudad se pretende alcanzar.
Las diversas formas constructivas y de uso, combinadas con la preservaci贸n de las m谩s importantes manifestaciones de la "historia construida", permitir谩 que vayamos hacia una ciudad mejor.
* Concejal del PJ.
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