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Viernes, 18 de septiembre de 2009
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Viejas conocidas

¿Cómo es la vejez de una travesti? ¿Existe al menos la posibilidad de soñar con ella? La cátedra de Tercera Edad y Vejez de la Facultad de Psicología de la UBA inicia un trabajo de investigación sobre tantas personas atrapadas entre una estadística que marca la muerte temprana y la necesidad de estar espléndida y siempre joven.

Por Diana Sacayán
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Irene Castro nos localizó a Marlene y a mí. Quería que nos pegáramos un recorrido por el conurbano en busca de relatos travestiriles. Los datos que busca Irene para su trabajo de investigación se palpan con claridad en el inicio del recorrido en Laferrere, ya en el ómnibus azul y blanco que dice Catán por Laguna. Irene Castro junto a Ricardo Iacub son los directores de la cátedra de Tercera Edad y Vejez de la Facultad de Psicología UBA. Nosotras vamos a colaborar con la investigación. Las realidades sobre la posibilidad de pensar la vejez en la comunidad travesti parece no estar tan lejos de esa niñez usurpada de un arrebato. Los sueños robados, el proyecto de futuro que se desvanece en una verdad hiriente, que hace chocar los dientes y tragar saliva con sabor a hiel. Cuando se vive tan poco, tanto que no se llega a los 40, se vuelve compleja la intención de la pesquisa. Parece que las travestis somos siempre jóvenes. Claro, el pequeño detalle es que nos morimos antes. Esta investigación en parte nos propone proyectar futuro, alejarnos de la emergencia de resolver el sustento inmediato, nos propone crear herramientas para pensarnos, para construir un imaginario que rompa los límites de las estadísticas. Por eso, de pronto, se me ocurre invertir los términos, hacer yo las preguntas a los académicos, averiguar qué piensan de nosotras, qué buscan, qué creen que van a encontrar. Ricardo e Irene responden con gusto a mis preguntas.

¿Cómo surgió la idea de esta investigación?

—Una de las ideas que trabajamos en la cátedra tiene que ver con las continuidades y discontinuidades que se producen en la identidad de una persona con el paso del tiempo. Entonces nos preguntamos cómo sería este proceso tan complejo y dinámico en ellas.

¿Cómo ven ustedes la relación de las travestis con la vejez?

—El cuerpo travesti es un cuerpo “armado” desde el deseo, apoyado en diversas tecnologías, y se piensa desde continuos “retoques”. La identidad travesti reconstruye la marca del otro, ya sea en el nombre o en la expectativa de género, y gran parte del trabajo y desarrollo psíquico va a estar dedicado a una reformulación de esta identidad. Creemos que la identidad travesti tiene significados peculiares, asociados a la juventud y disociados del envejecer, ya que los cuerpos resultan instrumentales en función del trabajo que realizan y el paso del tiempo compromete su capacidad laboral. El prejuicio en cuanto a la vejez atraviesa a los/las sujetas/os travestis/transexuales como hecho social compartido por género y edades.

¿Qué parámetros usan cuando hablan de envejecimiento en las travestis, teniendo en cuenta que esta población tiene un promedio de 32 años en nuestro país?

—Los parámetros de envejecimiento no son absolutos, se piensan en base a una relación. El hecho de que mueran tan jóvenes con respecto al resto de la población nos indica las duras condiciones de sus vidas y la necesidad de crear conciencia de su situación. Según los parámetros, entonces, las travestis de 40 años se consideran sobrevivientes y privilegiadas al interior del colectivo trans por haber llegado a esa “avanzada” edad: han visto la muerte alrededor de ellas desde muy chicas. Marlene nos decía: “Tengo tantas muertes encima que pienso que sería imposible que mi madre se sostuviera con tantas muertes”.

¿Consideran que el trabajo de campo es fluido o se encontraron con obstáculos para avanzar?

—Es muy fluido porque nos hemos encontrado con personas preocupadas con sus vivencias y cooperando positivamente con nuestros requerimientos. Algunas dificultades tienen que ver con cosas sencillas, como pautar fechas y horarios de encuentros. Los lugares donde viven las travestis son de difícil acceso, sobre todo las que viven en provincia de Buenos Aires. Todo el trabajo lo estamos realizando en terreno.

¿Qué fue lo que más les impactó de los datos que tienen hasta la fecha?

—Sus condiciones de vida y la grave discriminación que sufren. Los relatos de encierro en cárceles, la cantidad de muertes de sus pares. La impresión dolorosa que tienen del deterioro de las que están enfermas.

¿Qué se pretende de los resultados que arroje este estudio?

—Pretendemos crear futuro. Este es un compromiso político con un grupo que sufre una de las peores discriminaciones que hayamos observado. El futuro es posible sólo saliendo de la vida prostibularia: el 90 por ciento del colectivo TTT trabaja en la calle, según relevamiento de la Defensoría de la CABA.

Esta posibilidad cierta es vista como un esfuerzo epopéyico. ¿Hay alguna situación que quieran mencionar o alguna impresión en particular en el transcurso de las visitas a las chicas?

—Una de nuestras observaciones es la vivencia en un continuo presente. Este estaría anclado en un cuerpo siempre joven, retocado con cirugías ante los avatares de envejecer. En el juego de niñas que no crecen, que no se desarrollan y que viven anestesiadas por la droga y el alcohol. Las señales de la caída de esta realidad paralela de juego, que se visualizan con la enfermedad, la escasez de trabajo y la discriminación, producen una eclosión que, en sus cuerpos castigados previamente, precipita la muerte.

¿Quiénes participan del trabajo y cómo está financiado?

—Por ahora no tenemos financiación; pensamos solicitar una beca de la universidad, pero por ahora lo financiamos nosotros/as. Los que participamos somos Ricardo Iacub como director, Irene Castro como codirectora y como investigadoras están Rosa Rodríguez y Nadia del Médico Zajac. Hemos decidido incluir dentro del equipo de investigadoras a Marlene Wayar y el Movimiento Antidiscriminatorio de Liberación, referentes travestis que nos acompañan desde el inicio del trabajo, por la calidad de sus trabajos, por sus conocimientos, por su compromiso, por las riquezas de sus aportes; sin ellas, esto sería imposible de llevar a cabo.

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