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Viernes, 2 de mayo de 2014
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Te lo digo por tu bien

Checha Kadener, quien le pone el cuerpo a Virginia, “la gorda” de Vacías, escrita y dirigida por Vida Morant, reflexiona sobre el recurso del humor, y sobre lo que hay detrás de las buenas intenciones.

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¿Cuánto hay de vos en el personaje de Virginia?

–No sé si tenemos demasiado en común. Virginia tiene un carácter más bien débil, no se ha podido despegar de la tormentosa relación que tiene con su madre. Yo, para empezar, no tengo madre, así que se podría decir que no tuve esos problemas. Además ella no ha explorado su sexualidad, yo he hecho todo lo contrario.

¿Cómo te llevás vos con las imposiciones estéticas?

–Yo me cago en todo eso un poco más que Virginia. Tampoco hago apología de la gordura. El 95 por ciento de los gordos conocemos los riesgos de la obesidad como enfermedad. Pero a nivel estético es otra historia. Soy actriz y expongo mi cuerpo constantemente a la mirada de los otros sin que me genere ningún complejo. Soy muy pro-Botero.

En Vacías, tu personaje no parece tener problema con la desnudez...

–Sí, muestro mis pechos y no lo vivo desde el complejo. A nivel personal no tengo problemas para generar relaciones con la gente. Yo no estoy para dentro, ni me gusta pasar desapercibida. Tal vez se deba justamente a que soy gorda, no sé. Gorda fui toda la vida y generé esta personalidad. Tampoco quiero decir que desentenderte de las normas no te va traer problemas.

¿Como cuáles?

–Me he quedado sin laburos por ser gorda. He salido con tipos que me han dicho “te amo” y a la hora de blanquear la relación con sus amigos y familia la gordura se vuelve un tema. En ese sentido, hay una mirada discriminatoria que a las personas gordas nos acerca a las identidades trans. Y luego están las cuestiones técnicas: ir al cine y no entrar en el asiento. No me afecta como para volver corriendo a mi casa y tirarme a llorar, pero obvio que sí me toca. Una vez, cuando tenía 16 años, mi papá me mandó a una psicóloga para que adelgace. Ella me decía que no era sano y me llegó a decir que yo no me decidía a adelgazar porque igual era aceptada socialmente. Tampoco es que todo es un drama. Tuve un novio formal. Con él no hubo problemas porque claramente le atraen las minas gordas. Hay un montón de tipos que se sienten atraídos por las gordas y lo viven sin prejuicio. Yo vivo plenamente mi vida sexual, aunque más bien intramuros. Me parece que salir y garchar está bien, pero cuando la cosa empieza a involucrar otros círculos sociales, ahí ya lo analizo. He cortado muchas relaciones en esa instancia. Son muchas las causas: malas experiencias en ese sentido, pero también que no me siento en un momento como para plantar bandera y tener hijos. Estoy lejos de eso ahora.

Tu personaje se ríe mucho de sí misma, ¿vos también?

–Sí. Me gusta el humor como autocrítica. En mi celular mi hermana figura como “mi gorda” y yo en el de ella figuro igual. Siempre fui la primera en joder con mi cuerpo. Eso tiene que ver con una barrera y una forma de resguardo. Yo jodo, entonces, ya no da lugar a que el otro pueda agredirme. Lo mismo hacen las travas. Ser destinatarios de la burla en la vida nos ha colocado en ventaja. Ningún chiste va a ser peor del que pueda hacer yo sobre mí misma.

¿Hay una mirada protectora o piadosa frente a la persona gorda?

–A veces las peores agresiones vienen en tono serio y con “buenas intenciones”, como cuando te dicen “todas las gorditas tienen linda cara” o “sos tan linda, es una pena que seas tan gordita”. Me han parado señoras en la calle para recomendarme nutricionistas con “las mejores intenciones”. Te dicen siempre “te lo digo por tu salud”. Pero lo que les preocupa no es tu salud, lo que les jode es que no pueden ver a un gordo.

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