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Domingo, 9 de diciembre de 2007
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CORDOBA > Vacaciones en el valle de Calamuchita

Sorpresas serranas

El valle de Calamuchita, con Santa Rosa como cabecera y Villa General Belgrano como vedette de la zona, encierra otros pueblos más pequeños pero no menos interesantes escondidos en las sierras del sur de Córdoba. Yacanto, San Miguel de los Ríos, Intiyaco, El Durazno y Los Reartes son postales ocultas de la provincia mediterránea.

Por Guido Piotrkowski

Partiendo de la capital cordobesa por la Ruta Provincial 5, el camino de curvas y contracurvas pasa por localidades como La Serranita y Alta Gracia, lugar de vacaciones del Che Guevara y su familia cuando el revolucionario aún era un chico más que correteaba por las calles de este pueblo. Una breve parada para visitar el Museo Casa del Che allí y otra en La Serranita para estirar las piernas y contemplar el río antes de seguir por el sinuoso camino que desemboca en el dique Los Molinos. La hermosa panorámica y la posibilidad de degustar y comprar jamón crudo, quesos saborizados o salames producidos en la Colonia Caroya obligan a parar el auto, una vez más, antes de llegar al primer destino: Yacanto. El viaje se hace más largo de lo esperado, los caminos de montaña son así, pero manejar entre las sierras tiene su encanto, aunque uno llegue un tanto mareado a destino.

La ruta pasa por Villa General Belgrano que, con su impronta alemana no pasa desapercibida a los lados del camino. Luego vendrá Santa Rosa, pueblo donde vale la pena detenerse para ver su pintoresca iglesia o paladear un buen locro criollo. Luego habrá que detenerse en la oficina de turismo sobre la ruta, para preguntar cómo llegar sin perderse a Yacanto, a sólo 28 km de allí.

En gomón y a golpes de remo, un paseo por el río Reartes, en Intiyaco.

Villa Yacanto

Este pequeño poblado, a 1300 metros sobre el nivel del mar y a 130 km de la ciudad de Córdoba, que se encuentra en pleno desarrollo turístico, es el lugar ideal para moverse entre los diferentes parajes que lo rodean y oficia de puerta de entrada a la Sierra de Los Comechingones o Sierras Grandes. El cerro Champaquí, con sus 2885 metros de altura, se erige como guardián absoluto del valle. El zigzagueante camino de los linderos conduce al imponente cerro, por allí son unos 42 kilómetros, de los cuales 30 son transitables en auto mediano, el resto es recomendable hacerlo en 4x4, sobre todo si el tiempo no es del todo bueno, porque el camino se pone fangoso. Una vez en el cerro Lindero, el ascenso al Champaquí se hace a pie, en una caminata que dura alrededor de media hora, y que una vez en la cima será recompensada con una increíble panorámica a dos puntas: hacia un lado se extiende Traslasierra; hacia el otro, el Valle de Calamuchita, custodiado por sus bosques de pinos, cedros, robles y álamos. La naturaleza en su estado más puro.

Yacanto es muy tranquilo; tiene un ritmo y una tonada que relajan. Por sus calles, recientemente asfaltadas, uno se puede cruzar con una familia de gansos o algún baqueano atando sus caballos a un poste en la puerta de restaurantes donde seguramente él no comerá.

Uno de los vagones-hospedaje del complejo de cabañas Sueños del Bosque, en Intiyaco.

San Miguel de los Rios

Muy cercano a Yacanto, a unos siete kilómetros, este oculto paraje serrano sorprende por su belleza, simple y natural. El vado es uno de los obstáculos a sortear: si el tiempo estuvo lindo, no habrá problemas; pero si la lluvia pasó por estos pagos recientemente el cruce se dificulta.

Y ni hablar si llueve mientras visitamos San Miguel. Tal vez la vuelta deba postergarse por un tiempo, algo que seguramente, si las horas o los días no apremian, no será estresante. Marco Moreno y su padre Manolo llevan adelante la hostería San Miguel de los Ríos y su restaurante La Mora, del cual Marco es el chef. La hostería, situada en medio de 200 hectáreas de un paisaje privilegiado forestado por Manolo en los ‘80, con avellanos, acacias blancas y robles, se encuentra a pasos del río Tabaquillos, y es simple y confortable. El restaurante, particular y acogedor, se especializa en “alta cocina serrana orgánica biodinámica”, según definen. Todo lo que allí se cocina proviene de la huerta propia que sigue los lineamientos de la agricultura orgánico biodinámica: no utiliza productos químicos y al mismo tiempo conserva la fertilidad de la tierra y cuida del medio ambiente. El menú fijo varía de acuerdo con la estación del año, y se pueden comer truchas del río Tabaquillos o un risotto de alubias, entre otras exquisiteces.

Para refrescarse sólo hay que descender por un sendero en medio del bosque hasta una playita con aguas frescas y sabrosas. A unos veinte minutos de caminata bordeando el río, una cascada desciende con fuerza entre las rocas.

El puente colgante que atraviesa el río acentúa el encanto del paraje El Durazno.

Intiyaco

Este poblado, enmarcado en un valle a orillas del río Los Reartes y rodeado de pinares, no figura en la mayoría de los mapas cordobeses. El río que desciende de las Sierras Grandes llega aquí más lento y cálido que en otros tramos; de ahí el nombre del pueblo, que significa “aguas del sol”. En las playitas del lugar predomina un silencio imperturbable, suavemente musicalizado por el lento descenso de sus aguas de cristal.

Intiyaco tiene magia y quizá por eso Jorge Cuba decidió llamar a su complejo de cabañas Sueños del Bosque. Este abogado de Buenos Aires apostó por este lugar y su obsesión es lograr su merecida mención en el mapa cordobés. Jorge también es conocido como el “Loco de los vagones”, por haber rescatado furgones de tren desvencijados de diferentes puntos del país, traerlos hasta Intiyaco y transformarlos, como por arte de magia, en confortables habitaciones o en una original casa de té. Se ríe de sí mismo al relatar la epopeya que significó traer estas máquinas en desuso desde lejos, y disfruta con la anécdota del vagón que quedó atascado en el puente que cruza el río Reartes durante casi dos días, en los que nadie pudo atravesarlo, alterando el pulso de un pueblo dormido. Justamente al lado del puente, en una de las despensas, se pueden alquilar caballos para recorrer los alrededores de esta villa mágica y misteriosa.

El río Tabaquillos fluye en la tranquila belleza serrana de San Miguel de los Ríos. Fotos: Guido Piotrkowski

El Durazno

Siete kilómetros al sur de Yacanto, el puente colgante que atraviesa el río caracteriza la entrada a este paraje serrano con playas de arena ideales para el relax y aguas calmas para bañarse. El puente sólo se utiliza en caso de emergencia, ya que para cruzar el río existe un vado. En el zigzagueante camino montañoso que conduce al pueblo, varios puntos panorámicos regalan postales que anticipan la belleza del lugar. En el Durazno, como Intiyaco, la magia también parece estar presente. El trazado de sus callecitas en las que perderse es una hermosa aventura, y sus construcciones, además de la playita y el río bajo el puente, hacen de este valle un lugar de paso obligatorio para quien visite estos parajes. Además es un excelente lugar para practicar pesca con mosca y señuelos, con devolución obligatoria, como en toda la región.

Los Reartes

Situado a unos diez kilómetros de Villa General Belgrano, aquí se encuentra el lado histórico de este recorrido sinuoso por el lado sur de las sierras cordobesas. Una capilla histórica del año 1738 –la más antigua del valle–, la tradicional pulpería don Segundo Sombra y el restaurante Lo de Acevedo, un antiguo caserón de 1804, conforman el tridente colonial en este pintoresco pueblo de arraigada tradición. Pero no sólo de vestigios coloniales vive Reartes. Los comechingones o pueblos de las serranías, que supieron habitar estas tierras hace más de tres siglos antes de ser extinguidos por asesinos de manos blancas, dejaron su huella por aquí. Cerca del río homónimo se pueden ver algunas de sus reliquias como los morteritos de piedra o morteros rituales.

Un baño en el río y una caminata a la cima del cerro, una comida orgánica y una visita a pueblos mágicos y misteriosos, puentes colgantes e historia coloniales... La vida te da sorpresas y el lado sur de Córdoba, también.

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