Para muchos es la mejor
excursi贸n que se puede realizar en Santa Cruz. El explosivo Perito Moreno
deslumbra a todos, s铆, pero al visitar el Upsala tambi茅n nos enfrentamos
a otro gran glaciar 鈥搈ucho m谩s grande鈥, con el agregado de
la ca贸tica y cambiante geometr铆a de los t茅mpanos, esas
colosales fortalezas flotantes que despiden una imagen fr铆a y abstracta
como la que reflejan los espejos vac铆os.
Avanzamos en un c贸modo catamar谩n que se desliza por las aguas
di谩fanas del lago Argentino, en busca del glaciar Upsala. Tras los ventanales
se despliega un gigantesco valle monta帽oso que pr谩cticamente nos
encierra a los cuatro costados. Al pasar por la Boca del Diablo 鈥搇a parte
m谩s estrecha del lago鈥 aparece el primer t茅mpano mediano,
que al no tener competidores con que compararlo nos deslumbra con la magia primigenia
de todo descubrimiento. El gran trozo de hielo tiene una parte blanca, otra
celeste y una transparente, resultado de los enga帽osos artificios de
la luz, que se descompone en un abanico de rayos celestes al pasar por un 鈥減risma鈥
de hielo.
En la lejan铆a aparece el encendido resplandor del glaciar, y un silencio
reverencial se apodera de los pasajeros. A un costado pasan el segundo, el tercero
y el en茅simo t茅mpano, que quintuplica el tama帽o de nuestra
embarcaci贸n. El bloque de hielo es como un gale贸n celestial de
30 metros de altura, con trasl煤cidas paredes, que flota misteriosamente
a nuestro lado. Impresiona pensar que esa gran mole reproduce su tama帽o
seis veces por debajo del agua, y que flote inm贸vil, como anclada para
siempre en el mismo lugar. Pero lo m谩s extra帽o es que la solidez
de estos acorazados de hielo se agrieta con facilidad, preludiando una separaci贸n.
En poco tiempo el t茅mpano se ir谩 subdividiendo numerosas veces,
para achicarse luego y alcanzar el tama帽o de un cubito que cabe en un
vaso de agua. Y por 煤ltimo se disolver谩 en la gran masa de agua
para convertirse en mol茅cula.
La esencia
Las formas, tama帽os y colores de los t茅mpanos son tan caprichosos
y cambiantes como las nubes. Los hay de varias puntas, con forma de pir谩mide
casi perfecta, y est谩n los que parecen un submarino que se insin煤a
apenas en la superficie del agua con su periscopio. Otros se asemejan a una
meseta que nace en las profundidades del lago, y est谩 aquel con insinuaciones
helicoidales. M谩s atr谩s, un t茅mpano sumergido asoma un
peque帽o tri谩ngulo, como la aleta de un tibur贸n. Algunos
se acercan ocultos con el sigilo de un cocodrilo, y otros parecen peque帽os
barquitos de juguete meci茅ndose a la deriva.
Un peque帽o giro del timonel nos hace bordear un t茅mpano colosal
con una pared perfectamente lisa. Y de inmediato se despliega ante nosotros
el frente radiante del glaciar Upsala, arroj谩ndonos en la cara todo el
brillo de su inabarcable esplendor. La primera imagen del glaciar produce un
inquietante asombro; un flash de belleza absoluta que se desvanece al instante,
como todo momento de perfecci贸n. Al salir a la cubierta, el desaf铆o
inicial es develar el misterio del color del hielo. Y esa curiosa necesidad
de ponerle nombre a todo nos obliga en un principio a ir descartando colores:
no es blanco, tampoco es el azul del cielo, ni el celeste o el turquesa. Pero
hay algo de todos ellos en esas extra帽as estructuras semitransparentes.
Si a esto se le suma que los colores van cambiando con el movimiento del sol,
y que cada sector de pared var铆a de tono seg煤n su altura y la
densidad del agua congelada, llegamos a la conclusi贸n de que, en referencia
al color, todo segmento de espacio es de transici贸n en el glaciar. Las
peque帽as variaciones en el gran contexto casi azul, casi blanco y casi
verde, conforman una verdadera composici贸n minimalista de colores emparentados,
que se combinan infinitamente creando un universo de matices construido con
muy pocos elementos. Estamos, sin dudas, ante un nuevo color; un color cambiante
y en perpetuo movimiento; un color inconformista al que s贸lo cabe denominarlo
鈥渃olor glacial鈥.
La forma
A simple vista el glaciar Upsala semeja la confluencia de varios aludes de nieve
que bajan por las monta帽as, acumul谩ndose en la parte baja de un
valle. Un marem谩gnum de color blanco parece llegar desde atr谩s
de las monta帽as, deteni茅ndose justo antes de caer al lago, como
si una pared invisible le hubiese cerrado el paso. El paisaje sugiere un movimiento
potencial de fuerzas descomunales que fueron petrificadas sobre un plano inclinado
en el momento culminante de su ca铆da arrasadora.
Una escarpada pared demarca el frente del glaciar, y detr谩s de ella se
vislumbran millares de picos de hielo que simulan c煤pulas de catedrales
amontonadas en forma ca贸tica, una detr谩s de la otra. Incontables
catedrales transparentes parecen sepultadas bajo el hielo, dejando vislumbrar
apenas las formas puntiagudas de sus ruinosas c煤pulas.
El tama帽o
El glaciar est谩 rodeado de picos y monta帽as que miden un promedio
de 2000 metros de altura. La noci贸n de las proporciones -totalmente inhumanas鈥
se pierde de inmediato en medio de la vastedad. Nadie en el barco se imagina
que esa muralla glacial que observamos con extra帽eza mide 4 kil贸metros
de ancho y adem谩s flota. Tampoco suena l贸gico que su altura supere
los 60 metros, y mucho menos que esa pared pueda extenderse unos 500 metros
por debajo del agua. Pero lo m谩s asombroso es saber que el 谩rea
total ocupada por esa acumulaci贸n de hielo resulta ser tres veces m谩s
grande que la Ciudad de Buenos Aires (60 kil贸metros de largo por 10 de
ancho) y ha sido utilizada alguna vez como pista de aterrizaje.
El glaciar es a todas luces una majestuosa trama de universos conc茅ntricos
que se extienden di谩fanos ante la mirada. Nos enfrentamos a un mundo
de rectas transparencias con un brillo que encandila e impide ver m谩s
all谩 de su superficie. Al asomarnos a su secreto, nos abruma la convicci贸n
de que detr谩s de esas torres de hielo se esconden venturosas maravillas,
esferas de cristal y hasta el secreto de la perfecta belleza. Pero el herm茅tico
microcosmos g茅lido permanece vedado y afuera de toda comprensi贸n.
Intuirlo desde la lejan铆a es nuestro 煤nico consuelo.
Tres glaciares
El barco se interna por el brazo Upsala del lago Argentino hacia la bah铆a
Onelli. All铆 desembarcamos para realizar una breve caminata en medio
de un bosque de lengas hasta uno de los paisajes m谩s espectaculares de
toda la Patagonia. All铆, donde termina el sendero, se abre un peque帽o
valle con una laguna colmada de peque帽os t茅mpanos que flotan muy
cercanos uno del otro. Desde la orilla da la sensaci贸n de que podr铆amos
cruzar el lago a los saltos entre t茅mpano y t茅mpano. Pero lo m谩s
asombroso est谩 justo detr谩s del lago 鈥揳 unos 500 metros鈥,
donde confluyen tres glaciares que parecen caer desde lo alto de las monta帽as.
Son los glaciares Onelli, Bolado y Agassiz, que 鈥搚 no es exagerado decirlo鈥
vienen a morir a nuestros pies.
Finalmente emprendemos el regreso, y en la primera fila de asientos del catamar谩n
una turista espa帽ola lee justo la primera hoja del libro m谩s famoso
de Gabriel Garc铆a M谩rquez, que comienza as铆:
鈥淢uchos a帽os despu茅s, frente al pelot贸n de fusilamiento,
el coronel Aureliano Buend铆a hab铆a de recordar aquella tarde remota
en que su padre lo llev贸 a conocer el hielo鈥
© 2000-2022 www.pagina12.com.ar|República Argentina|Todos los Derechos Reservados
Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.