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Domingo, 8 de mayo de 2005
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TERMAS > De Río Hondo a Entre Ríos y el Uruguay

Tibio, tibio, caliente, caliente

Con la llegada de los primeros fríos se potencia el atractivo del turismo termal. Numerosos manantiales naturales en la Argentina y Uruguay invitan a sumergirse en las aguas reparadoras que brotan a altas temperaturas de la profundidad de la tierra.

Por Graciela Cutuli
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Spa del hotel Quirinale, uno de los establecimientos más tradicionales de las termas de Colón, Entre Ríos.

La llegada del otoño es más que bienvenida en las zonas privilegiadas por la naturaleza donde brotan aguas termales, cuyas altas temperaturas las hacen ideales para el turismo en los meses fríos. En la Argentina, estas zonas están distribuidas por todo el extenso territorio: desde la cordillera, en Caviahue/Copahue, hasta las tradicionales termas de Río Hondo en Santiago del Estero y, por supuesto en el Litoral, donde la oferta turístico-hotelera es cada vez más variada. A los centros argentinos se suman, además, las vecinas termas de Uruguay, cuyos parques acuáticos cuentan con el entusiasmo decidido de los más chicos de la familia.

Splash!

Antes de partir, vale recordar que se considera agua termal a la que surge a la superficie con por lo menos cinco grados más que la temperatura promedio anual del lugar donde brota: el calentamiento es un proceso gradual que se va dando a medida que el agua asciende hacia la superficie, pasando por capas subterráneas cuyas rocas están a alta temperatura. Al mismo tiempo, en este proceso de calentamiento el agua se va enriqueciendo con el aporte de minerales disueltos, que tendrán luego distintos efectos benéficos sobre el organismo. Los expertos clasifican las aguas termales en numerosas categorías teniendo en cuenta su origen (superficiales o por infiltración de la red hidrológica subterránea), temperatura (desde las frías, de menos de 20ºC, hasta las hipotermales –21º a 35º–, mesotermales –35º a 45º– e hipertermales, de más de 45º), origen geológico (magmáticas o telúricas), composición química (ácidas, neutras o alcalinas) y composición mineral (bicarbonatadas, reguladoras del metabolismo; bicarbonatadas sódicas y cálcicas, positivas para afecciones gástricas y mejorar la digestión; bicarbonatadas sulfatadas, para intoxicaciones hepáticas; cloruradas, para afecciones dermatológicas y de efecto antiinflamatorio; ferruginosas, ideales para los casos de anemia y reumatismo; sulfurosas, aptas para tratar procesos reumáticos y pos operatorios). La lista de variantes es muy larga, lo que facilita el turismo termal “a la carta”: elija el tipo de agua y tendrá un lugar donde disfrutarla. Por supuesto, cuando los fines son más auténticamente medicinales que la simple relajación, es preciso acudir al consejo de un especialista que oriente sobre el centro termal indicado: no todas las aguas son aptas o indicadas para todas las dolencias. Pero cada vez más el turismo termal se aleja de esta identificación puramente medicinal para asociarse a un turismo de placer y cuidados corporales, como lo subraya la frecuente presencia de spa con tratamientos de hidroterapia en los hoteles de más categoría cercanos o dentro mismo de los centros más importantes.

Agüitas santiagueñas

Cuando se habla de termas, en la Argentina el lugar por antonomasia son las termas de Río Hondo, en Santiago del Estero. De hecho, este complejo termal extendido sobre 14 napas de agua es el centro turístico más importante de la provincia, con decenas de hoteles que brindan todos los servicios necesarios para los viajeros que acuden en busca de los beneficios del agua termal. Se estima que unas 300.000 personas llegan cada año a Río Hondo para recibir tratamientos médicos y estéticos.

El agua termal se genera a partir del agua de lluvia del cordón del Aconquija, que se acumula en las napas subterráneas y allí se calienta progresivamente, hasta que al salir –gracias a fallas o perforaciones que alcanzan los 800 metros de profundidad– tiene una temperatura de entre 36º y 42º. Los baños termales, que son ofrecidos en casi todos los hoteles de Río Hondo, se pueden realizar en grandes piletas o en bañeras individuales, además de duchas que brindan masajes ideales para la espalda, la columna y la relajación muscular.

Los indígenas santiagueños ya conocían los beneficios del agua termal, que solían recolectar en vasijas para valerse de sus propiedades cuando fuera necesario (en el vocabulario quechua quedaron palabras que revelan este conocimiento). En Río Hondo además hay un gran pulmón verde, el Parque Güemes, que incluye un polideportivo y un centro médico termal, donde se brinda asesoramiento sobre el tratamiento más adecuado para cada visitante. Allí se ofrecen también programas de rehabilitación y de fangoterapia, masajes y otros servicios. Para matizar un poco, por las noches la vida se anima en torno de las mesas del casino, y para los amantes de la pesca Río Hondo es mucho más que termalismo, ya que en las aguas del embalse se pescan pacúes, surubíes y tarariras todo el año.

Termas entrerrianas

A la hora de elegir baños termales, no sólo pesan en la balanza los sabidos beneficios para la salud y el descanso: los centros termales del litoral argentino (y el uruguayo) tienen también la ventaja de estar cerca de las principales ciudades (Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Paraná), de contar con importantes vías de acceso y de estar muy bien organizados en la oferta de paquetes para todos los gustos y presupuestos.

A orillas del río Uruguay, el complejo termal de Colón –cuyas aguas brotan a unos 1500 metros de profundidad– es uno de los más importantes de Entre Ríos. Las termas se extienden sobre unas cuatro hectáreas, que incluyen diez piletas (cuatro cubiertas) de distintas profundidades, con aguas ricas en sodio, cloruro, potasio y fosfatos. También hay piscinas para chicos, de apenas 40 y 60 cm de profundidad. El agua de Colón, que se encuentra a unos 36º, se considera ideal para aliviar el estrés, pero también es beneficiosa para muchos aspectos del organismo si se la consume en pequeñas dosis.

La oferta hotelera de Colón es amplia, pero uno de los hoteles más tradicionales y completos es el Quirinale, un cinco estrellas que cuenta con una amplia piscina de 190 m2 y una pileta termal de aguas mineralizadas. Por si fueran pocos placeres, el spa del hotel ofrece fangoterapia, masajes, máscaras, crioterapia, linfodrenaje y otros tratamientos cuidadosamente supervisados. Otra alternativa destacable son las Terrazas de Colón, un complejo que cuenta con servicio de hostería y cabañas, restaurante y bar, todo rodeado de jardines con árboles frutales, playa privada y bosque a orillas del arroyo Artalaz. El lugar está a sólo 900 metros del complejo termal, cerca del río Uruguay y del Golf Club de Colón, y fue puesto pensando en brindar un servicio cuidado al máximo en todos los detalles.

Hacia el noroeste de Colón, Villa Elisa cuenta por su parte con seis piletas termales de distintas profundidades, y un lago artificial de cuatro hectáreas. Las aguas, que surgen a más de mil metros de profundidad y alcanzan los 41º de temperatura, se pueden recibir en forma de baños, duchas o inhalación. Son de tipo clorurada-sulfatada sódica, de fuerte mineralización y alto contenido en sales.

Siempre hacia el norte y junto al río Uruguay, pero cada vez más cerca de Corrientes, Federación es un complejo en crecimiento y con buenas perspectivas de desarrollo. El complejo tiene cuatro piletas de uso pasivo, con temperaturas de entre 37º y 39º, dos piletas para niños, dos piscinas cubiertas (una con hidromasaje) y una pileta recreativa. Dentro del parque, donde se cuidaron al máximo los detalles, funciona un spa con distintos tipos de duchas y tratamientos de revitalización. También aquí hay muchas opciones de alojamiento, pero puede destacarse el hotel Costa del Sol, situado a orillas del lago Salto Grande. El complejo turístico acaba de ser ampliado, e incluye todos los servicios de la hotelería más moderna, en medio de un bellísimo ambiente natural que se divisa desde las habitaciones con vista al lago. También se construyeron una gran piscina, un salón de convenciones y nuevas salas de lectura.

Chajarí y La Paz

Siguiendo nuevamente camino hacia el norte, la próxima parada termal entrerriana es en Chajarí, un sitio que tiene relativamente poca difusión en comparación con los complejos más conocidos, pero quemerece ser visitado por los amantes del turismo termal. Se trata de un parque de 40 hectáreas, sobre la RN 14, con piletas a unos 40º y cuyas aguas gozan de reconocidas cualidades terapéuticas. En Chajarí hay cinco piletas con hidromasaje, algunas con cascadas; en invierno una de ellas se techa temporariamente. Las aguas del complejo son cloruradas, estimulantes de las funciones orgánicas y activadoras de cambios metabólicos. Dentro mismo del parque termal de Chajarí se encuentra el Solar del Chajá, un complejo de bungalows equipados con todos los servicios, que están a escasos metros de las piletas, lo que brinda una comodidad incomparable ya que evita tener que trasladarse desde el hotel hasta las piletas termales.

Entretanto hacia el oeste de la provincia el complejo termal de La Paz ofrece la cercanía a las imponentes barrancas del Paraná, sus bosques naturales y un entorno ideal para el turismo ecológico, los safaris fotográficos, la navegación por las islas y las cabalgatas. Para los amantes de la pesca deportiva, el lugar es un viejo conocido. Pero también para el turismo termal es un destino ideal: el complejo local ofrece 11 piletas de distintos tamaños y profundidades, con hidromasaje y todas las instalaciones necesarias. Se trata de aguas de origen marino, que surgen a unos 42º, fuertemente mineralizadas. El Resort Costa Dorada, frente al Paraná, está a pasos del complejo termal y se posiciona por lo tanto como una buena opción para los turistas en busca de servicios completos en las termas paceñas.

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