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Universidad|Viernes, 5 de mayo de 2006
OPINION

Dos vías ante la crisis

Por Luis Quesada Allué *

Pareciera que en la discusión del problema actual de la UBA no se presta atención a los hechos. El modelo de democracia “parlamentarista” de la UBA es parecido al modelo constitucional vigente en nuestro país, con lo bueno y lo malo que éste tiene y la peculiaridad de representación por “estamentos” académicos. Este modelo se alcanzó gracias a la Reforma Universitaria del ’18, que fue ante todo una “revolución” ideológica de avanzada; cuya influencia llegó hasta el Mayo Francés del ’68. Y que se concretó gracias a una “revolución” fáctica (movilizaciones y huelgas generales de estudiantes), viéndose el gobierno obligado a intervenir la universidad y acceder a gran parte de las demandas.

Para que en la UBA actual se llegara a la abolición de la asamblea constituida legítimamente, los descontentos deberían contar al menos con la adhesión de la mayoría de los estudiantes. ¿Está dada esa situación? No lo creo. Pero los grupos minoritarios de estudiantes podrían demostrar lo contrario, con manifestaciones masivas y ocupación de las facultades, si pudieran. Si los grupúsculos pretendieran entorpecer el funcionamiento de la UBA en forma permanente, es probable que no lo lograran en más de una a tres facultades y probablemente la reacción contra ellos sería unánime; siendo repudiados, incluso por la fuerza. El “atajo asambleístico” de un grupo que se autoconvoca y decide que todas las normas vigentes son ilegítimas, que los representantes electos son usurpadores y que el orden actual se debe modificar compulsivamente es algo inviable. Funcionalmente es indiferente si el grupo mesiánico es de derecha o izquierda. La perversidad del mecanismo no cambia; aunque –de tener éxito– los resultados fueran muy diferentes.

Por lo tanto, estamos ante una situación no revolucionaria y la vía para la mayoría de los integrantes de la UBA es la democrática. ¿Cómo se hacen cambios progresivos y progresistas? Ganando elecciones con candidatos éticos, altruistas e idóneos. Luego de una suficiente mayoría de éstos en todas las facultades, se podría articular una plataforma de cambio, eventualmente convocando a la asamblea y –si se piensa que está obsoleto– adaptar o cambiar el estatuto. Así de fácil y así de difícil.

Ahora bien, estamos en la Argentina de la anomia política y del borreguismo electoral y la universidad no es una isla, ni tampoco la caldera a punto de explotar que existía en el ’18, con un marco internacional signado por la revolución de Octubre del ’17. Si la mayoría de la UBA, a través de sus representantes electos, decide entregar la universidad al shuberoffismo coaligado con la derecha conservadora sólo caben dos posiciones para la gente más progresista y democrática (aunque aquí la línea de corte es más bien la ética): o bien se asume que se perdió una vez más ante la maquinaria del “toma y daca” y se trabaja duro para revertir la situación en los próximos años o algún sector hace en el futuro inmediato una demostración de enorme poder político y de movilización y entonces quizá podríamos alcanzar la segunda Reforma Universitaria. Ninguna de las dos vías es fácil.

* Profesor de la Facultad de Ciencias Exactas (UBA), investigador principal del Conicet.

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