Principal RADAR NO Turismo Libros Futuro CASH Sátira
NO

todo x 1,99

Clara de noche

Convivir con virus
BoleteríaCerrado
Abierto

Fmérides Truchas 

 Bonjour x Liniers

Ediciones anteriores


Jueves 14 de Junio de 2001

tapa
tapa del no

convivir con virus

Hace un año que está detenido en el penal de Batán. No es la primera vez, desde los quince que recorre institutos de menores primero, diversos penales y comisarías más tarde. Su prontuario es casi su historia de vida, consumo de drogas, algún menudeo suficiente para seguir tomando, robos de estéreos, arrebatos, entradas y salidas. No dice que tres de sus hermanos murieron a causa del sida cuando otros están empezando a pensar en tener hijos o en terminar una carrera o en que ya es hora de enamorarse o mejor de comprometerse. Walter seguramente se enamoró más de una vez, pensó en dejar la falopa, en rescatarse. Pensó también en cuidarse un poco más. De hecho, poco antes de perder la última vez estuvo en casa de su hermana y decidió hacerse el análisis, sabía que tenía vih, pero nunca se había tratado y, bueno, tenía el impulso de hacerlo, de enterarse cuál era su situación. Fue al hospital Carrillo, en el oeste del Gran Buenos Aires. Lo acompañó su hermana para que no se arrepintiera. Los resultados fueron mejor de lo que esperaban, la carga viral era indetectable y los Cd4 –las células que indican el nivel de las defensas– estaban en un buen nivel. No hubo necesidad de medicarlo, claro que los controles se los hizo muy lejos de casa. Él vivía en Mar del Plata y no era muy cómodo volver a Ituzaingó para ver al médico. El problema es que el Hospital Interzonal de su ciudad hace tiempo que no cuenta con reactivos para los análisis de carga viral y Cd4. Lo mismo pasa habitualmente en el resto de la provincia de Buenos Aires, y en la Patagonia, y en Jujuy y en la mayor parte de los hospitales del país. Así entró, una vez más, al penal de Batán. Sin saber si todo seguía en orden o qué. Si no hay reactivos en general, mucho menos hay para los presos. En Batán se supone que hay un infectólogo, pero los familiares de los presos lo desmienten, dicen que es un médico clínico con buena o mala voluntad según el día. Se calcula que casi un tercio de la población carcelaria vive con vih, pero ni un tercio del tercio recibe medicación adecuada. Hace unos días la mamá de Walter recibió un llamado desde Batán: su hijo estaba internado en la enfermería. Seguramente otras imágenes acudieron con ese llamado, el cuerpo de su hija, la hermana de Walter, en una bolsa negra entregado en la femenina de Mar del Plata, después de haber escuchado cien veces que la chica no necesitaba tratamiento fuera del penal. Por suerte Walter no está solo. Después de ese primer llamado se sucedieron otros, una cadena telefónica que recorrió fundaciones y amigos y que desembocó en el funcionario correcto y en el traslado de Walter a un hospital fuera del penal. Casi un final feliz, si no fuera porque la historia de Walter es apenas una muestra gratis de lo que sucede todos los días, apenas un susurro que se escuchó a través de los muros que encierra miles de voces silenciadas.

[email protected]