CONTRATAPA

Charles Tilly, sociólogo, historiador (1929-2008)

 Por Javier Auyero * y Daniel Fridman **

El pasado 29 de abril falleció a los 78 años en Nueva York el sociólogo Charles Tilly, pionero de la sociología histórica norteamericana y del estudio de la acción colectiva, la formación de los Estados modernos y las revoluciones. Chuck, como lo conocían sus colegas y estudiantes, llevaba varios años batallando intermitentemente contra el cáncer.

En medio siglo de carrera, la amplitud y extensión de la obra de Tilly es difícil de comparar. Publicó más de 600 artículos y 50 libros, entre ellos The Vendée (1964), From Mobilization to Revolution (1978), As Sociology meets History (1981), The Contentious French (1986), Grandes Estructuras, Procesos Amplios, Comparaciones Enormes (1991), Popular Contention in Great Britain, 1758-1834 (1995), La Desigualdad Persistente (2000) y Social Movements, 1768-2004 (2004). Escribió, publicó, dio clases y conferencias y aconsejó a alumnos y colegas hasta muy poco antes de su muerte. Su último libro, Credit and Blame, fue publicado este mismo año.

El trabajo de Tilly ha influido en varias generaciones de cientistas sociales, en especial en sociología, historia y ciencia política. En los centros de investigación que fundó y dirigió –primero en la Universidad de Michigan y más tarde en la New School for Social Research–, así como en el Contentious Politics Workshop en la Universidad de Columbia, Tilly combinaba su extraordinaria productividad con una enorme solidaridad para ayudar a colegas y estudiantes a producir trabajo relevante y de calidad dentro y fuera de su área de interés.

Chuck vivió la tarea de hacer –y ayudar a que otros hagan– ciencia social con una intensidad y un sentido de la responsabilidad asombrosos hasta sus últimos días. Todos los recuerdos y anécdotas que han estado circulando en foros electrónicos hablan de su inmensa generosidad, curiosidad, humildad y apertura. Invariablemente, se lo describe como un intelectual y académico brillante, un consejero único de incomparable amabilidad e igualitarismo. Cuando sus estudiantes le agradecían la rapidez con la que leía y comentaba sus artículos y la dedicación con la que sugería posibles caminos para sus investigaciones, solía responder: “No me lo agradezcas, simplemente hacé lo mismo con tus estudiantes”.

Nosotros tuvimos la suerte y el privilegio de recibir sus consejos, aun cuando nuestras áreas de investigación no coincidían específicamente con la suya. Seguramente etnografía no suene a Charles Tilly, el del análisis macro-histórico, el de los Estados y las guerras, el de las monumentales bases de datos de eventos de protesta a lo largo de décadas. Hubo sin embargo un Tilly de grandes y pequeñas estructuras, de procesos amplios y micro, de comparaciones enormes y variaciones minúsculas al interior de un caso. Es cierto, Chuck no fue un etnógrafo. Pero siempre estuvo ahí cuando lo necesitamos. Quienes elegimos la etnografía como modo de comprender y explicar las múltiples y complejas formas en que los actores sociales y políticos actúan, sienten y piensan, podíamos contar con él, para que nos dijera no qué pensar, sino cómo recolectar evidencia y construir nuestros argumentos. Nos ayudaba a agudizar nuestra propia perspectiva analítica. El principio que siempre invocaba era tan simple que a veces se hace fácil de olvidar: “Además de este caso particular, ¿de qué se trata tu estudio?”.

Chuck insistía en recordarnos que pusiéramos las preocupaciones teóricas al principio y al final de la experiencia etnográfica: “¿Qué pueden aprender de esta investigación aquellos a los que no les interesa –por dar un ejemplo– la política de los pobres en Argentina?”.

No sorprende que escuchar a Tilly desafiar nuestro trabajo con críticas y preguntas constituía un aprendizaje fascinante. Lo curioso es que observarlo proponiendo enfoques posibles a otras personas –tanto académicos consagrados como jóvenes estudiantes jugando con ideas sin rumbo aparente– era también una forma de aprender. Tilly nunca forzaba a seguir un camino, pero mostraba con provocadora claridad que había varias rutas posibles ya incorporadas en las todavía precarias preguntas de investigación. Ninguna de esas rutas era buena o mala, pero cada una llevaría a un destino distinto. La sugerencia, tan simple, era: “Entonces, tendrás que decidir hacia dónde querés ir”.

Chuck enseñaba a sus estudiantes y colegas que la crítica implacable necesariamente debe venir acompañada de al menos la insinuación de una solución o un camino alternativo. Que las ciencias sociales avanzan gracias al esfuerzo colectivo y solidario. Aun así, nos incentivaba a pensar en grande y nos hacía sentir confianza en el potencial de nuestros proyectos individuales. Uno entraba en su oficina con una pequeña idea y salía sintiendo que revolucionar las ciencias sociales estaba al alcance de la mano. “Con este proyecto, podés tomar la posta de lo que C. Wright Mills dejó sin terminar”, le dijo a uno de nosotros. “Bourdieu dejó una gran pregunta que todavía nadie respondió. Vos tenés la oportunidad”, dijo al otro sobre una tibia propuesta de monografía.

Tilly lideró una generación de académicos que devolvió la historia a la sociología norteamericana, rescatándola de la sistematicidad parsoniana que dominaba en los años ‘50. Desde su tesis doctoral, un estudio comparativo sobre la contrarrevolución en una región de Francia, fue ampliando la geografía, primero a Gran Bretaña y luego al resto del mundo y en el contexto histórico de más de diez siglos. En sus últimos años, agregó a sus preocupaciones otros temas como la construcción de fronteras sociales, las narraciones, las relaciones interpersonales y las redes de confianza. Ha dejado una enorme cantidad de herramientas y recursos que durante muchos años nos servirán para comprender procesos sociales complejos. Quizá su más simple principio, por el que insistía en cada conferencia, clase o artículo, era que ni el individuo ni los sistemas sociales, sino las tran-sacciones o interacciones sociales son el aspecto central del análisis sociológico.

Uno de los últimos libros de Tilly analiza las distintas formas en que las personas dan razones. Como no debería sorprender, el libro se llama sencillamente Why? (¿Por qué?) El título quizá contuviera una implícita reflexión personal. Lo escribió hace unos años, durante uno de los recurrentes tratamientos por su enfermedad. Desde el inicio, Chuck se propuso que la escritura de Why? fuera una compañía durante el tratamiento. Lo comenzó en la primera sesión y lo terminó en la última. Ese libro es quizás uno de sus más importantes legados. Además de su aporte sociológico, testimonia una forma de vivir la profesión. Una pasión por las ciencias sociales que transmitió a quienes lo leyeron y lo conocieron.

* Profesor de Sociología, Universidad del estado de Nueva York.

** Candidato a doctor en Sociología, Universidad de Columbia, Nueva York.

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