CULTURA

La historia de un poeta combatiente

El periodista Pablo Montanaro explica la génesis de “La palabra en acción: Biografía de un poeta y militante”, el primer libro sobre la vida de Paco Urondo.

Por Angel Berlanga

El notable poeta argentino Paco Urondo tiene su primera biografía. Era hora: pasaron ya casi 27 años desde su muerte en combate en Dorrego, Mendoza, el 17 de junio de 1976. Aquella tarde, Urondo acudía a una de esas citas fatales con un compañero que, como consecuencia de la tortura, había dado datos clave a la policía. La conducción de Montoneros le había ordenado ir a esa provincia para reorganizar a los cuadros. El aceptó ir, aunque sospechaba que lo mandaban al muere. La tarde de aquel otoño vio que lo estaban esperando e intentó escapar. Cuando supo que no tenía salida, tragó una pastilla de cianuro y murió en su ley. El periodista y poeta Pablo Montanaro parece cumplir con una asignatura pendiente en la historia argentina al publicar La palabra en acción: Biografía de un poeta y militante. A partir de una investigación que incluyó entrevistas (David Viñas, Horacio Verbitsky, Ernesto Jauretche, Noé Jitrik, Pedro Orgambide, Leónidas Lamborghini, Lilia Ferreyra, los hijos y hermana de Urondo, entre otros), rastreo de material publicado y documentación inédita, Montanaro reconstruyó y ordenó la historia de Urondo, un escritor que ejerció intensamente su vocación y un ejemplo cabal de la pasión, involucramiento e incluso de los excesos con los que se vivía la política en los ‘70.
Aunque tenía apenas 46 años cuando lo mataron, Urondo posee una extensa obra: formó parte del grupo Poesía Buenos Aires en los ‘50 y de Zona de la Poesía Americana en los ‘60 (publicó varios libros de poemas), y fue guionista de cine y TV, novelista y cuentista, dramaturgo, redactor de Panorama y Noticias, y autor de Trelew: la patria fusilada, un libro de testimonios de sobrevivientes de la masacre de 1972. “Nunca se publicaron sus obras completas. Hasta ahora sólo se reeditó una antología de poemas y su novela Los pasos previos”, señala Montanaro, quien hoy (a las 19.30 en librería Hernández, Corrientes 1436) presentará la biografía junto a los escritores Osvaldo Bayer y León Rozitchner, y la actriz Cristina Banegas. También se reproducirá una grabación en la que Urondo recita sus poemas.
–¿Qué tipo de poeta era Urondo?
–Creo que Juan Gelman y él son las voces poéticas de los ‘60. Cada vez que lo escucho, se me eriza la piel: es una voz potente, que marca los versos. Y lo curioso es que su obra hasta ahora no fue rescatada, aunque esté considerada como muy importante por los grandes poetas. En los ‘50 hizo una poesía breve, de vanguardia; después pasó a un tono más coloquial y testimonial en los ‘60, y finalmente, en los ‘70, desemboca en una poesía más política, de denuncia. Creo, sin embargo, que hay un desnivel entre lo poético y lo narrativo, su novela y sus cuentos me parecen menores. Era muy buen periodista: su libro sobre la masacre de Trelew, derivado de las horas de grabación con los tres sobrevivientes en la cárcel de Devoto en 1973, mientras estaba preso, es un ejemplo. Trabajaba muy bien las historias de vida; entre otras cosas, habría que rescatar sus textos sobre Neruda, Discépolo y Juan L. Ortiz.
–El libro vuelca testimonios e información y evita opinar. ¿Por qué decidió limitar sus consideraciones?
–La idea fue tratar de reconstruir su vida y su obra. Analizar a fondo su poesía hubiera implicado ensayos y estudios de distintas épocas. Por otra parte, no soy crítico literario. Espero, por otra parte, que este libro incite a escribir otros, en los que se dé cuenta de otros encuadres. También sucede que Urondo como personaje y la potencia de su historia relegarían a un segundo plano cualquier otro aspecto. Es muy fuerte todo lo que le pasa con la militancia desde 1973, por tomar sólo la última parte del libro: Devoto, La patria fusilada, su nombramiento como director en la carrera de Letras, Ezeiza, su participación en Noticias, el secuestro del cadáver de Aramburu, su rol en el secuestro de los hermanos Born, la vida clandestina y finalmente su designación en Mendoza. De todas formas, a la par de su militancia, él siguió escribiendo hasta el final. Incluso hay un libro póstumo, que vaya a saber en qué manos quedó.
–¿Dónde puede verse hoy la influencia de Urondo?
–Se tiene que difundir su obra. Los poetas jóvenes algo saben de él. Urondo quedó solo en esa esquina de Mendoza, sin protección. Recién ahora en la facultad se están haciendo algunas tesis: esto tiene que ver con el silencio que tapó su obra. Algunos le critican su paso de intelectual o poeta romántico a revolucionario. Yo creo que desde sus primeras vinculaciones con el arte ya planteaba esto de la acción y la palabra. Era un tipo que no arrugaba. Y eso está marcado en su poesía. Podía haberse distanciado cuando las cosas se pusieron pesadas, y eligió quedarse.
–Eso destaca Rodolfo Walsh en la carta que escribió cuando supo que lo habían matado.
–El tenía muy buenos contactos en España y Francia, pero era tozudo y no era de los que huían. Quizá su propia militancia terminó tapando su obra. Tal vez él también provocó ese silencio. Aunque hay ejemplos concretos de cómo se lo acalló: cuando en 1979 se publicó una antología de Poesía Buenos Aires, la editorial borroneó su nombre, para que no apareciera.
–¿Cuáles son las conclusiones más fuertes de su trabajo?
–Me quedaron preguntas, sobre todo. ¿Por qué él da una vuelta de más aquella tarde en Mendoza, si sabía que lo perseguían? ¿Y qué pasó con los ámbitos culturales, con las editoriales? ¿Cómo no lo registraron, cómo no difundieron su obra?

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El autor presenta hoy en público “La palabra en acción”, junto a Osvaldo Bayer, León ozitchner y Cristina Banegas.
 
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