CULTURA

Otras voces

- Liliana Heker (escritora): “Un inventor, un artista, un hombre capaz de ver y de revelar como pocos los pliegues ocultos y encantados de la realidad. Tal vez, para restaurar sin contaminaciones lo que de verdad significa para mí su escritura, deba situarme en el deslumbramiento inicial con el cual –cuando él todavía era un escritor a descubrir– leí Cien años de soledad y varios de sus cuentos, y esa obra conmovedora, para mí, perfecta, que es El coronel no tiene quien le escriba”.

- Washington Cucurto (escritor): “Es una pena que haya muerto García Márquez. Para la mayoría de los escritores de mi edad, incluso un poquito más grandes, él es la idea que todos tenemos de la literatura: el comienzo de todo. Es el escritor que escribió muchos libros, sus novelas en cierta época eran muy leídas, era un tipo muy obsesivo y prolífico. Antes de Cien años... ya había escrito muchas novelas. Mi preferida es la breve, la que todos reconocemos, la que se da en los colegios: El coronel no tiene quien le escriba, una de las más interesantes y, para mí, más perdurable que Cien años... García Márquez fue una de esas máquinas de escribir que comenzaron a publicar en la década del ’60 y que han influenciado prácticamente a todo el mundo. Es el que está arriba, el inalcanzable. Además, hay que destacar su relación con la política. Con Cuba, con México y otros países de América latina”.

- Juan Villoro (escritor): “Sólo un periodista como García Márquez hubiera podido cubrir una noticia como su muerte”.

- Luis Chitarroni (escritor y editor): “La invención de Macondo es la mejor asimilación latinoamericana del Yoknapatawpha (County) de (William) Faulkner (condado ficticio del noroeste de Misisipi, donde transcurren varias de sus novelas), tan buena que la deuda queda saldada por la originalidad inherente del colombiano. Un periodista excepcional, extraordinario, como lo demuestran las compilaciones periodísticas Textos costeños, Entre cachacos... Me gusta en particular la nota que hizo sobre María Moliner y su diccionario, tardíamente. Un escritor excepcional, extraordinario, como lo demuestran El amor en tiempos del cólera y El otoño del patriarca. No omito Cien años..., la doy por sabida y apreciada. La primera etapa, la que le pide volver a publicar a Porrúa, es un aprendizaje y una gran lección. El coronel no tiene quien le escriba, La mala hora, La hojarasca... Para mí escribió uno de los mejores cuentos de todos los tiempos: Isabel viendo llover en Macondo..”

- Josefina Licitra (periodista, cronista y narradora): “Gabo legitimó y promovió la crónica como forma de literatura, y sobre todo supo ser un padre en el sentido más atávico del término: impulsó a nuevas camadas de periodistas y autores y les dio un lugar aún cuando eso significara someterse, al fin de cuentas, a un relevo generacional, a una suerte de muerte simbólica. Pocos –muy pocos– son capaces de eso. El recuerdo que tengo de él es, sobre todo, tierno. Lo vi hace diez años y era un hombre ya grande aunque encendido, que huía infantilmente de los adulones y los genuflexos tanto como la circunstancia se lo permitiera. En Monterrey, donde lo conocí a propósito de la entrega del premio, su entorno era tan abultado que me dio vergüenza hablarle y entonces fue él quien vino a mi lado, con una nobleza que me conmovió y que siempre agradecí, para conversar no tanto sobre la literatura y sus altas cumbres como sobre la letra chica de la vida: el mundo conyugal, el amor, el cansancio. Todo eso que también somos. Me siento afortunada por tener ese recuerdo. Y también por eso –por ese recuerdo– su muerte me pone muy triste”.

- Gonzalo Garcés (escritor): “Siempre me sorprendió que García Márquez fuera popular como escritor romántico. Para mí, Cien años de soledad es de verdad una novela muy solitaria. A primera vista lo que vemos es un mundo colorido, el calorcito folklórico del realismo mágico. Pero a medida que avanza la lectura uno entiende que en ese mundo no hay esperanza. Los personajes viven cada uno encerrado en su propia locura. No existen la conversación, la amistad, la curiosidad compartida, la memoria, el amor. Sólo hay gritos de locos febriles. A mí me provocó mucha angustia. A veces parece como si el narrador de las novelas de García Márquez fuera Benji, el chico autista de El sonido y la furia, de Faulkner, suponiendo que Benji escribiera en el castellano más límpido del siglo XX”.

- Jorge Majfud (escritor): “Cada vez que muere un gran escritor, la gente redescubre la literatura y, paradójicamente, la misteriosa alegría de vivir otras vidas”.

- Federico Bianchini. En Zurich, a los 82 años de edad, acaba de morir uno de los grandes benefactores de la humanidad. Eso escribió García Márquez en 1953. Si cambiáramos la ciudad por México y la edad por 87 años, la frase recobraría vigencia. Gabo hablaba de Jacques Edwin Brandenberg, el inventor del papel celofán: nosotros hablaríamos de él. Digo Gabo como si lo hubiera conocido; de algún modo lo hice. Leer es acercarse a quien escribe y él hizo mucho para que pudiéramos acercarnos. Decía Gabo, entonces, que Brandenberg era una gloria por haber creado una útil y muy “higiénica realidad de mentirijillas, al lado de la realidad verdadera que sirve para muchas cosas menos para que sean más bellos los bombones”. De él podríamos decir lo mismo. La realidad de Gabo servía para que fueran más bellos los bombones, los hombres famélicos arriba de una balsa, los directores de cine proscriptos, los zapateros remendones y los nenes en los parques. Hasta los secuestradores. La realidad de Gabo servía para que fuera más bella la realidad, que no suele ser bella. Sobre la realidad de Gabo podríamos decir muchas cosas, porque éste parece ser uno de esos momentos en el que no hay nada para decir y, sin embargo, hay que decirlo porque de alguna manera sólo eso hacemos todo el tiempo: decir cosas. Qué tristeza, la muerte de Gabo y su realidad.

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