DEPORTES › OPINIóN

Vehículos de violencia

 Por Facundo Sava *

La sexta fecha del Clausura quedó envuelta primero en la tristeza, por la muerte del hincha de San Lorenzo Ramón Aramayo, y después en la polémica: ¿quién tiene la culpa de la violencia en el fútbol?

Se han señalado varios culpables: los policías, los dirigentes, los jugadores, los técnicos, los periodistas, los hinchas, los políticos. Pero nadie ha hablado de sí mismo, de las responsabilidades propias que en mayor o menor medida tenemos todos, como si la violencia no estuviera, también, dentro de uno.

Somos, todos, vehículos de violencia contenida. Que viene desde la historia misma de nuestras familias, con abuelos huyendo de Europa por la guerra, con padres creciendo con el miedo y la represión que generó en la Argentina la dictadura y trabajando de sol a sol, con pocas enseñanzas de trabajo en equipo y solidaridad, con permanente fomento hacia lo individual.

Esta carencia de docentes se da también en el fútbol, con entrenadores que no les prestan atención a los sentimientos del jugador, dirigentes que no pagan el trabajo que uno hace. Cuestiones que van acumulando violencia y que uno, si no la trabaja, termina expresando hacia los demás.

Como dice Daniel Arcucci, en el fútbol nos acostumbramos a que lo anormal sea normal. Que se tiren piedras, que te insulten, que te roben, que se muera gente por hechos como los del domingo. Qué peligroso.

El fútbol, así, quedó en segundo plano durante toda la jornada, aunque claro que resultó saliente lo de Olimpo de Bahía Blanca y su triunfo ante Boca en la mismísima Bombonera. Ya había advertido su calidad como equipo el año pasado, cuando estaba en Quilmes, lo enfrentaba y lo veía: “Va a ascender”, le anticipé a un compañero de plantel. Y sucedió. Presiona bien, los defensores hacen un gran trabajo de achique hacia adelante, los laterales pasan al ataque (ahora menos, porque juega con tres en el fondo y no con cuatro), juega por abajo.

Mantiene en Primera A la idea que mostraba en la Primera B Nacional, y suscribo lo que dijo Eduardo Galeano: “Cuando veo buen fútbol no me importa quién lo juegue. Sólo lo disfruto”. Eso sucede con Olimpo.

El otro dato destacado no es tan auspicioso: la cantidad de tiempo que se pierde entre cambios, ceremonias previas a tiros libres y penales, protestas, quejas, laterales, tiros de esquina y todas esas situaciones.

Para muestra, un botón, tomado con cronómetro: Racing-Estudiantes estuvo parado exactamente 47 minutos y 10 segundos. ¿No será mucho?

* Ex futbolista.

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